domingo

Callejón

Cortésmente me echaron por la puerta trasera del salón de gala, fui a dar al callejón húmedo y repleto de los restos de tantas otras cenas como esa.
Al ponerme de pie conocí a Polo, me extendió el sombrero con una mano y con la otra una botella de fino néctar, conocido como José Cuervo.

Me contó que a él también lo habían excluido de una de esas reuniones para gente bien, puede que sobrio contuviera lo que pensara pero con unas copas encimas se le había ido tal restricción.
Y en cuanto a mí, tuve el mal tino de decir que ese eslogan de la libertad, la igualdad y  la fraternidad sólo servía para formar personas con el manual del alumno bonaerense.

Fue como si de pronto la música cesara, las risas se acallaron y dos gruesas figuras me condujeron hasta afuera.
Así que en medio de ese callejón de la ciudad, brindamos por todas las cosas que se iban perdiendo de a poco, en nombre de esta maldita civilización.
Luego Polo me contó, que seguía escribiendo sus notas en un blog y que venía a éste lugar a hurtar las botellas a través de un agujero en la pared del depósito.

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