jueves

Notas para Océano

 Coordenadas: 13-1313-13-2777

 

10/07/2022: he llegado con la noche un tanto distinto, de espíritu intacto, el portal se abrió sin resistencia. El del 2006 fue un lunes, con el nacimiento de esa alma inocente que marcará el paso de las estaciones, justo un día después del cielo azul sobre Berlín. El hechizo ha modificado el sitio aunque ciertas partes siguen intactas, resplandeciendo ante la llegada de un desconocido que no es tal. Reviven los lugares, el teléfono llama a las habitaciones que se pueblan de gritos confusos a los que acompaña la gota detrás de la cortina. He vuelto a la torre ilimitada igual que el Emperador Relámpago poniendo las figuras en su lugar, semejante a un álbum, lo que trae los recuerdos y estos se esparcen por todas partes.-

 

11/07/2022: la noche se llenó de sonidos familiares, puertas que se cierran raudas y precipitaciones en la ducha. La cerradura emite en su rugido magnético la queja de la llave que se quedó sin trabajo, echada a la dimensión sin entradas en su eterno sueño. Hasta el almidón se sentía familiar pero los ojos traviesos no descansaban, acomodando las piezas del rompecabezas que se borró para en una broma cruel retornar, gruesas paredes se levantan en donde apenas había muros provisorios. El frío invadió el anexo, recibiendo con ecos del pasado al solitario jinete que cuenta los escalones hasta arribar al primer piso. Sólo falta llamar para que un recuerdo le permita entrar, aguarda el teléfono colocado ahí a propósito.-

 

El sujeto detrás de la barra resulta familiar, al dar los primeros indicios viene a la luz su nombre. Carece de este, por ello el apodo salvador lo escuda cerca de las ocho treinta al encontrar a un náufrago de otra dimensión. Se ponen al día trayendo los nombres de aquellos que se perdieron en el horizonte, guerreros que dejaron sus energías en esta torre resplandeciente. Sabe las notas para conjurar el hechizo, interpretando sobre la azucarera de metal sobreviviente del fuego de los eones.  El frío de la mañana lo recibe con el viento que corta, pero el rostro ya ha pasado por ello así que es apenas un paseo. La marca en el reloj no se modificó, podrá oír a sus compañeros bajando los peldaños a calentarse con el brebaje antes de que los lancen.-

 

12/07/2022: golpeó y por supuesto que lo atendieron, siendo asaltado por un montón de globos azules con letras amarillas. La no entonces reina realizaba malabares, la manipulación era una técnica que requería sacrificios y así compartía el vivaque comiendo de esa olla grupal. Javier Omar le contó una historia, que se desarrollaba en un pantano, la búsqueda del grial lo llevaría a tener que cambiarlo por una bandeja para presidiarios con las raciones definidas. Sería el ladrón en la noche, con un caldo a punto que espantaba a la sudestada acompañado por el mendrugo que no servía para adobar. Los constructores dejaban que pasara, por haberle dado forma a aquella atalaya cuyos símbolos son el rayo y el conocimiento.-

 

El hombre tenía el cabello de ceniza corriendo por entre mesas, sillas y saleros. El domingo llegaba uno de los asiduos a ver al equipo de moda, tirando insultos que podían llevar a la expulsión sin emular al juego en la televisión. Siempre solicitaba permiso al personaje que lo atendía en eterna vigilancia del café que nos ha de juntar otra vez. Su nombre vino en la conversación con los que quedan acá, la lista de memorias se amplía pasando por anécdotas infinitas. Toma tu lugar viejo amigo al lado de los que se te unan, el vigía de barba blanca, un coleccionista de pipas y un sujeto extremadamente amable. Cuida el sueño de los que se alejan del caos en la búsqueda de curarse la enfermedad que no abandonan.-

 

13/07/2022: jamás es un adiós, más bien un largo hasta luego que encierra la contradicción en las pasiones. ¿Quién te dijo que no volvieras nunca? ¿Acaso no tenía éste tu semblante? Llegaste para ser reconocido enseguida recibiendo una sonrisa, las voces serán corridas hasta que el murmullo se acalle con la cuenta convertida en cero. Tarde de la siesta, gritos de fútbol a lo lejos y el mar, en todo el recorrido está él aguardando la visita. Caen los proyectiles en señal de respeto a Alfonsina, se desgranan en las rocas pese a que se las sigue enviando a la carnicería. Splash, tu mensaje ha sido archivado para ser leído en el espejo que se forma sobre la colina con el viento trayendo el olor a sal desde el muelle que llama iluminado.-

 

14/07/2022: en torno a la estación los hoteles sirven de consuelo a los desarraigados, la pareja al otro lado se ha extraviado en el éxtasis. Los apuntes se amontonan tratando de hallar el método adecuado, la llave del conocimiento que le será revelado al contemplar el océano. Huye los miércoles, la esperanza le regresa al ver las luces lejanas que se esfuman entre descenso y descenso. El camino se ha embebido del aguacero, gruesos surcos en los que las semillas hídricas se plantan hasta formar un canal. El zigzag del automóvil lo arrulla, apenas nota que el piloto se ha metido de lleno en la laguna invasora, reclamando la patente que una ola le devuelve. Amanece en casa el jueves, la pesadilla quedó lejos.-

 

15/07/2022: los personajes se desvanecen en formas diversas, bajo el concreto de un subsuelo de estacionamiento, al darse vuelta el interlocutor que se ha quedado solo con ese momento que aún sigue candente y el vehículo que se aleja hacia otra costa. El último guardián recorre los pasillos marcando con runas las columnas, el salón se encuentra a una bandeja de distancia ocupando su lugar con los otros habitantes. Los artefactos en el cielo artificial requieren la atención de los dos sujetos, uno acompañado de la lumbre asesina haciendo equilibrio en la escalera en tanto el otro se fuga a conseguir sorber unos verdes. Apenas algún sonido emerge del ala que da a San Luis, su par perpendicular hace sonar los cañones que anuncian la independencia.-

 

16/07/2022: el café sabe igual siendo que en esencia su cuidador se encuentra allí, inclinado sobre la máquina vertiendo los granos a la par del paso de los segundos. Las tazas chocan al sometidas a la caricia del agua, en ocasiones le quedan las marcas que las mandan a ser apartadas de la manada. Las heridas en la superficie inmaculada se parecen a las que curten los rostros, de cada uno de los que componen la estación llamada cocina. Al cielo se accede por una escalera que surge de las profundidades, atravesando la noche hasta dar con el salón iluminado. Los manteles grises fueron reemplazados por unos granates de manera que las gotas de la alegría no se noten al caer de las copas.-

 

17/07/2022: retornó al pago con una obra de Gustavo repleta de rimas y leyendas. Su homónimo rioplatense le parecía el duelo justo habiéndolo acompañado, junto con otros desconocidos, durante la trayectoria de la adolescencia. Le permitía esto recordar los rostros de los que bajo el mismo sol envejecieron, hasta la tinta se tornaba pálida pese a su resistencia a salir del tubo. Grabó unas palabras yendo el ejemplar a dormir bajo el velador, con las fotografías del cuarto final de la década que mezclaban los viajes. Se volvieron todas estaciones de paso salvo la última, terminal cuyo fantasma deambula entre la estructura nueva que le rindo culto al ego de un bufón.-

 

La madrugada tiene sus sonidos, los vigiladores intentan no ceder al sueño que invade al resto de la humanidad, el ascensor envía sus quejidos en la forma de cuerdas tensadas a las que el aceite abandona. La guardia ocupada en arreglar los desperfectos bebe el brebaje preparado para la ocasión, los palos anuncian el naufragio así que toca regresar para que las horas no sigan congeladas. Un enorme dispositivo lo deja cambiar el agua fría convirtiéndola por alquimia en calienta entrañas, se topa con otro sonámbulo que viene con idéntico objetivo. El comienzo del desayuno anuncia que debe marcharse, las tazas chocan emulando a los vasos en la pasada noche. El sol deja llegar uno de sus rayos acariciando el rostro de Renzo rumbo a casa.-

 

19/07/2022: la goleada fue comentada durante el almuerzo, con el cónclave riendo para en el futuro callar con la pena desde los doce pasos. Los pasos retumbaban ante la soledad de cada curva, el mate era el otro compañero además del sonido saliendo de la pantalla. Las últimas medianoches completó el viaje de un atlante intentando salvar a su patria, tantos episodios para que únicamente quede el recuerdo en las próximas aventuras. No se quedó a ver el alargue, sabía que las posibilidades estaban en su contra así que se fue a cursar atravesando el hall lleno de preguntas. Tal vez podría adivinar en el vuelo de un ave extraviada el resultado final, sin embargo no pasó tanto hasta que Alejandro llegó para anunciarle los dos goles del final.-

 

20/07/2022: el partido contra los de naranja terminó en empate, intentando conocer el resultado se topó con el único potentado que tenía en su haber una pantalla. Reunidos en torno a esa señal vieron un viaje ajeno aunque sin notar que ellos estaban atravesando uno semejante. El rito los acompañaba incluso si se encontraban en la distancia, el teléfono sonaría para que se encendiera el monitor sintonizando una señal fantasma. El hombre a cargo del depósito no podía entender el fenómeno, incluso comunicando dicha situación a sus jefes con chance de ser tildado de loco. Así que terminó reunido enfrente a la visión del pasado con las energías de ellos, los que corrían por los pasillos vacíos.-

 

21/07/2022: en algún momento tocaría ir al fondo a descansar, pero en lugar de dirigirse al cubículo giraría a la derecha tomando el pasillo desierto. La habitación 113 estaba ocupada, fuera de esto apenas había algún que otro portazo. Las voces se apagaron paulatinamente hasta que quedó un solitario ermitaño que andaba recordando con el termo bajo el brazo. Ciertos sonidos apagados unidos a la voz del penitente surgen del umbral, la gárgola sostiene la aldaba amenazando con emular a Garm de modo que el visitante pronuncia el conjuro que desactiva el hechizo. Dentro lo espera la cena, la rutina ha sido quebrada.-

 

23/07/2022: regresaba en agosto, los primeros días del mes de Octaviano. La inscripción fue modificada de forma tal que no tenía que perder el tiempo con largas filas descendiendo al subsuelo, evitando también las goteras. En los cielos rojo sangre se extraviaba cuando no en esos antros que ahora se venden como paquetes individuales, acorde al bolsillo de los consumidores. A mediados del mes iniciaba la cursada, el bodrio para contarles lo rígido de un sistema de trajes y chamuyo. La esfera apartada de la realidad, la sociedad ardía pero los sujetos miraban la columna de humo que les tapaba el torreón. El sitio al que serían catapultados luego de comerse las entrañas de sus víctimas, sonriendo con soberbia.-


24/07/2022: encontró otros hermanos y maestros fuera y dentro de la torre. Entraba la tormenta cada vez que dejaba el cobijo, con pequeñas estaciones que se volvieron hogares cuando la guerra culminó. Gritos poniendo en aviso al mundo de la llegada de esas vidas, juguetes improvisados, festejos, despedida y bienvenida. El peregrinaje nunca cesa, las sonrisas te reciben al cruzar el pasillo con la jauría en torno a su Señora aguardando el retorno del que sale a picar el laburo. Con una cena al cerrar el local incluidas las copas aparte de los recuerdos acompañados de la música.-

 

25/07/2022: las visitas han invadido, literalmente, cada espacio sin ocupantes visibles. Desaparece el asfalto, la peatonal, la fuente verde y el nuevo paseo (luego de una detonación). De manera sincronizada tienen horarios de llegada, almuerzo, curación del calor en el lago salado y cena. Las bocinas ocupan el aire, mejor transportarse a algún lugar lejano diría el sujeto de las páginas amarillas rodeado de oyentes que no tienen el vértigo. Con el cambio de los años las conductas se potencian, no preguntan el costo o los servicios del alojamiento sino la existencia de esa conexión virtual que los incomunica. Se pierden el momento tratando de perpetuarlo en una foto velada.-

 

27/07/2022: imaginó balones cruzando la hache, brazos en alto, lamentos y jugadores en casilla. Un resultado abultado, ideal para la crónica del domingo luego del almuerzo suculento. El viaje en el colectivo vacío a través de la costa, los barcos que ruegan por la pesca, esos depredadores en el límite y los domadores de olas. Estaba satisfecho realmente con la jornada, escribiría la nota para que fuera publicada en la semana entrante. Algo de pronto lo obligó a abrir los ojos siendo observado por los dos tipos que habían logrado sacarlo del sueño, llovía copiosamente afuera aparte de ser muy tarde para almorzar, tomar el bondi y cubrir el partido. Así que tendría que pedir datos por teléfono, después de todo no se sacaron ventaja y fue un empate 16 a 16.-

 

30/07/2022: hay algo de magia en la frescura del sábado primaveral, la música emerge tras el desayuno a la vez que el mate inicia su concierto. Las huestes esperan, con tres alcanza para llamarlas así, ahí cerca del centro a eso de las dos de la tarde. No hay mensaje salvo el recordatorio de la semana anterior, atraídos por una fuerza invisible los guerreros llegan al punto del encuentro. Habrá otros en idéntica conducta ataviados apenas con un teclado y un ratón para desatar el caos en la pantalla. No hay una ventana repleta de accesorios con una leyenda que invita a incluir a todos, únicamente la costumbre de juntarse desapareciendo del mundo por un rato.-

 

01/08/2022: un par de lapiceras, marcadores y el cuaderno para tomar las notas que no conducían a nada. El olor de lo nuevo a mediados de marzo al pasar por la librería en una esquina, la repetición de las lecciones usando los márgenes para crear historias que lo seguirían como una nueva sombra. Los escapes cuando el orador aburría a la humanidad desde atrás del disfraz de payaso al servicio del sistema que falla sin acertar una maldita vez. Los corredores silenciosos interrumpidos por su escape a la noche desapareciendo antes de que se percaten, con el estandarte del traidor en el pecho volando sobre la destrucción.-

 

02/08/2022: antes de que llegara a decir hola lo privaron de la encomienda que portaba, iniciando el banquete al que se autoinvitaron. Los chorizos caseros acompañaban a la morcilla vasca, los grisines y los pequeños manjares de chocolate y coco. Las muecas eran las de una banda de deglutidores que tras atracarse comenzaban a separarse dejando a los cuatro jinetes a solas. A Valenciano le guardaron su parte del botín una vez que el gigante puso el grito en el cielo al contemplar la bacanal. A la degustación de la medianoche siguió el brebaje para facilitar el descenso, no sin antes asegurarse que no hubiese una de esas trampas efervescentes que tanto les agradaban a los otros tres. Sino la venganza sería terrible acorde al Ángel Gris.-

 

06/08/2022: en casa aguardaba el can de color fuego con su par anaranjado, de menor tamaño y procedencia. Era el obsequio final de su abuelo ya viajero de las estrellas, sumando canas al pelaje rojo. El astro se apagó dejándole el lugar a uno venido del lado oscuro de la luna, con notas de café que les recordó a los dos inmigrantes aquello que tuvieron que abandonar. Por la mañana escalaba la pila de escombros aguardando al visitante que con toda la experiencia soportaba las embestidas del joven guardián. Más tarde siguió su rastro de Prometeo ayudándolo en la caza de cometas, espectáculo que los ojos de la miel contemplaron.-

 

14/08/2022: sentado en el fondo del colectivo se apretuja la campera gastada, costumbre repetida en cada frenada por parte de Manolo. Cambia la nave aunque se mantiene el hábito, miles de líneas en el asfalto pasan al moverse entre su casa y la tierra que lo arropa. La estación renace con sus puestos, boleterías y murciélagos coexistiendo con las palomas, vengativos los primeros en comparación con aquellas que profesan la paz. Descendiendo los escalones para dejar a un lado el edificio que ahora está vedado, el ego se metió hasta los huesos trayendo un coro de lacayos que lo mantiene en las alturas. Ya de ahí no salen los transportes para vagabundos, es necesario demostrar la pertenencia al círculo de esplendores.-

 

21/08/2022: estando enfermos alguien cuidaba nuestro sueño, colocando paños fríos para ver si el infierno se escapaba del cuerpo atormentado. La soledad sin embargo hizo añorar aquel momento perdido, las voces se fueron aquietando en el reino del silencio y los años gastados. Encontraría a un cazador en los episodios de fiebre, con el feriado torturándolo hasta que el domingo lo liberó y pudo marchar con los demás. La lluvia había hecho su trabajo quedando como metáfora, con la tierra soltando su fragancia renovada y los vehículos levantando luciérnagas hídricas. La mañana lo esperaba viendo por la puerta de metal a los proyectiles pegar sobre el patio que sirvió de tendedero y campo para perseguir el balón.-

 

22/08/2022: las dos temporadas fueron para matar los malos tragos, apoyado en un árbol que sigue allí así como las historia fantásticas que devoraba una tras otra. Tornó a casa con la idea de crear algo que perdurara, las pinturas rupestres devenidas en letras que invadieron el ciberespacio. Dejaron sus marcas en los espacios del papel, entre mensajes que no decían nada y boletas de los eternos en el poder. Fueron himnos, odas, prosa tornada poesía, sensaciones materializadas en un viejo ordenador que presenció el nacimiento. Arrastró con su equipaje los escritos, sin importar que el mundo se volviera diferente exigiéndole otro rol.-

 

23/08/2022: los chocolates pasaron la factura el lunes por la mañana, teniendo que aguantarse hasta el final de la semana para ir en pos de una aventura. Canjeó algunas obras maestras por su amor nuevo, un pequeño grupo libraba una batalla desigual contra aquel que sólo tiene la facultad de destruir. Sus creaciones son fugaces, intentan tomar la esencia del fuego que yace fuera de su alcance. Con promesas vacías ha conseguido incautos que nutren sus huestes, sin darle importancia a las cosas pequeñas. De ahí su perdición, convertido en polvo al empezar la primavera que seca las lágrimas del desamor contemplando a una nueva partida comenzar. La costumbre se ha instalado para ser una pieza de la historia sin fin.-

 

24/08/2022: encontraría a su interlocutor sentado en una vereda, deteniéndose a hablar sobre un tema en especial que ya los reunió en el pasado. Otrora bajo una luna en la que la sombra del pequeño can perseguía la estela de un cometa. Y cuándo no al dar la vuelta en una esquina, el asunto dejaría de ser una coincidencia años más adelante. Los ravioles se quitarían una parte de la harina que naufragaría, la marea blanca se vertería en platos fríos en tanto los dos personajes veían un mural sin terminar con la escena de una batalla. Formarían parte de él, sus estrategias los juntarían a debatir en la calle ignorando a los demás que creían eran unos locos por no seguir la marcha a ninguna parte.-

 

25/08/2022: la isla desapareció rápido dada la experiencia que se reunía de un lado de la mesa, enfrente en cambio empieza a colapsar la montaña repleta de obleas equivalentes a remos sin uso. Tras el almuerzo vendrían las contiendas abandonando a su colega que se marchó con el presente, lo había hallado en una tienda de cuyos rincones surgían rayos y centellas. Aun así se introdujo en aquella mazmorra para retornar al mundo mortal por otra entrada, la vieja sala de recreación reunía a varios viciosos justo en dicho punto. El día último del mes de la primavera amaneció con ella en su esplendor, saliendo temprano para el cónclave en el centro de la ciudad a la que se negaba a abandonar aunque debería.-

 

27/08/2022: le pareció que su compañero de cuarto había entrado, pero la madrugada lo confunde a uno creyendo que el tiempo no pasa. Lo convencería que algo no iba bien a juzgar por la luz del pasillo encendida, aunque demoró en llamarlo. Nada, silencio como respuesta, se giró para seguir con el sueño que le tironeaba los ojos creyendo haberlo oído pero sin decidirse a lidiar con el hecho. —¿Qué? Ahora sí se levantó hallando los despojos que la noche le traía, tornando a un ser de carne y hueso que dormía la mona del veintiuno de septiembre apenas interrumpido el rito por los tres desgraciados que lo sacaron para almorzar. Las ojeras se desvanecerían, a excepción del futuro en él que debe velar por dos almas pequeñas.-

 

03/09/2022: la llegada de la estación perfecta se anuncia con los brotes en cada cuadra, además de las alergias del caso. Brilla el océano dado que no quiere ser menos que la fuente, al sol le toca hacer relucir a la ciudad una vez que la lluvia matutina se ha retirado. Los ojos jóvenes registran cada detalle pese a los intentos de sabotaje que vienen desde arriba, entornando los faroles al asentar la crónica. La librería aguarda que las naves sean desprendidas, su carga contiene el tiempo de millones de eternautas describiendo a la civilización y épocas que llegan a nosotros en el festival de las letras, una afortunada se va bajo el brazo con las llamas de fondo en los anaqueles.-

 

05/09/2022: Orión descansa viendo desde atrás de la vidriera al mundo que apurado va, se encuentra en expansión así que su vigía cambia el monitor sobre el que yace. Dos sujetos buscan un software cuando no un ratón, pero no ve la necesidad de perseguir a su cena pese a tenerlo al alcance de sus garras. Al irse las luces observa al cielo que se despeja en un retazo, para los demás sigue siendo una cortina gris eclipsadas las estrellas por las luces artificiales. Dichoso él que puede contactarse con el espacio al que regresa al dormir la ciudad, tornado en constelación para darle un abrazo al cosmos en donde cumple su sueño de ser gigante.-

 

06/09/2022: deambuló por una ciudad vacía repleta de personas a las que desconocía, entre construcciones que cambiaban de forma en una suerte de laberinto que mutaba para confundirlo. Las luces artificiales seguían fallando en alumbrar los rincones apartados del mundo, estaba en el medio de la mañana creada por los faroles pero los rostros conocidos se evaporaron dejándolo solo. El náufrago encontró de pronto a otros en esa isla que era su mente aislada de la humanidad, ambos se movían en una escena de color haciendo a un lado la oscuridad. Los lazos se fortalecieron en medio del vendaval, viniendo hasta estos días con un montón de imágenes destilando felicidad.-

 

10/09/2022: el cumpleaños de la última primavera en secundaria arrancó con una curda, extraviados como turca en la neblina nos fuimos a perseguir un faro desconociendo a la reina de dicho pago justo ahí donde el mar hace una curva sobre la playa. La nave amarilla nos dejó de a pie, dos héroes regresaron en busca del muleto llamado Potopló. Busqué a mi compañero de copas encontrando el oleaje, tras un quejido proveniente del continente lo hallé rindiéndole tributo al Barba desparramado sobre la arena. El día sirvió para seguir con el festejo, dado el feriado, recostados sobre escombros del fondo de casa para tomar la fotografía final.-   

 

22/09/2022: los pedazos de novela se encontraban en diferentes locaciones, un puñado de copias que suplían a la obra original dando a conocer el mensaje para protesta de los editores que no recibirían su parte. El autor sería inmortalizado en cada una de las páginas, bajo la forma de un jugador que entonaría en la derrota el himno de su escuadra buscando la luz entre la oscuridad de la marea que los atacaba. Valenciano se había retirado pero en el ordenador, él único que revestía tal condición, estaba la historia escrita que encontraría un lector prontamente. La ventana entreabierta dejaba pasar al músico eterno, que se dedicaba a leer pasando las hojas rápido hasta que alguno le echaba peso al texto para que no se moviera.-

 

El gallego, con perdón del argentinismo, había sido jugador en su juventud no pudiendo abandonar nunca el campo verde de la gloria, la alegría y las tristezas (insultos incluidos). Sus comienzos como técnico fueron modestos, precisamente en el FC Modestia Aparte, siendo el portero del club (no el que atajaba), barrendero, despachante de tragos, panchos y cafés, personal de seguridad, preparador físico, psicólogo y enólogo (aunque no se quedaba en probar nada más). Boina blanca en honor a la escuadra de sus amores, confundido ello con la afiliación a cierta agrupación ante el desconocimiento, alpargatas, pañuelo rojo sangre, bombachas y saquito de lana en tono celeste o azul. Fue el artífice del ascenso, caída, resurrección, primeros auxilios, RCP, fundición, refundición y cambio de nombre de la entidad. Al final tantas funciones le pasaron factura, sacramento, bizcochos y escones, teniendo que aceptar la inminencia del retiro para él que era una eminencia. Estaba recogiendo sus pertenencias cuando le llegó una misiva, entregada al portero que se la pasó al barrendero, tras ello al preparador físico y al enólogo que la leyó al revés mientras escribía la nota de un buen malbec: “Taninos que tañen como las campanas de los querubines, pero sin el sonar del badajo que se ha ido al carajo. En boca sabe a fruta, a cosmos insondable, estrellas en el cielo y aquí también por haberle dado a la pata de la silla con el pie descalzo. ¿Qué es esto, una carta? ¿Desde cuándo me dicen qué debo poner en mis informes? Vade retro engendro maléfico, al cesto contigo con los corchos que este océano ha de bajar al garguero y de ahí al corazón”. Dicho lo cual tiró la esquela al canasto, que era un esqueleto en sí, siendo salvada la misma al ser encontrada por el portero que esta vez la leyó para que el DT se entere de la oportunidad de su vida. El Lobo peleaba el descenso sin haber cosechado puntos en las primeras fechas, la necesidad era evidente ante el correr de las semanas queriendo llegar a las fiestas sin las cargadas de la ocasión. Encima San Nicolás tenía los colores de la contra, codeándose con los poderosos siderales ante las puteadas de los Triperos.-

 

No tuvo dudas, tal vez un poco al principio pero los demás no lo saben salvo por usted lector que no se lo va a contar a nadie, y así fue como terminó aceptando en contra de su voluntad aquel obsequio maravilloso. Lo recibieron con bombos y platillos, tras el 0 a 3 se los arrojaron acordándose del árbol genealógico del entrenador que se quedaría cavilando con las luces apagadas sobre los nombres de sus abuelas, tías, hermanas, hermanastras y madrinas, no encontrando a ninguna que se llamara Recontra. Se percató del silencio, ¿a dónde habían ido todos?, ¿por qué irse sin decirle a dónde? Tanteando las penumbras se pegó flor de hostia siendo hallado por sus dirigidos a la mañana siguiente con lo que se creó la leyenda sobre su fidelidad y la hinchada lo amó aún más, olvidando esto enseguida al recibir un gol en contra. El técnico puso toda la carne al asador, aprovechando la volada para subir el precio de la bondiolita y el choripán, pagados sin chistar por los concurrentes que después de tanto trabajo se habían cansado. Ser hincha no es fácil, se pone empeño en estar ahí a cada momento (aunque acá eran derrotas nada más) sin que absolutamente nada incida en dicha profesión que ha reemplazado incluso a religiones ante la devoción por los ídolos que son todos enviados de un ser superior. Paseando sus rostros en la procesión semanal, que no sabe de horarios y ocupaciones.-

 

Dos derrotas más, los comentarios desde la tribuna no mejoraban, así que el entrenador se dio cuenta de que requería una estrategia nueva no pudiendo tirar a la basura a todo el equipo que la verdad se empeñaba en seguir último. Estaban cómodos, eso sí, hasta en la tabla de los promedios que él se negaba a mirar dado que tenía en claro el panorama aunque fuera corto de vista. Cambió al arquero, el otro se la pasaba enviando mensajes así que no era difícil anotarle. Puso cuatro defensores, ya le parecía raro que sus dirigidos se negaran a jugar quedándose en el banco sin entrar a la gresca. Completado el mediocampo y la delantera lograron marcar un gol, sorprendiendo a propios (¿qué, podemos hacer eso nosotros también?) y a extraños (¿nos hicieron un gol, cómo carajo pasó?) y a propios de nuevo (el hincha no sabía de qué manera reaccionar, el técnico menos, los dirigentes se enteraron en el resumen de la noche). El segundo tanto no fue nada del otro mundo, alguno en la tribuna se acordó de los bombos y en masa fueron a buscarlos siendo recibidos por la policía que creyó se trataba del final del juego no dejando que volvieran. El hincha más viejo del club dormitaba en uno de los escalones, entornando los ojos, creyendo que la pesadilla continuaba al no poder apreciar con claridad el tablero que reflejaba cual faro esperanzador el 3 a 0 final. Primera victoria, ¿qué es eso?-

 

Amaneció sombrío el día del clásico, silencio en las diagonales, paralelas y perpendiculares, hasta que el rugido destruyó el silencio (redundante pero efectivo). No alcanzaron a juntar sus pertenencias dado que la turba iracunda los perseguía por el bosque, unidos por única vez Pinchas y Triperos ante un objetivo común: la colección de troncos que rodaba buscando la salvación en el río. No pudieron volver a entrenar con calma, debían sortear conos, hinchas y encendedores al quedarse el perseguidor sin aliento. Jugaron de local a puertas cerradas, con ellos descansando en el estacionamiento y las tribunas repletas de espectadores que compartían el almuerzo en tanto los oponentes de la fecha marcaban el centésimo tanto recibiendo una placa que conmemoraba el récord alcanzado. Dado que el plan no resultó lo cambió, presentando un equipo alternativo que confundió a los rivales. El árbitro le informó que las tres líneas de cinco eran un disparate, logrando que el contrincante juegue con siete y ante la primera roja del partido se ganó por default. La liga intervino, en la siguiente fecha eran 11 contra 11 y nada de seguir haciendo innovaciones. Un gol a la salida de un tiro de esquina les dio la ventaja, el juez les explicó qué era, lateralizando de ahí en más hasta que se cumplió el tiempo de juego. Tres cambios, sin que saliera nadie, permitieron asegurar la victoria ante las protestas visitantes.-

 

Seguía sombrío, pese al sol en otras partes, los fanáticos los perseguían para así hacer más ameno el entrenamiento en un baldío. Las lesiones se hacían sentir, las reservas se agotaban, las rojas abundaban siendo reducidos a un grupo que no sumaba once. En la lista de concentrados apareció una novedad, un juvenil llamado Tino Madera que fue asociado al director técnico como familiar dado el nombre idéntico. Los comentarios fueron despiadados, no contento con la marcha del conjunto ahora metía a un allegado a disputar el match de la supervivencia. ¿Qué será luego, la propiedad del club, su presidencia? Pero nada de ello, al saltar al campo de juego evitando a los simpatizantes, dirigentes iracundos, cámaras, celulares, planchas y otros artículos de hogar, la verdad salió a la luz (a la sombra ya que el sol se rajó un mes atrás). El entrenador vestía la diez, no era un joven sino el viejo guerrero entre los once. Ahora el abucheo era en otro sentido, ¿qué hace el abuelo, debería estar retirado, cómo es posible que juegue, para eso entro yo? Nada de esto lo afectaba, no tenían suplentes, tampoco titulares a excepción de los encabezados deportivos. Pitó el colegiado, tomó el esférico el improvisado armador evadiendo a dos oponentes. Lo derribaron, salió rengueando pero regresó bastón en mano, un par de correctivos por aquí, otros tantos por allá. La boina inseparable cual batarang en la cara del portero y gol del menos pensado, el árbitro convalidó la jugada recibiendo las recriminaciones de los visitantes. Sacaron del medio comenzando con el toqueteo infernal, Tino veía el balón pasar, sus compañeros ni lo registraban, el arquero se hacía visera con la mano y en eso el llamado visceral lo obligó a salir. El viejo improvisó, total también podía atajar a esta altura teniendo al público al borde de un ataque masivo de corazón. El arco era inmenso, la boina blanca refulgía llamando al astro que seguía sin ganas de asomarse para ver el mundo. Pero algo venía a responder el pedido de auxilio, los dirigidos por el ahora cancerbero revoleaban la pelota bien lejos aunque esta se empeñaba en volver. De la nada comenzaron a llover proyectiles, los asistentes sacaron el equipo compuesto de paraguas, piraguas y enaguas. El campo lucía recubierto de guijarros, distracción mediante el técnico ahora vuelto mediocampista le pegó un biandazo al balón decretando el 2 a 0. El portero rival protestó, sus compañeros refugiados debajo del banco de los visitantes corearon los insultos y el juez empezó a echar contrarios. Cesó la lluvia de piedras pero comenzó la de cenizas, los uniformes se tornaron de un único tono, las líneas blancas y el terreno de juego en un paisaje unicolor. Luego el silencio, parecía que una nave espacial bajaba al centro del espectáculo para premiar a los ganadores. El sol asomó un rayo iluminando a la mole de granito, el inmenso piedrazo del universo que hizo añicos el lugar no dejando rastros de aquella contienda. Pasados los eones el Río de la Plata ocupó el hueco, pero en una pila de escombros flamea aún la bandera blanca y azul de un legendario jugador que tras zafar de la hecatombe se retiró. Ya no hubo más batallas ni equipos enfrentados, rugen las olas en la escollera de lo que fue anunciando, que dicho golpe no será el último para que los humanos no se confíen.-

 

Epílogo

Javier Omar ha inspirado mis historias como una especie de gran cuentista, con ideas que surgieron en una época alocada a través de la niebla que le sirve de manto a la ciudad. Sus calles, plazas, playas, edificios demolidos y nuevos, fuentes, nos han generado ideas incentivando la escritura. Esta es un barco en la esquina de Luro y 9 de Julio que decidió hacerse a la mar, bajando la costanera que contenía una réplica de un caballo rojo rampante para juntos saludar al muelle en el que un viejo guardavidas otea el horizonte buscando al único en la historia de la humanidad que violó la regla de no saltar desde allí. Puede que en este momento lo tenga a mi lado, será mejor que vea.-


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Memorias de un vagabundo

Una resma de hojas comprada con los últimos billetes que le quedaban en el bolsillo, luego se haría a la mar en medio de esa jungla de edificios que no tenían nada parecido al océano excepto la sangre que se derramaba todos los días intentando parecer una sociedad civilizada. Pero estaba lejos de eso tanto como las lágrimas del creador cayendo sobre los rascacielos, para encontrar el concreto debajo y luego simplemente desaparecer. Aunque a veces se filtraban por una hendidura haciendo crecer un pequeño árbol que se elevaría al cielo, la leyenda urbana dice que un día ese monstruo verde eclipsará al edificio más alto marcando el final de los tiempos del ser humano. Pero por ahora esto parece lejano, la ciudad alberga los desechos de la humanidad en una inmensa pila de restos que ocupan cada hendija que se encuentra sin morador. Se produce para luego tirar volviendo a adquirir un nuevo boleto al paraíso, un pedazo de material que no logrará pasar la Estigia en el descenso hacia el otro lado. Pero de qué lado me hablan, si acá llegó el organismo salido de ese lago de agua salada para alzarse sobre los demás seres vivos en una especie de autoproclamación en divinidad, empezando por las pinturas en las cavernas hasta alcanzar su máxima expresión con la fotito de cada momento en el que se respira. Luego el silencio, los anónimos son cada vez menos, el resto parece excesivamente concentrado en un juego de espías e indignaciones. No hay nada peor que saber que al otro, contacto, le está yendo bien cuando la basura empieza a apoderarse de nuestra realidad. Así que el tipo que laburaba en la papelera no prestó atención a ese vagabundo que dilapidaba sus últimos ahorros en un montón de hojas vacías, a quién carajo le podían importar esas cosas en este momento de digitalización. Ni siquiera se percató de lo gastado de los billetes, el buen día se quedó sin llegar a buen puerto, luego el sonido del timbre en la puerta cuando el náufrago se alejó y ese fue todo el contacto humano que recibió. Lo demás serían mensajes virtuales sin señales de humo, aunque el incendio estaba ahí latente esperando que los homo sapiens le arrojaran un poco más de leña a los fines de poder comenzar a arder. Sería tarde cuando las sirenas comenzaran a sonar, la última esperanza de evitar el arrecife yacía huyendo calle abajo con un montón de papel inmaculado y una sonrisa semejante a una mueca. Él más que nadie comprendía el rumbo que sus hermanos habían tomado, así que simplemente se dedicaba a intentar dejar grabado en alguna parte un mensaje de despedida que en realidad era la marca de su existencia, escribo porque existo. Respiro en la profundidad de esos campos blancos, siempre nevados hasta que la tinta viene a derretirlos volviéndolos un bosque literario que se esparce rápidamente. Finalmente, en el acto de cierre ese verde prado se queda atrás en tanto encaramos la siguiente obra buscando ocupar las rajaduras que se extienden por todas partes de esta estructura decadente que recibe el nombre de sociedad. Parece ser que he llegado tarde nuevamente para quedarme afuera de la obra que ha de desarrollarse sin mí como protagonista, previa paga de los tributos necesarios a los fines de acceder a este universo monetario que nos deja un par de gotas de agua para sobrevivir. Lo necesario sumado a una resma que pierde su virginidad de a pedazos, lo que tardo en mancillar el blanco puro con estos brazos de metal forjados en un lugar remoto. -

Tuvo en un tiempo alguien que lo cuidaba, las imágenes eran ahora fugaces dado que los años se dedicaban a amontonar los recuerdos en una especie de biblioteca que carece de cuidador y un buen día la sala llena de luz se cubrió de tinieblas que danzaron sobre esos manuscritos que contenían viejas escenas. Una foto de la escuela, un paseo por la montaña, la espuma agitada por el viento en una orilla lejana, vida cubierta de grises y blancos, el negro mejor dejarlo para otro momento. Julio había sido docente en otra época que recordaba vagamente, es como si al momento de darle la baja atravesó un límite imaginario perdiendo la noción de cuántos días, meses, años, estuvo convertido en una especie de zombie que poco a poco se fue quedando solo. La humanidad abandonaba a sus viejos detrás de costumbres bien estudiadas, pobrecito el abuelo que ahora necesita cuidados especiales y seguro no un poco de la memoria de aquellos a los que crió. Pero eso ya era una estación de paso, él se había largado antes del amanecer llevando el viejo maletín junto a otra sobreviviente que aún tenía todos los dientes en su lugar. Ahí ya veía una ventaja de parte de la señora de verde, aparte de que sus brazos eran incansables en tanto alguien estuviera dispuesta a trabajar a la par de ella sin importar el lugar en el que se encontrara. Pidió un café en un bar llamado “El Averno” ahí cerca de un campo de fútbol, el cual resultó más agua que otra cosa pero peor era el líquido que lo recibía todas las mañanas durante más de un cuarto de siglo en la otrora estación escolar. Las teclas empezaron a emitir un sonido de lamento en la medida que la primera historia salió al escenario, luego simplemente se calentaron y los viejos reumas de metal se fueron alejando. La concurrencia de aquel lugar se componía de beodos, solitarios y náufragos de la urbe, así que pasó bastante desapercibido el tiempo que estuvo ahí creando la primera de esas viñetas en tanto el sol se iba dejando el cuarto sumido en una luz trémula. Tal vez por esas épocas lo único que tenía un tembleque era el último rayo del sol despidiéndose, aunque pronto las mañas se le fueron pegando y le costó más darle a la tecla. El paso de los vagones por las supuestamente interminables estaciones de la existencia, hasta que se produce el descarrilamiento y simplemente se es uno más en ese camino de olvido en tanto los rostros se desdibujan. Aunque las manos recordaban la manera en la que esa locomotora debía ser conducida, inmediatamente el teclado despedía una sinfonía que iniciaba allá a lo lejos en el pueblo del nacimiento. Entre los cardos y las aves despegando al atardecer, algún corte en el suministro eléctrico cualquier día que se les antojara  mientras el cardo hacía escapar a su simiente en una nave que se trasladaría al campo vecino. Justo ahí del límite entre Océano y Las Avutardas, habría de crecer en todo su esplendor con los colores de un atardecer ventoso pero también con la las espinas que simbolizan los rayos de la tormenta. Vuelta a los comienzos, a la época de quedarse jugando en la calle hasta entrada la noche sin más contacto que el de otro ser humano, carne y huesos, lágrimas, alguna eventual raspadura en las rodillas, tarde de potrero pero también de rayuelas. Alguno se ha olvidado la piedra en el quinto casillero, tal vez encontró una manera más fácil de llegar al cielo y escapó con el secreto bajo el brazo, igual que la pelota desinflada que marcó el final del partido.-

Allá a lo lejos, en medio del campo de Las Avutardas hay una antigua casa abandonada y sujeta a la mano inclemente de los elementos. Se puede observar su fachada desde el actual camino asfaltado que atraviesa lo que antes eran campos de pastoreo, varios kilómetros después yace la herrería dejada a su suerte. Los hierros que formaron la estructura de los galpones cerealeros surgieron del corazón de la fragua, ocurrió lo mismo con las vías del tren que ya no viene más y con la estación convertida ahora en centro de información turística. Pero regresando a la casa de la cual sólo quedan tres paredes, había una bomba de agua en el fondo por medio de la cual accedíamos al  tesoro oculto en las entrañas de la tierra, es cierto que no se trataba únicamente de agua sino que en varias ocasiones cuando se asentaban las partículas de arena podíamos observar pequeños restos de caracoles de la época en la que esos enormes lagartos poblaban éste mundo. Incluso imaginábamos que en las cáscaras que yacían en el fondo del balde de metal se podían distinguir las formas de algunos de esos dinosaurios, como si la naturaleza en un intento desesperado hubiera transmitido ese mensaje para luego llamarse a silencio. Eso hasta que la nube de polvo se asentó, entonces le extendió la mano al sol y este se la besó luego de la larga noche de la reconstrucción, al fin un brote, luego otro, el verde se esparció por el mundo encontrando un límite en el océano. Pero por debajo también hay vida, en las profundidades del agua las corrientes emulan al viento haciendo que la vegetación se balancee y de esa manera no extrañe la época en la que se encontraba bajo el ardiente cielo. De un golpe volvemos al momento de la victoria, el agua fría nos reconforta igual que el pecho materno y sentimos una sensación de liberación. La tierra nos deja beber de sus entrañas, nadie excepto una madre hace eso por cualquiera de los que estamos aquí y es por ello que necesariamente siempre hay un vínculo con todas esas sensaciones. La memoria puede empezar a fallar, pero el afecto recibido perdura como un rescoldo ardiendo en medio de un aguacero, a esto no le puedo sacar una foto así que lo único que queda será describirlo de la mejor manera posible. Las rocas que el mar arroja cada tanto en uno de sus ataques de ira son viejos carbones que finalmente se apagaron, dejando una huella que se deshace de a poco pero también marca una lección: alguna vez fuimos las brasas, el fuego y el calor en medio de la agitación. Luego pasamos a la etapa de la serenidad, las partidas en todas direcciones como chispas que surgen de una fogata cuando aceleramos el proceso de ignición con un secador de pelo abandonado por alguno al que el cabello le dijo adiós, igual a las semillas de esa planta perdida en el corazón verde. La casa quedó en silencio, los dos viejos dormían desde varios años atrás en un lugar cercano un par de curvas más adelante. Pero la entrada al santuario acuático sigue intacta, pude usarla una vez más cuando aún tenía gente que se preocupaba por uno y encender un cigarrillo en tanto mis nietos disfrutaban de ese brebaje, luego vino la inquisición bajo la forma de una nuera iniciando el viaje de regreso. Ahí me di cuenta que era necesario huir de ese mundo de limitaciones, usando la imaginación a cuenta de la cordura dado que aquí son todos normales, buenos ciudadanos y que se demuestre lo contrario.-

Llevaba pocas cosas consigo, una pipa que heredó de su tío, el tabaco comprado antaño aunque siempre sabía a nuevo, la máquina y un despertador al que generalmente le encontraba las baterías arrojadas en los tachos de basura. Una pila de libros le servía de almohada, aparte de cubrirse con ellos en las noches de invierno rogando que el fuego encendido con la basura que se arrojaba de la civilización no se apagara. Un café pagado con las monedas juntadas en uno y otro lugar, la lluvia podía pasar si había un puente o un alero cercano que permitiera ver el espectáculo hídrico. Los ciudadanos que aún podían pagar las rentas del omnipresente mandamás, corrían intentando eludir sin éxito las balas de agua que caían impiadosas. Luego todo quedaba rejuvenecido, excepto la miseria de los de abajo muchas veces barrida por la correntada para que se tornara un poco menos que antes. Ahí dejaba la chimenea portátil, ocupando el tambor vacío al que previamente había inclinado para poder desalojar al agua, una pila de esas obras encontradas le servía de silla e iniciaba la continuación de la obra inconclusa. Marcaba las hojas con la fuerza que le quedaba, las líneas de tinta se llevaban el resto de esa energía aunque no tenía noción de ello, una tecla a la vez se drenaba la fuerza en un intento desmedido de dejar las huellas en alguna parte. Es que se llega a la edad de pasar desapercibido, en otras épocas sería una mera carga así que mejor seguir adelante, los demás estarían ocupados en resolver el rompecabezas y repartir las sobras con una presunción de fallecimiento. Poco le importaba su condición fiscal, firmar certificados de supervivencia era una tarea intrascendente, lo único realmente importante era invertir su capital más preciado en escribir. La existencia se justifica en las letras, en cualquier forma de arte aunque nadie esté viendo el esfuerzo o simplemente se detenga a criticar la labor que implica dedicarse únicamente a crear. El sol brillaba al otro lado del puente, en las horas de mayor calor se sacaba el sobretodo para ponerse a leer obras de artistas olvidados y pulir un poco más el lenguaje. Las horas pasaban, los sueños del mundo exterior se atascaban en rutinas de trabajo, en colas interminables para conseguir un sánguche y en la ira contenida cuando al llegar a la línea de cajas ya se pasó el horario para obtener el suministro de alcohol. Pero a él eso no le importaba en lo absoluto, podía conseguir algo de comida entre los despojos de la rotisería abarrotada de clientela pero también de otras visitas. Ratas y cucarachas proliferaban más allá de la avenida principal, un mundo viviente se escurría por debajo del asfalto usando las alcantarillas como un subte a todas partes, si se conseguían evitar las trampas rústicas o el gas asesino. De la misma manera los seres sin techo sobrevivían, siendo corridos de todos los lugares públicos como si fueran alimañas para terminar en los loqueros disfrazados de asistencia social. Los censos no los reflejaban, estaban en una especie de dimensión paralela en la que todavía se leía y se creaban lenguajes inentendibles para los normales. Oía muchas veces hablar dormido a su vecino inmediato, un tipo de la calle que no recordaba nada excepto el día en el que vivía para luego olvidar en la siguiente mañana. Los gatos también moraban por ahí, tal vez por eso las ratas se mantenían lejos aunque las cucarachas llegaban planeando hasta la cubierta del único libro intacto. Las andanzas de un caballero español devenido en paria, el mismo destino que vivía el escritor que cada tanto trataba de conseguir un precioso botín a costa de varios improperios. Pedazos de pan duro, restos de la pasta en una bandeja de plástico, la verdura que aún estaba verde y algún pedazo de carne con hueso que terminaba en poder de los felinos. En la otra punta estaban los vagabundos de la raza canina, el viejo les daba de beber el agua cortando bidones abandonados en los fondos de los supermercados y usando la fuente ilimitada de una canilla de plaza. De esa forma todos ellos saciaban la sed interminable, a cuesta de los palos de la seguridad representada por las fuerzas del orden que escondía a los golpes las privaciones de muchos. Incluso así seguía escribiendo, las historias que volvían de repente al amanecer y era necesario dejar el sueño para abocarse a ello.-

Recordaba el primer día de clase, los rostros de sus compañeros estaban borrados en esa historia, lo que le quedaba era una sensación de frustración producto del resultado de esa jornada. Un intento de dibujar círculos que culminaba con la hoja perforada, los demás lo veían raro ya en ese tiempo. Es como que los otros justifican su existencia en el espejo en el que se ven, intentando evitar el hundimiento a toda costa para detenerse bajo la luz del sol a contemplar como al que quedó atrás se le cae con todo el peso del sistema. A mediados de ese año sería calificado por debajo de la media, no había un gráfico que demostrara esto pero su padre se hizo a la idea de que no pasaría el primer año. Una mancha inaceptable, incluso podía percibir el gris que se le había puesto el guardapolvos contrastando con el blanco de sus compañeros que miraban hacia adelante con un atisbo de triunfo y soberbia. En esas horas de angustia aparecería una solución, en tanto el padre hablaba con la directora la madre se ponía en contacto con una joven docente que se ocupaba de los niños de ocho y nueve años. Tomó al pequeño bajo su tutela por encargo de los padres, para que la nave con nuevo timonel evitara el arrecife y comenzara la aventura. Las páginas de esas viejas novelas se iban abriendo rápido, las letras recubrían ciertos campos amarillos y la imaginación reinaba en lugar de los fracasos. En los años siguientes fue su maestra de grado, incluso al final de la primaria le sugirió que se dedicara a escribir aunque Julio en ese tiempo no tenía una idea concreta de lo qué las palabras pueden lograr. Al final de cuentas no las valoraba tanto en ese momento, así que debieron pasar décadas antes de que finalmente se decidiera a pulir el método para sí mismo y ya no por encargo de otros. Atravesó por entre las tormentas de los siguientes años, viendo naufragios lingüísticos y a la prepotencia reemplazando lo que en otras épocas eran valores. Ahora a los vivos sólo les quedaba el acto de enterrar a sus muertos, todas las demás responsabilidades se reducían a encerrarlos en depósitos de personas bajo el eufemismo de asilos. Sin embargo el auxilio que requerían tanto él como los demás era a los fines de que sus pares no los olvidaran, aunque nadie oía ese llamado. Al menos nadie excepto los perros, que se mantenían cerca incluso en las épocas de las tormentas cuando otros abandonaban el barco corriendo temerosos aunque no sirviera de nada. No hay manera de protegerse de aquello que viene desde el agua o el cielo, la tierra no era un lugar seguro antes y mucho menos ahora luego del abandono al que se somete a los que la trabajaron.- 

Debajo del puente corría el río de un negro espeso, poca vida quedaba en su interior otrora lleno de la misma, ahora vuelto un montón de agua que se alejaba rumbo al mar a llevarle el veneno que en la ciudad producían. Aún algunos pibes dejaban correr las barcas de papel que terminaban hundiéndose en medio del turbio espejo en el que la humanidad no se miraba, escondidos los pecados de generaciones de arrojar desechos a cualquier parte con la esperanza de que la correntada los haga desaparecer. Pero el monstruo seguía esperando en lo profundo el día en el que vendrá a cobrarse tantas ofensas juntas, metiéndose por cada grieta en la que la estupidez del hombre ha dejado abierta las venas de la tierra y volviéndola una tumba definitiva. Hasta entonces solamente era el agua que corría hasta la siguiente parada, un océano lleno de desperdicios pero que todavía mantenía a sus moradores originales encerrados a la espera de que el hierro se volviera costra. La costra una cáscara que se desprende y las bestias entonces liberadas para poder cumplir con la venganza de la más antigua fuente de vida. Cada barco de papel lleva un mensaje esperanzador con el fin de retrasar ese día final, incluso los más fervientes creyentes evitan enterrar a sus muertos con las uñas largas. Los de la calle, Julio entre ellos, tienen esta costumbre bien arraigada pese a la poca simpatía que las señoras con enorme poder adquisitivo le tienen, ellos se cortan las pezuñas cosa de no darle impulso a todo este asunto oscuro. El resto que haga lo que quiera, de todas formas esto ya es inevitable y en algún momento vendrá el enorme barco cargando todos los errores, horrores y pecados que nos serán arrojados encima. Luego el silencio absoluto, ni siquiera el viento soplará sobre la tierra finalmente en calma, así que mejor aprovechar el instante de contemplación y quedarse con la idea de que las barcas llegarán a destino demorando la conclusión. Ya el sol empieza a largar sus sombras ahí en donde los rayos no llegan, es la hora de los seres del atardecer que preceden a la misteriosa oscuridad. Cuando la gente del mundo exterior piensa que es la hora de irse a dormir, los que viven alejados de la comodidad de esas torres empiezan a danzar en las penumbras. En las calles menos iluminadas se arma el enorme colectivo de almas que buscan algo con que calmar el hambre, las bolsas negras equivalen al oro negro o a un momento de calor cuando su contenido es volcado en los barriles de metal, en los que se genera el fuego purificador. A veces las fuerzas del orden salen a evitar éste tipo de manifestaciones, tributo a Prometeo, invocando el auxilio de los carros hilarantes aunque es tanta la basura que se usa de carbón que a la larga ellos también regresan a lo seguro de sus fortificaciones. Entonces como hormigas retornan los dueños de esos lugares, los únicos que realmente tienen algo que les es propio y conservan en tanto las demás son ovejas de corral. La libertad atada a meros tributos no es más que una fantasía, pero aquí en las calles ella ocupa el único altar existente en las manos de cada una de esas almas.-

En bicicleta, por el camino de tosca rumbo a la secundaria, el alba aún no llegaba así que mejor darse prisa no sea cosa que por llegar tarde terminara con alguna sanción que venía en forma de escarmiento. Las demás personas allí reunidas contemplaban el castigo en espera de poder pasar al salón más acogedor, pero eso era una mera ilusión dado que las siguientes horas se exprimían los cerebros hasta hacerlos reventar. Entre sus pertenencias llevaba un viejo diccionario envuelto en una bolsa de tela, el que al parecer de la profesora de lengua estaba demasiado descuidado y cubierto de polvo. Ella no podía entender que para llegar hasta la institución era necesario atravesar unos quince kilómetros de lunes a viernes, evitando varios peligros entre los que se encontraban los pozos escondidos por las sombras que en más de una ocasión dieron por tierra con el biciclenauta. El traje de presidiario quedaba todo manchado aparte de las rodillas marcadas y esto podía dificultar el resto de las tareas, pero con el paso de los años el pequeño piloto lograría simplemente ser un nombre más en una planilla más fría que las madrugadas de invierno en la que los campos se veían blancos y las sanguinarias avutardas se refugiaban a la espera del sol de las nueve de la mañana. Entonces se dedicaban a reclamar el aire así como el suelo que les pertenecía, expulsando a las demás aves que no integraban su estatus. Ello hasta la llegada de las golondrinas, ahí a las aves locales no les quedaba más remedio que ceder su lugar en el alambre y resignarse esperando que el otoño les devuelva el privilegio perdido. En tanto el año calendario seguía su curso, las pruebas, trabajos y exámenes sorpresa se acumulaban tornando tediosa la existencia de quienes lo sufrían. Sería una utopía concebir a un sistema inspirado en una fábrica que deje de ser una mera línea de ensamblado, con divisiones conforma a la etapa de desarrollo del producto y guardia cárceles que cuidaban recelosos las funciones asignadas. Cada uno de ellos había pasado por la fusta del procedimiento de adoctrinamiento en el que las opiniones diferentes eran signo de estigma, mejor que no pensaran demasiado no sea cosa que se les ocurra quitarles su posición. A soportar las pesadas cargas ahora, mañana y siempre, nada de andar quejándose o enseguida vendría la reprimenda, educando para el conformismo de tener un cacho de tierra pero sabiendo que el señor feudal entrena a otros que habrán de sucederlo bajo la forma de una elección obligatoria. Debidamente arreglado el resultado entre los dos más poderosos, igual a una lista de honor que apestaba a reconocer los éxitos de pocos y el fracaso del resto. Delgada línea entre estar dentro o ser de afuera, ahí no existía distinción alguna entre el origen de una persona, simplemente se trataba de una reducción de promedios. Los demás se encontraban fuera del sitio de privilegios, cruel enfermedad de saberse en el ranking para luego caer en las fauces del infierno y del olvido llamado diciembre.-

En su tiempo docente no olvidaría esto, simplemente tendría la mirada del alumno sobreviviente que no aprendía la lección que pretendieron inculcarle y mucho menos repetiría los hábitos. Sin embargo al panóptico omnipresente le interesaba mantener el orden de las cosas, con lo cual atosigaba a los docentes con planillas, notas semanales, informes, reuniones sorpresa, inspecciones, más planillas, interrupciones reiteradas y todo en pos de lograr que la cabeza del curso estuviera debidamente controlada. Luego vino el cambio de frente, se redujeron los manuales de orientación para los dicentes y se les siguió exigiendo a los docentes de la misma manera de antes. Antes el punto era controlar a la manada que llegaba con una absoluta carencia de conocimiento, ahora se reducía a reconocer que efectivamente venían con cultura debajo del brazo y por lo tanto el profesor no estaba en condiciones de imponerles nada. Pero por las dudas dejaron las viejas grillas de posicionamiento disfrazadas de notas, que no eran más que una forma de control para que nada cambiara. Nada permitía filtrar el caudal de tareas que directa o indirectamente alguien que recorriera un aula tenía que cumplir, mayor cantidad de trabajo a cambio de la misma suma. Por su parte los defensores de este tipo de labores llenaban sus arcas con la perpetuidad al mando del gremio en cuestión, llevando reclamos y discursos trillados en las manifestaciones que únicamente marcaban la intención de no laburar de parte de algunos. El resto que siguiera soportando el peso como las columnas de una enorme casa en cuyo comedor cabían pocos, pero la horda iba detrás apuntalando el poder con un lenguaje bien aprendido y permisos para no asistir a sus lugares de trabajo con el certificado expedido por algún conocido. En tanto el ya no tan joven maestro se ocupaba de resolver la falta de material de sus oyentes, aunque en algunos casos simplemente estaban ahí porque era el único lugar con un techo y un poco de calor. El tiempo tornaría esto en algo crónico, repetido hasta que se gastó tanto como la hoja del anteriormente alumno el primer día de clase, una suerte de enfermedad que estaba hasta los huesos del cuerpo social. A nadie le interesaba que esto cambiara, era mejor dejarlo todo como estaba y convencerlos de que ante todo poseían derechos que debían ejercer cada dos años. Luego podrían regresar a sus vidas, nóminas de esclavos sin cadenas que vagaban hasta donde la soga los dejaba como un perro en un corredero al que la cadena le aprieta sin asfixiarlo. Alguien tiene que cuidar el castillo de posibles intrusos y tributar al mismo tiempo, los únicos exentos de esto son los que lo han perdido todo para sólo conservar la habilitación electoral.-

Conoció en la adolescencia a quien sería una especie de mentora, aunque de manera involuntaria pensaría ya más grande, meramente era una profesora de informática con una enorme fascinación por un equipo del fútbol apodado como Los Gauchos. Aunque sus detractores que lucían otros colores alternaban la primera y segunda vocal para desprestigiar las gloriosas hazañas de esa escuadra, en una conducta que se repetía con otros componentes en gran parte de la civilización platense. Pues bien, Zulma era una especie de navegante en ese mundo imaginario que es el ciberespacio aunque el término no se le podía aplicar en aquella época. Ella sería la que abriría la puerta del caos, la ventana hacia un montón de datos que se almacenaban en inmensos discos que no tenían fin alguno. Simplemente con unos cuantos años de clase lo hizo amar hasta el olvido aquella forma de expresión, saltando entre mazmorras y caracteres que generaban una respuesta en el cursor siempre titilante de la pantalla naranja. Luego llegaron versiones mejoradas, nuevos sistemas operativos que permitieron un mejor trabajo sobre todo para los que buscaban volcar ideas bajo la forma de textos. Al final ella se fue de la escuela dejándole un recuerdo imborrable, había aprendido mucho en ese corto tiempo y el resto sería una cuestión de probar. Prueba y error, no alcanzar el resultado deseado se traduce en volver a probar de otra manera, hasta que se llega al objetivo deseado. Sus manos iniciaron el recorrido de ese teclado cuyos resortes lucían nuevos, luego el tiempo los fue endureciendo llegando a la necesidad de cambiar incluso el ratón. El viejo diccionario fue reemplazado por versiones en línea, aunque esto es algo que no logró que otros alcanzaran por estar inmersos en conductas y  épocas diferentes. Los últimos años de su carrera recordaría los cambios que se habían suscitado de manera rápida, cuestiones que antes tardaban décadas ahora se producían en un instante. De pronto sus nietos tenían al alcance bibliotecas enteras aunque preferían ir por otros caminos, desde luego que esto no se notaba al principio aunque también la pantalla servía para entretenerlos. Tarde notó que esto se volvía un estándar, los últimos estudiantes lo veían como un resabio del pasado al que pronto olvidarían. Dado que estaba en los primeros años de la secundaria, al llegar al ahora sexto y último año, simplemente no recordaban su rostro así que la jubilación sirvió para ponerle un final a esto. Aunque enseguida notaría que se encontraba fuera del mundo, por poseer demasiados años y ninguna utilidad.- 

Los golpes se coordinaban sobre el encadenado, habían usado hierro del catorce a los fines de que no se viniera abajo fácilmente aunque al viejo Marco le pareció una exageración haber tomado semejantes precauciones. Tampoco le resultaba agradable ver como esa parte del pasado se deshacía con los mazazos que propinaban sus dos hijos a la antigua construcción, las escaleras que debió sortear a los fines de encontrar a su hermano inerte se deshicieron ante sus ojos aquella última mañana. Apenas quedaba algo reconocible del hogar de sus padres, un pequeño cuarto que servía de depósito era la única parte aún en pie aunque ya las venas de la destrucción se extendían hacia esa parte también. Ahí tomó la maza de cinco kilos dándole el golpe de gracia a la estructura que se derrumbó plegándose sobre sí misma como un libro que se cierra finalmente, incluso ya tenía los tonos amarillos de las obras viejas. Así las cuatro paredes se redujeron a cascotes, ya nada quedaba excepto los recuerdos y ese murciélago que voló buscando refugio en medio del mediodía de una jornada veraniega en la que finalmente los dos laburantes se fueron al mar. Ahí calmaron la sed de la piel con el agua del océano para luego quedarse almorzando en un viejo balneario que les sirvió de refugio, incluso ahora podía sentir el calor del sol sobre la piel y el brillo cegador en los ojos. La arena y la sal se secaban producto de esa luz inmensa, permitiéndole apreciar una especie de espejismos cada vez que miraba hacia el oeste hasta que el globo se ocultó en el mar. O al menos es lo que quiso que creyeran aquellos mortales que se desplazaban ante sus ojos, pidiendo su presencia en el invierno pero maldiciéndolo durante el estío. Las contradicciones de la humanidad, tirar abajo la cuna en la que crecieron para luego lamentarse frente a los escombros e intentar recuperar lo que ya no está. Los médanos siguen ahí, tal vez los habitantes que fueron sus amigos y compañeros en los primeros tiempos tengan un poco más de soga cuando finalmente venga el avance definitivo de las aguas. Por ello los pobladores más longevos llaman al lugar por su nombre original, incluso las lápidas muestran esto en el sector más antiguo del cementerio que se encuentra a unos pasos de Las Avutardas y en el que pese a las diferencias se han hermanado un montón de historias. Ahí el viento susurra sobre los pinos, cuando una aguja finalmente cae al suelo le cuenta una historia nueva a la flor joven del cardo que todavía ignora que igual que el ser de la noche ha de irse lejos a buscar un hogar nuevo.-

La ciudad era inmensa, una metrópolis que había secado todos los ríos y lagos para poder asentar sus cimientos continuando expandiéndose hasta donde la vista se perdía. Enormes edificios se alzaban como los pilares de una obra infinita, culto al ego de los hombres que debía ser admirado incluso por los dioses que ahora habían sido sustituidos por imágenes de la carne humana exhibiendo cada momento personal. Las tormentas podían apreciarse desde los enormes cristales de los pisos más altos, era como tocar los dedos de aquella divinidad escondida detrás de un montón de efectos climáticos. Viento, truenos, relámpagos, destellos y temblores, todo por un precio accesible a cualquier bolsillo que pudiera pagarlo e incluso frecuentado por quienes buscaban una experiencia más allá de los alucinógenos que la mayoría podía conseguir. Todos los miércoles se organizaban enormes procesiones hacia la torre mayor, desde la cual podían apreciarse estos fenómenos como lo último de lo último en entretenimiento para los ciudadanos de aquella urbe. Para los habitantes de los barrios marginales apenas se apreciaba la luz roja en lo alto de la mayor de aquellas atalayas, el resto no eran más que rumores acerca de lo que realmente existía en la cima. Algunos escritores surgidos de esas ruinas humanas diseñaron historietas sobre la presencia de una cofradía de héroes que en último momento salvarían a los humanos, las que fueron empleadas por el titiritero siempre presente a los fines de generar sentimientos nacionalistas. El uso de símbolos patrios, estrellas y escudos se adaptó a aquellos guiones, tornando a esos personajes de las afueras de la sociedad en emblemas que serían seguidos por millones. Viajero del éter que combatía contra los lobos del hombre, uniendo a las masas a los fines de alcanzar un objetivo común, mentes adoctrinadas por la imagen del bizarro que atraviesa los campos infectados de conflictos y sale victorioso, enarbolando la bandera del todopoderoso Estado que sólo exige sacrificios alcanzables. Los creadores de héroes se mudaron a casas suntuosas, alejados de la contaminación que había en las afueras producto de las sobras que los del centro arrojaban sobre la periferia. Desde allí volvieron a ese personaje marginal en un ser que negociaba la paz mediante sutiles aprietes a cambio de unos cuantos créditos, justificando el proceder de la clase de muy arriba que se llenaba los bolsillos no sólo con contemplaciones de tormentas sino con monedas que se obtenían de cualquier manera. Debían seguir al personaje, fuera cual fuera la dirección que éste tomara o fenecer en el olvido, siendo escupidos por la cadena propagandista por no cantar el himno de la sumisión en el momento conveniente. Hasta las oficinas del gobierno estaban impregnadas con esta idea, mostrando una enorme imagen de aquel ser al que se seguiría a cualquier precio o mejor aún, por la debida cantidad hasta lograr la unión de todos los pensamientos en sólo un propósito. Nada de libre albedrío, la objeción de conciencia implicaba tener a la misma atada a las líneas argumentales que se distribuían en cadena con el héroe de fondo y el recuerdo de que los días más felices nos fueron asignados por un poder superior. El resto se callaba la boca en tanto le tiraran algún hueso, marchando detrás de un montón de criminales sin que importaran realmente los delitos cometidos. Sólo el triunfo del plan sistemático sobre los deseos de sectores menores a los que compraron con el tiempo, en tanto los adoradores buscaban a los desviados en esas oficinas rellenas de historias que poco importaban.-    

Al principio se ubicó en una de las pequeñas habitaciones de un vetusto edificio, parecía que una enorme paleta de colores se había caído desde el cielo e impregnado esas paredes con diversos tonos. Amarillo, naranja, verde, rojo e incluso rosa sobre las chapas dobladas como consecuencia de los elementos, los pasillos eran una mezcla de oscuridad y humedad. En las penumbras podían apreciarse una serie de vapores que se escapaban de cada uno de esos hogares, generando la sensación de que los antiguos moradores aún vagaban por esos lugares. En las tardes calurosas se mezclaban todos los aromas posibles, originando una densa niebla que no era más que vapor condensado entre los pisos de aquel lugar y haciendo difícil la respiración. El humo de los cigarrillos negros iba acompañado del tango, los mates y candombes rioplatenses, aparte de la mezcla de términos al juntarse tanos y gallegos. En esa época Julio vivía allí, los fondos que colectaba al trabajar en un laboratorio de edición de películas le permitían sostener sus necesidades básicas, eran las épocas de la censura previa a toda la digitalización que hizo caer las barreras permitiendo que circulara cualquier material posible. En su ámbito de trabajo lo habían etiquetado de raro, en el sentido moderno que se le asigna a la palabra bizarro, menos de una semana de estar viendo negativos y ya el solo hecho de haber definido las películas de la diva del momento como una porquería le hicieron ganar el mote. Incluso cargaría con alguna que otra culpa cuando alguno de sus compañeros de laburo le mostraría las nuevas filmaciones que estaban por ser cortadas, estrenando ciertos equipos que generaban un mejor sonido y escuchándose los gemidos hasta en la parte trasera del edificio. Su jefe se encontraba en ese momento observándolos desde las penumbras, el otro fue más ligero y se largó a tiempo para evitar la reprimenda. Julio simplemente se dedicó a escucharla mientras la filmación seguía en un bodrio de repetición del argumento y culminaba con un montón de equinos huyendo de una tormenta, ya para ese entonces la tempestad había pasado. Entonces regresó a sus labores sintiendo como alguno de sus vecinos más próximos le dirigían ciertas bromas, a la larga sería olvidado el incidente aunque no sin antes propinarle un par de magullones a uno de ellos. Luego ya nadie se metería en su vida, desde ese instante pasaría desapercibido hasta que en algún momento desapareció sin dejar rastro alguno. Excepto por los pedazos de películas cortadas, las notas garabateadas en hojas de un bloc húmedo y unos cuantos lápices que tenían la punta muy cerca del final del recorrido. Aunque mientras estuvo por ahí, un par de décadas apenas, se dedicó a cortar las partes feas de las filmaciones como quien mantiene un árbol con las ramas más altas pero le quita las inferiores para que crezca con fuerza. Se descubrió entrando en los treinta sabiendo que el cuento de los veintitantos era ya una mera ilusión, aunque lo que realmente le empezó a hacer ruido fue el nacimiento de su primera sobrina. Dos dedos pequeños que apretaban una mano gigante como la de su hermano, luego los gritos sosegados por un abrazo caluroso y los pequeños labios buscando el pezón, baluarte último de la energía con la que el nuevo sol abrirá sus ojos para iluminar las sombras de los que se encontraban en esa habitación.-  

Pero pronto el hermano partiría con la motocicleta y la familia en la parte trasera, cruzando hacia las tierras charrúas para perderse rumbo a lo profundo de las tierras de color preto, en las que ya no se hablaba la misma lengua materna con variantes. Un cambio completo de cultura sintiendo sin embargo que se es extranjero, aunque no esté el reproche visible se ve en ciertas costumbres arraigadas aquí y allá. Uno no es más que el pajuerano que ha venido de alguna parte más al sur, encima con otros condimentos culturales que vienen a darle más color al asunto y volverlo un tema que siempre se encuentra a flor de piel. Aunque al viajero eso no le importaba demasiado, en menos de dos meses se encontraba laburando y echando raíces como habían hecho sus abuelos, tratando de alejarse de los hábitos mal aprendidos en “la America dei pappagalli” para fundirse un poco cada día con esos extraños. El apellido fue lo último que sobrevivió, hasta ser reemplazado por uno de origen luso y mimetizarse con el resto de la población aunque la sangre siempre termine bombeando el molino que alimenta las pasiones. Por ello a la larga ha de salir a la luz el pasado, los de acá ven a los de allá con cierta desconfianza y lo miden desde ese lado. El de agitar un pañuelo con los colores amados, sin importar que los insultos le sean propinados a alguno que podría ser familiar lejano o simplemente un amigo al que no se ve hace mucho, pero todo vale con tal de marcar las diferencias. No son estas puentes que han de unirnos lamentablemente, más bien sirven para  justificar las barbaridades diarias en una especie de fundamentalismo crónico que no se termina nunca. Esos que se han quedado despotrican contra los que se volvieron, sin ver más allá de sus propias limitaciones a la hora de percatarse de que no son sino una parte de lo mismo, pero por si acaso mejor diferenciarse. Ninguno es autóctono, tal vez para encontrarlo deberíamos irnos hacia el pasado, muy atrás hasta los barcos que arrojaban a los marginados de ese satélite al que todavía vemos y tomamos como ejemplo, aunque muchas veces nos percatamos de ciertas deficiencias que no son tapa de ninguna revista. Varios siglos más adelante se seguirán adorando a esos falsos ídolos o tal vez no, pero el ego siempre tendrá un lugar reservado para desterrar todo aquello que no sea bonito y lujoso. Desde el que está abajo hasta la cumbre, el dedo señala a los inadaptados y se ríe de ellos en tanto toma decisiones, él que puede, a los fines de mantenerlos sometidos. Y para ello no hay mejor fuerza de choque que aquel del mismo lodo, el que por unos cobres es capaz de arrancar el alma convencido de que esto es posible. Del sudoeste y del noreste, la posición geográfica no es la única diferencia pese a todos los hechos que nos unen en cierta forma. Tanto como la vieja moto capitaneada por una desconocida, un híbrido que trae recuerdos de otros tiempos y que en este punto ha regresado a encontrarse con un tío viejo.-

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Obras: amazon.com/author/pgfiori


Tiempo: Desde Plaza Galo

No todo está en el museo, como ya se habrán dado cuenta, lo mejor es recorrer el terreno y para eso necesitaremos el último invento de la tecnología. Algo que en estos tiempos se puede conseguir con la misma facilidad que un perdón por anticipado, me la mando seguro pero tengo la garantía por si acaso. Para ello contaremos con la ayuda del versátil maquinista repara vehículos averiados, léase el bicicletero del lugar, el que religiosamente trabaja desde las 16:00 hs. hasta que la noche ha entrado a su taller. Él es el encargado de acudir al auxilio de los niños en apuros a los que se les salió la cadena por esquivar el ataque bravío de un can de esos que llenan las calles, del pequeño que estrenó su regalo de cumpleaños con una pinchadura o el baqueano que dejó su caballo hace rato sustituyéndolo por las dos ruedas, aunque el equino no se desinflaba nunca. Cuando se hace un rato en sus labores deja la pista de juegos debidamente apisonada, no hay nada peor que una caída producto de una tosca que salió de su reducto para provocar esa clase de siniestros. De esa forma se evita la ira en formato de madre, todo lisito y que los topos se busquen otro túnel de salida. Los días de sol se dedica a su otra pasión, empieza con un poco de fuerza sobre los bordes de la lata y culmina con una nueva obra magistral. El marco es el adecuado, pronto la pintura del cuadro rejuvenecido se secará y habrá que montar la creación sobre el escenario preparado a tal efecto. Las ruedas besan el suelo agradeciendo el regreso a casa, eso de volar por los aires únicamente es bueno cuando el piloto está al mando. Miran siempre con desconfianza al personal de mantenimiento, será porque sus manos callosas les recuerdan al roce del camino y la lluvia pétrea que suelen recibir de ese envidioso, que está siempre en el mismo lugar. Los caminos viven de las historias de aquellos que los surcan, pero son incapaces de crear las propias. Pues bien, esta tarde le daré la razón al caballo de batalla que he adquirido y me lanzaré más allá de los límites del pueblo, siguiendo la vía pero sabiendo que en algún punto el trazado del camino es mío en su totalidad. Mi destino se ubica a unos cinco kilómetros hacia el sudeste de la villa, es fácil llegar allí a través de la ruta balnearia pero dado que decidí hurgar en los alrededores me he ido en bicicleta. Tomé el viejo camino vecinal que durante tanto tiempo sirvió para unir las localidades, se encontraba en buenas condiciones dada la falta de lluvia y el hecho de la labor de mi vecino. Me ha contado que para emparejar el camino hacen falta dos cosas, mates con suficiente azúcar dado que para amarguras están otras cosas y la interminable radio, afuera manda el motor del monstruo alisador de piedras salvajes y cicatrices producto de lluvias impertinentes. Pero adentro son los dominios de la ruidosa frecuencia que emite descargas, en su lengua le está diciendo al monstruo que hasta ahí manda él. El sol se encontraba pegándole a la ventana del comedor cuando inicié mi peregrinación, ataviado con una campera liviana, la mochila y una fusta construida con una de las cañas que afloran detrás de casa. El último adminículo cumplía la función de disuadir a las patrullas caninas que tomaban la costumbre de los asalta caminos, persiguiendo un largo rato a los indefensos transeúntes. Dejé atrás el puesto de vigilancia emplazado a dos kilómetros del pueblo, tomando por la pendiente que me llevó atravesando el campo como si se tratara de una arteria de tierra. La vegetación de cardos le lanzaba sus mensajeros al cielo, irían lejos a llevar un anuncio de perpetuidad, flor violeta de las pampas que mejor no llevo en el ojal. Las cortaderas son parte del paisaje en una clara disputa con las totoras por el dominio de la zona más baja, aunque incluso las he visto a ambas reclamar más y más de los terrenos en una especie de codicia vegetal. Por las noches se susurran mensajes en una lengua verde indescifrable, al amanecer empieza la trifulca dado que el junco violó el pacto de paz y todo ha quedado pasado por agua. La pelea no parece tener fin salvo en las épocas de sequía, ahí las hostilidades cesan dado que el humor no es el mejor para ponerse a discutir por algo que no se tiene. Incluso las dos contendientes economizan lágrimas ante la caída de un compañero de cofradía, no sea cosa que terminen dándole a la otra agua de beber producto de ese acto plagado de sentimentalismo. Recorrí el camino sin prisa, pensaba pasar la noche en la única hostería del lugar así que no iba con apuro. Un simple mensaje bastó para confirmar la reserva, luego la señal se esfumó llevada por el viento hacia otro agraciado, el invento me ha servido para lo justo y necesario. Las ruedas del vehículo levantaban una lluvia de piedras pequeñas que golpeaban los rayos en una suerte de venganza de la tierra al cielo, por tener que bancarse las descargas iracundas de la bóveda celeste. Aunque también he sabido que estos rayos metalizados sólo le temen a la madre de esa fraternidad de cabezas duras, que cual lobos de veredas se lanzan sobre el primer osado que encuentran tapándoles el sol. Una conducta reiterada en nuestra sociedad, pegarle al que es diferente sólo por el hecho de que lo vemos así. Diferente, disidente, ni guardar silencio se puede dado que es interpretado como un gesto de reconocimiento. Callo y otorgo, hablo y me opongo, no hay nada que le venga bien a nadie, por eso me he alejado de la ciudad al cruzar ese último puente. Ahora soy libre, vago por la llanura sin bocinas asesinas, esquivo los lugares concurridos en el estío y asunto concluido. Incluso por lo bajo me alegró cuando los veo alejarse, claro que éste es un lugar turístico y dicho pensamiento es una especie de pecado. Vuelvo a la idea original, si no es porque lo digo será porque callo, prefiero sacar el entripado y seguir adelante. El camino me lleva de a poco, al cabo de unos cuantos minutos encuentro la bifurcación, hacia la ruta asfaltada no voy dado la cantidad de asesinos en potencia al volante, sigo por el camino de la derecha que yace bastante poceado. La jurisdicción del maquinista termina en esa secesión de caminos, una advertencia de que me encuentro librado a mi propia suerte o tal vez el llamado de la aventura. Los campos están cultivados, elevados en relación al camino, ovejas, caballos, vacas, un toro reposando bajo un álamo, un perro guardián mirándolo receloso y por lo tanto no se percata de mi paso por el camino empedrado. O tal vez sea que está en una posición elevada en relación a los demás, incluso los perros del pueblo no están en una situación más alta que su par del campo. Pero lo ignoran dado que no salen de ese lugar, excepto acaso cuando las tormentas salvajes los obligan a huir a buscar refugio en cualquier otra parte.

La niebla nuevamente y sin querer ser reiterativo venía desde el mar, esperé un rato largo en la playa la vuelta de las naves de pesca. La mayoría de los navíos tenían nombres que referían a la tradición escandinava, Yggdrasil, Thorvalsson, Donnar, Niord, Tyr, Woden, Allvather, Vinlandsaga y Villar. Se mezclaban en el viejo puerto con nombres más terrenales, los que no citaré dado que no son de mi interés o simplemente no he tomado debida nota. En fin, la cuestión es que dada la cantidad de bruma que se había formado al principio pensé que era uno de esos engaños que el viento dibuja al manipular la sarrasón. Pero no, se trataba de nueve barcos que regresaban a la costa con sus arcas repletas de tesoros y esperanzas para los que esperaban desde hacía varios días por ese momento. Algunos familiares salían a recibir a los recién llegados, detrás de la hostería había pequeñas habitaciones que servían de refugio para los ocasionales huéspedes lo cual resultaba ser mi caso. El capitán del Thorvalsson, la nave insignia de la flota tenía unos cuarenta y cinco años, sus cabellos rubios eran acompañados por una barba más clara todavía, las manos callosas señalaban las marcas del oficio que desempeñaba si bien ahora se dedicaba a conducir la embarcación manteniendo a la tripulación ocupada. Sabía que la diferencia estaba en la cantidad de mercadería que transportaban, dado que el pase por tantas manos en la línea de producción del pescado los dejaba relegados.

—Laburamos por centavos, otros que tienen barcos fábricas depredan ahí en el límite del mar nuestro y a veces más adentro. Al final de cuentas nos terminan castigando más a nosotros que a esos saqueadores, pagamos con nuestro trabajo a una parte de la sociedad que no hace ni una changa. No sé si esto fue siempre así, mis abuelos se trasladaron desde Dinamarca a estos lares y sembraron esta tierra, muchos de mis primos viven en la zona de Las Avutardas, el único que se dedica a la pesca todavía soy yo. Igual este arte se salteó una generación, mi padre prefirió hacer surcos en la tierra en lugar de arar los mares. Pero no tengo motivos de queja, dentro de todo me mantengo a flote todavía en medio de una mar de incertidumbres. Los que no están en esto de deslomarse ven la vida con otros ojos, a veces ni siquiera salen a la puerta de la casa. Es como si se tratara de dos realidades distintas, una dimensión para los que buscan el mango y otra para quienes esperan que les caiga el depósito, como si fuera un limonero la vida. No cuidamos nuestro entorno, mucho menos a aquel que está del otro lado de la vereda, el mar es un cementerio de la basura de los que viven acá pero piensan que esto es un enorme cesto líquido y los de afuera que traen su locura para aquí, dejándonos los envoltorios. 

Las palabras resonaban en mi cabeza en la mañana soleada, nada hacía pensar que ayer la borrasca nos tuvo refugiados desde el mediodía. Apenas se veía a dos metros de distancia, incluso el humo de los cigarrillos de todos los comensales portó parte de esa niebla al interior. Ahora el sol estaba radiante como un borracho después de dormir la mona y darse una ducha helada, encendí la vieja Forja que me obsequiaron al regresar esas cartas. He adquirido el mal hábito de encender esa chimenea en horas avanzadas de la noche, lo que implica una reprimenda y se traduce en los refunfuños de la otra moradora de la casa. Bien, sentado estaba en un monolito blanco que le daba fin a una línea de siete, conteniendo los otros seis las fechas de diferentes naufragios. Le pregunté a un pescador el sentido de que ese no tuviera nada esculpido y se limitó a decir:

—Nunca se sabe quiénes serán los siguientes, lo único cierto es la tumba de sal.

Dicho lo cual se retiró hacia la dársena, lo vi perderse en el horizonte como si desapareciera de esta realidad para dirigirse a la dimensión de los que no esperan a que el gallo cante, para empezar a recorrer el camino rumbo a las tareas diarias. Me quedé la mayor parte de la mañana meditando las palabras de ese vikingo, la locura de la ciudad se curaba junto al mar, pero la falta de voluntad para salir adelante sin esperar las migajas definitivamente requería de un esfuerzo cotidiano. Eufemismos, diplomacia a los fines de no estropear el encuentro de los fines de semana, silencio, seguro no, hablar, mucho menos, a lo sumo será cuestión de jugar al truco con sotas y mentiras a los fines de evitar la discusión innecesaria. Hipocresía pura, sin ningún tipo de aditivos más que algo de agua para tragársela. Igual a ese efecto del mar haciendo creer que se llevó a los barcos por siempre, pero los esconde en el horizonte lejano.

La última noche no la pasé en el hotel, me dirigí por un camino entre las dunas rumbo al faro. Eran unos cien escalones hasta llegar a la base, ahí se encontraba la torre de metal como la estatua de Alfonsina haciéndole frente al impiadoso viento que sopla desde el sudeste. Gregorio es uno de esos personajes de animé japonés que sale de la nada y desaparece exactamente a mitad de la escena, no lo ven llegar mucho menos irse. Una parte de su vida transcurre en esa torre solitaria, con el reloj marino marcando que las hojas del calendario se van. El mar se toma esto muy en serio, deshoja todo lo que encuentra a su paso, usa la arena como munición infinita y su lengua hídrica para comerse la piedra. Un lento asesinato presenciado por el único ojo visible, la víctima ve el enorme peligro que la acecha como una fiera sedienta de sangre. Aunque muchas veces decide sacrificarse para salvar las embarcaciones de los peligros que el océano encierra en sus fauces, rocas afiladas, restos de otros barcos e hipotermia. La luz sigue haciendo falta en este mundo de tinieblas en el que las ganancias son más importantes que las pérdidas humanas, total hay otros que pueden servir de repuestos y pagar por una vida es mucho más fácil cuando quedan pocos restos de su existencia. El materialismo ha hecho que todo se mida en monedas, las capacidades no son necesarias a la hora de ser la primera fila de combatientes. En alguna parte muy cómodo espera alguien, en una de esas torres vidriadas recibirá un informe sobre las ganancias y los gastos de sepelio, nada más. Esa es todo el registro, el resto se lo lleva el mar o se lo come el ejército de cuervos que sale a la defensa de esos intereses. El faro sigue ahí, igual que los menhires con fechas que las balas de sílice han ido haciendo desaparecer. La falta de piedad se refleja en los elementos también, el único que tiene algún registro de estos acontecimientos es el guardián del lugar. Sus cabellos canosos han tomado el color de la sal, las manos están un poco mejor que la de los pescadores tal vez porque alguien se ocupa de ello, la piel refleja el color de la arena. He llegado jadeando a la base de la torre, el viento me empujaba como si fuera un títere, la pesada puerta de la fortaleza marina se cerró detrás mío dando paso a un ambiente confortable. Arriba la enorme baliza cortaba el telón brumoso, emitiendo un quejido semejante al de las sirenas pero advirtiendo la cercanía de la costa. Por lo visto Odiseo las hizo cambiar de opinión y ahora se dedican a salvar vidas, alertando que las fauces de la bestia están abiertas.

Inauguraron el faro un 10 de septiembre de 1915, los registros de esa época son confusos dado el paso del tiempo. No obstante ello hay algunas anotaciones en exhibición en la edificación que yace más abajo, refugiada entre una arboleda que ha sabido sobrevivir al fragor del fuego eólico. El resto de los alrededores sólo son dunas con tamariscos encorvados por la difícil tarea de reunir a la manada de granos, resistiendo el látigo que viene del mar y creando pequeños herederos que logran salir a la superficie, pese al intento de ahogo de parte de la estampida de arena. Aparte está la casa del guardián, equipada con una salamandra y una cafetera que sirve para calentarse así como mantenerse despierto en las peores ocasiones. La computadora se encuentra conectada a internet, con esto Goyo sabe cuándo se acerca un verdadero problema y en qué momento puede relajarse un poco. Los turnos son de dos meses, sesenta días alejado del calor de su hogar y de las lamidas de los perros de la calle que se ha dedicado a cobijar. Claro que su labor es tan imposible como la de los tamariscos reuniendo la arena, demasiados canes moran en las calles abandonados a su suerte dado que carecen de humanidad.

—Imaginá que se invierte poco en mantener a salvo a las personas de este mundo, de esa manera esto explica la escasa atención que les damos a los perros. Sin embargo ellos son una muestra de fidelidad absoluta, basta con regresar a la casa luego de un día terrible y vienen a recibirte con esa cordialidad que es propia de muy pocas personas. Siento que la humanidad ha perdido una parte de sus sentimientos y estos se han convertido en las almas de los perros, es suficiente con verlos a los ojos para saber que ellos lo entienden todo pese a que se les ha atribuido la falta de razón. Con la razón el ser humano ha intentado limitar sin éxito sus propios instintos, pero ante tanta violencia ahí afuera me parece que fracasaron rotundamente. La esperanza es lo último que quedó en esa caja vacía llamada existencia, ya que le hemos dado valor al vil metal, a los billetes antes que a los principios morales, a las posesiones antes que nuestros vecinos como si esto fuera a detener el paso del tiempo. Una estúpida empresa directo a los arrecifes, pero mientras el resplandor del oro nos siga cegando poco se puede hacer. Vivimos viendo hacia otra parte pero el problema está justo frente a nosotros, cuestión de mirar a cualquier lugar para no reconocernos como los actores principales de esa escena. 

Me quedé toda la noche escuchando al viento en lo que parecía el fin de este mundo, la sirena del faro emitía un sonido lastimero semejante al de los perros cuando oyen la de los bomberos. Era cierto todo lo que Gregorio me había dicho, incluso en un mal día la Negra vendría hasta el portón a lamerme la mano, mientras trataba de encontrar la llave que por alguna regla física siempre estaba en el bolsillo correspondiente a mi mano menos hábil. La humanidad ha ido perdiendo partes de su sensibilidad en esta era de cosas rápidas, inmediatez digital, fenómenos pasajeros que se vuelven a vender con otra letra pero la misma música. Basta con tomar algunos de los hits del momento para comprobar esta idea, claro que a los despistados que viven en las nubes (virtuales) les resultará lo último de lo último. Un eufemismo para referirnos a un producto igual pero con un empaque diferente y un número nuevo, 2013, 2014, 2015, ad infinitum. Esa es la existencia que tenemos, cuando realmente hay un mensaje que vale la pena no falta el troll literario que comenta cualquier tontería y desvirtúa nuestro más profundo sentir, prueben con poner una foto con una reflexión filosófica y verán a los neohedonistas salir de sus cavernas con la tea en la mano. El conde Vlad no es el único sediento de sangre, esta era digital ha dado lugar a varios seguidores y lo peor de todo es que los mismos enseñan los hábitos a sus fieles, los que en lugar de cerebro tienen un teclado virtual. Me levanté sentándome al lado de la estufa, Goyo había salido dado que la situación afuera estaba complicada, yo seguía al calor de mis pensamientos escondido de la tormenta pero sintiendo que otra crecía dentro de mí. Tomé el cuaderno maltratado que llevaba en la mochila como un salvavidas dedicándome a escribir hasta que aclaró, luego me dormí por un rato entre sueños extraños. El tren de pensamientos me llevó a que esas formas oníricas surgieran durante las horas de reposo, precisamente se trataba de un tren que recorría los campos dormidos en un lugar parecido a aquel en el que vivo. Era una monotonía en medio de la noche, la máquina guiada por una única luz pero sin emitir sonido alguno, la vida que nos ha tocado en silencio pero con la fuerza arrolladora de una locomotora. Una línea recta sin ninguna mancha que alterara esas formas, nada de nada, las sombras hacen ver todo así pero encierran trampas. En la curva cercana al hogar apareció una figura de blanco, apenas perceptible para cualquier ojo excepto el del maquinista que sabía que no podría hacer absolutamente nada para evitar la tragedia. Pero así como la actriz entró en escena en este sueño desapareció tan rápido como había saltado al escenario, despertándome en ese mismo momento. El golpe de la puerta de entrada me indicó que el guardián había regresado, el sueño me resultó suficiente dada la noche agitada que había tenido y omití citarle el episodio a mi anfitrión. La lluvia me sorprendió cerca del puesto de policía, tuve que apurar la marcha con el viento de costado mojándome cada parte de mi ser. El cuaderno se secó con el resto de mi ropa, terminé en cama durante dos días producto de la gripe que me invadió. Ella se quejó al verme en ese estado, me la pasaba demasiado tiempo por ahí sin dar señales de vida y el resto de las sobras frente a una pantalla sobre la que volcaba letras sacadas vaya a saber de dónde. Todo era cierto, pero me sentía como una locomotora que ha dejado los vagones innecesarios en las estaciones por las que pasó y por lo tanto corre ligera por las pampas, libre al fin de las cadenas que suponen estar diciéndole a todo el mundo qué es lo que hago en este mismo momento. Apenas una luz que emite un sonido cada cierto intervalo para que los que están interesados realmente sepan que todo está bien, sin naufragios ni peligros inminentes cerca. Aproveché el parate motivado por el resfrío para empezar a escribir las notas restantes, aunque sé que con esto no es suficiente. La nave debe recargar combustible, las ruedas claman aire y mi alma también. Así que no será raro que en algunos de los oasis llamados recesos parta hacia el otro extremo del pueblo, a la ciudad en el sur, a intentar descifrar los secretos de esa barca que yace amarrada por siempre en la costa e irónicamente lejos del mar que la llama. Al océano a ver si puedo sacarle una entrevista que me permita entender éste rompecabezas que significa saber un poco más del lugar que amo con locura, porque realmente aquí he descubierto lo qué es estar vivo y rodeado de otros seres que muestran la poca empatía que le queda al mundo. Poca pero suficiente para mí, es demasiado pedir creo. Hoy es el día del amigo, aunque los amigos de verdad son pocos y están demasiado lejos, los lazos que he construido aquí requieren de una inversión infinita de ese capital interminable que es el tiempo. Requieren del cuidado que les damos a nuestros cachorros, sabiendo que no son nuestros realmente pero no por eso tenemos que bajar la guardia. Es paciencia, una infinita paciencia para que las frustraciones no hagan que nos olvidemos de ellos, quienes han elegido caminos diferentes. Tal vez esta tecnología asesina para lo único bueno que sirve es para saber un poco de aquellos a los que queremos, suficiente con enterarme que están sanos, las redes no curan las enfermedades pero sirven para atenuar sus efectos. Aunque demasiada conexión no significa estar comunicados, aquí me encuentro nuevamente tirando líneas en formato de gripe literaria que espero transmitir a aquellos a los que les llegue esta epístola en versión historia inventada o ficción. Pero algo de todo esto que he contado es cierto, ocurre que debería recurrir a un cazador de sueños a los fines de poner a esas ideas de la madrugada en un corral y ver cómo crecen de a poco. Pero esto es tan imposible como evitar que las siguientes generaciones sigan mandando mensajes violando todas las reglas del lenguaje, será porque la batalla en cuestión está pérdida y pronto el nuestro tendrá un lugar al lado de una máquina de escribir. La fiebre de las letras me ha invadido, no tiene ninguna cura ni tampoco se puede diagnosticar a tiempo. Lamentablemente estoy enfermo de ella y no quiero que me sanen, sigan siendo normales ustedes que pueden.

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Meditación 1.0

Mi padre se fue un jueves por la noche, dejando un vacío que no pude llegar hasta ahora, ni siquiera con la llegada de un hijo que en su ros...