martes

Cárdenas se ha ido

El viejo Oscar era muy metódico, antes de que el gallo cantara para los demás ya estaba enfilando hacia el supermercado y sorprendiendo al sujeto encargado de abrir los portales al público que llegaba siempre un rato más tarde. Todos menos él, que teniendo por manto un cielo celeste y blanco se metía pacientemente entre las góndolas a buscar los productos oteando los precios aquí y allá. Para todo era así, organizado como pocos incluso para preparar el lechón contando con varias bocas de entrada en aquel horno de barro que venía con trampa incluida. Llegaba a la casa cerrando la puerta sobre la que colgaban los últimos campeonatos de Racing, coronados por un cartel que invitaba a no joder aunque enseguida hallaba oposición en la forma de su hijo que era el peor fanático posible: de Boquita. Explicaba todo con una paciencia pasmosa y si el interlocutor se ponía incomprensivo ahí levantaba la voz. 

El viejo Oscar nos ha dejado recientemente, justo el mismo día que jugaron la Academia y el Xeneize, yéndose a buscar a sus hijos allá arriba pero mirando de tanto en tanto al Cilindro amado.  



Dolor y paz

El sábado fue de dolor, de luces que molestaban y de una médica haciendo preguntas mientras yacía sobre la camilla.

El domingo me reencontré con el viejo Fritza y su andar cansino charlando al lado de la parrilla sobre la que el fuego emergía.

Le conté que vimos con Alex a Cristo en Mar del Plata un día de invierno muy helado y nuevamente solo lo distinguí entre la multitud que iba Avenida Colón arriba, para detenerse con el semáforo rojo.

—¿Dividió el tránsito? soltó entre carcajadas aquel flaco eterno. 

700 libros distribuidos

  He llegado a las 700 unidades distribuidas en tres continentes. ¡Inmensamente gracias!