jueves

Microrrelato: Agua


Uno debe simplemente adaptarse a ciertas cuestiones igual que la marea besando en ciertos momentos las rocas en la playa para luego contentarse con esperar el momento en el que regresará a manchar la falda pétrea, adaptándose a la forma de la superficie nueva tras los años de desgaste que culmina con un templo a la arena ahí abajo que se une por siempre al océano. Entonces el silencio apenas interrumpido por el oleaje que rugirá en los momentos de gloria para apaciguarse durante las noches templadas del  estío, en tanto que en el invierno desafía poderoso a la helada.


Primavera (Farfalla)


Era una estrella, solitaria y fría, pero sólo en apariencia porque si uno lograba verla de cerca descubriría que estaba rodeada de vida. Todo parecía girar en torno a ella, sin embargo no era más que un plan bien elaborado de funcionamiento de las cosas. Los satélites llevaban las comunicaciones al resto de los planetas que procuraban acercarse a esa fuente de vida, el tráfico aumentaba con el correr de las horas. Las autopistas se colapsaban de vehículos transportando cargas, las aeronaves surcaban los cielos reflejando cientos de colores, las personas seguían viendo hacia abajo. Una extraña costumbre de mirarse el ombligo y los pies, lo que ocurría en las alturas parecía no importarles dado que su mundo estaba justo en la superficie. En cambio el ego si sabía de andar por las alturas sin marearse innecesariamente, otros habían intentado llegar bien arriba para estrellarse ante la empresa imponente en la que invirtieron miles de recursos. Ahora eran simplemente polvo convertido en olvido en alguna parte de los desiertos que presentaba esa tierra, aunque en otros lados el verde seguía resaltando en todo su esplendor. La actriz principal era una margarita blanca rodeada de abejas que llevaban mensajes de una punta a la otra, en tanto las mariposas se calzaban toda la paleta de colores para pintar ese día primaveral. Primavera, la estación en la que la vida vuelve a brillar sobre la faz de la tierra desterrando al frío invierno aunque al principio éste venga con su plan siniestro. Aún hay ciertas heladas por la mañana pero enseguida el sol se ocupa de ellas, el viento ya transmite una brisa suave y cálida, la que se cuela por la ventana en tanto los dedos se desplazan sobre el teclado. La música de afuera no se compara con la que hay adentro, no son más que sonidos grabados para ser repetidos día tras día, la sinfónica exterior es mucho más variable según se dé la ocasión. En medio de este concierto los seres vivos exhiben su repertorio, aunque el humano se dedique a documentar el momento para mostrárselo a los demás desde atrás de un cristal que justo a media mañana se hace pedazos. Ahora el internauta debe resignarse a abrir la ventana dejando que la luz entre, deberá seguir el viaje sin la brújula que le habían obsequiado en su cumpleaños y esperar que todo vaya bien. Tal vez sea el momento de llevar esas notas a otra parte, justo cerca del curso de agua que demuestra la forma en la que la existencia fluye hacia un destino incierto. Mejor disfrutar el viaje que esperar a que te lo cuenten, pateando las pequeñas piedras que han quedado sobre el camino de tosca y silbando una melodía ruidosa. Eso hará juego con la pista que en este momento entonan las abejas ocupadas, zumbando entre las flores, meciéndose las ramas de los árboles reverdecidos y creciendo la vida como en cada estación similar.