lunes

Laburante (para Lau)

El pibe cruza el patio calcinado por el sol de la una y media de la tarde, sabiendo que una vez más debe emprender la misma senda de aquellos que salen a mover el mundo yugándola. Cambiaron las denominaciones así que los antes esclavos son ahora trabajadores, debidamente pagados según el sindicalista gordo y barbudo que escucha el tintineo de sus arcas. Al chico esto no parece importarle, no piensa siquiera en los casi cuarenta grados que caen sobre la ciudad mientras recibe en el cambio de turno la consola de su nave de batalla: el kiosco. Hay gente buena en este planeta y gente que se olvidó los modales al otro lado del puente que separa al educado del bárbaro, aunque ellos crean que los de afuera sean así y deban por ende servirles. Un tonto, de los que no falta, se cuela siendo convertido en carne de los insultos de unos muchachos con los ánimos exaltados. En los ratos libres escapa de la trampa galvanizada refugiándose por un instante en la cercanía de los baños, la sombra y el viento que desde el mar alivia el fragor de la batalla estival. Escucha la melodía del guardián de dicho reducto que está bastante loco, siendo esta la única manera de tratar con la falta de higiene de varios de los que concurren a los sanitarios. Regresa al puesto, esta vez es una señora paquete que exige el combo completo en cuanto a la compra. Únicamente le falta pedirle que le de la bebida en la boca mientras también la abanica, llega un momento de la vida de ciertos individuos en él que resultan inimputables incluso en las formas. Toca volver a casa llegada la tarde y al fresco, saluda a los guardianes que se hacinan en sus uniformes y reciben la indiferencia de los desviados. El pasillo lo recibe saboreando el momento y consiente de que la rubia lo aguarda con su frescura interminable y su espuma. Igual que el mar al atardecer.

viernes

Siesta

La tarde se prestaba para la siesta luego de la llovizna, así que con el pequeño ventilador en los pies se hundieron en un sueño profundo del que despertaron al retomar el aguacero su concierto. Allí se fue la modorra una vez que el pequeño requirió que lo alimenten, para después solicitar un paseo de aquí para allá hasta llegar al espejo y contemplarse ambos. Tras ello, tocó perseguir a su madre que tomaría imágenes de las flores nuevas y una abeja los espantaría de regreso al interior de la casa.


El hombre de Océano

El hombre de Océano cruza las viejas calles en una atmosfera húmeda, los primeros calores del verano han llegado con retraso y la lluvia se presenta sin previo aviso. Conoce éste lugar por haber estado en otra vida antes, como si se tratara de los pasillos de un laberinto del que ha salido sin hallar a su Asterión. Las canas asoman de la barba que alguna vez fue siempre como la noche, anunciando que tiempos diferentes son los que vive y pese a ello sigue sintiendo la misma alegría cada vez que pisa estas costas. La llave de la salida de aquel laberinto yace escrita en su alma habiéndole apresado una parte esta ciudad rodeada por el mar, que también le ha dado un hijo que se eleva hacia el sol en forma imparable.

domingo

Necochea

Yo iba hacia el Camping Americano en una vieja bicicleta que pertenecía a Pocholo, el tío de un amigo de la vida. El verano venía ahí por el 2004 con las hormigas volcándose sobre la costa atlántica y buscando un lugar que ocupar con sus rutinas que saben a bodrio. Tras las actividades en el predio en cuestión veía irse el sol apoyado en un viejo árbol, mientras leía un libro detrás de otro únicamente con el fin de pasar el mes de enero y que llegué el siempre confiable febrero (por lo corto). En las noches tenía una rutina parecida hasta que el sueño venía, comprando un par de frutas antes de salir al día siguiente rumbo al hábito aprendido.


Última noche

El asador espera a que el fuego lo invada para quitarle los restos de las reuniones anteriores, faltando únicamente el encuentro futbolero que por una cuestión de estación ya no rueda en cualquiera campo de los varios que hay aquí. Sí, en cambio, estará la ausencia del hincha más grande del mundo cuyo recuerdo anda entre las chispas que la hoguera le suelta a la noche y las estrellas titilando en el océano de un azul oscuro como los faros que advierten a los navegantes.


sábado

Seis meses

Los primeros seis meses trascurrieron descubriendo una condición de la que carecíamos al comienzo del año, las expectativas se transformaron en un milagro concreto y así hemos dejado el tiempo dedicado a otras cuestiones para invertirlo en la empresa más importante de nuestras vidas. Entre los gritos de las primeras noches y los sustos que los acompañaron yacen las interminables sonrisas de aquel que descubre también el mundo cambiándole el tono de apagado a rojo intenso. El eterno fuego ardiendo en las almas.


Verano 25

Los días del verano se volvieron una extensión del otoño, en forma anticipada y así nos hemos acostumbrado a la eternidad del viento soltándonos su canción entre los pinos. La misma que escuchamos en Océano al regresar tras dos años, buscando entre las olas los restos de una embarcación que sirve de monolito a los que han partido ya. Un rostro nuevo observa por primera vez esas olas y estas playas, continuando en él nuestra historia.
















jueves

El viejo Antonio

Detrás de los postigos de madera, que ya no se abren, el viejo Antonio escucha el noticiero pese a que a esa altura es poca la información que recibe y la repetición de eventos seleccionados por aquellos que no informan resulta más un continuum que un cambio realmente. Terminada la cena se llevará un viejo teléfono que le sirve como linterna ya que nadie lo llama demasiado seguido e irá escaleras arriba seguido por la pequeña Pantuflas que es realmente longeva. Antes de dormirse, intentando vislumbrar los maderos del tejado, comenzará a emitir un sonido gutural desde la parte baja de la garganta y esto espantará al pobre can que se dedicará a ladrar hasta entrada la madrugada. En las penumbras sonreirá el otro morador de la casa hasta que la eternidad lo reclame y sólo quede el can aguardando un regreso que no se producirá. Hasta que los sauces de la entrada anuncien la visita del alma que realiza el llamado habitual para que el ahora joven mastín lo siga, ladrando a la largo del cielo.




Sauces


Los dos hermanos crecieron alejados pese a la cercanía, cuidando la entrada a aquella casa que se llenó de voces nuevas una vez que los hijos vinieron al mundo y los padres se volvieron abuelos. Sirvió de arcada dando la bienvenida a todas aquellas almas que pasaron por allí, algunas dejando huellas en las paredes de ladrillo que atenuaron los sueños de los descendientes de Morfeo rindiéndole el tributo en las horas oníricas. Se elevaron al cielo hasta cruzarse finalmente, anidando entre sus ramas a las generaciones de aves que cada primavera asoman por allí.


Día 7: Inglaterra

Jugar contra los ingleses no es simplemente un partido más, aunque únicamente se trate de un encuentro por una fase decisiva de un mundial q...