sábado

Hartazgo

Estoy harto, del ninguneo y de las conversaciones de dos que recaen en uno solo.

Estoy harto, de no sentir absolutamente nada excepto las ganas de estar en la completa soledad.

De que las tres de la tarde se tornen el comienzo de los rostros enojados y de la ausencia de contacto alguno.

Que el buen día se haya ido hace mucho tiempo, curiosamente por la misma puerta de la última década y media.

Del abismo en medio del lecho que implica prácticamente un duelo dado que ya no hay caricias sino espaldas que no dialogan entre ellas.

El amor parece haberse ido un día de los tantos que tuvimos, quedando una cáscara vacía y la verdad eso tampoco me contenta.

¡Estoy harto! 

viernes

Dubricius

La intolerancia se ha vuelto la moneda de cambio, más preocupados por los "me disgusta" que por esas vidas que no llegaron a ser producto de la inoperancia y la desidia, el culpable enseguida fue hallado una vez que pasó frente al enorme espejo de la urbe cuyos ladrillos se precipitan como palomas viudas al asfalto, dejando estampado el instante en el asombro de un transeúnte que olvidará su función de llevarse estos residuos para depositarlos en alguna urna. Una parecida a aquella en la que los sueños se ahogan, aunque suene cercana la orilla basta con unos centímetros de agua para terminar con cualquier ilusión.  Ínterin, los arquitectos siguen consternados por esa veleta que gira en contra del viento haciendo que los asuntos marchen cuesta abajo destruyendo sus pretensiones de dioses de carne y hueso.


Sadako

Las grullas de Sadako se esparcieron por el globo y sus hermanas se asentaron en un pequeño salón, en donde las manos de muchos estudiantes trabajaron plegando el papel hasta que como el Ave Fénix emergieron y una de ellas vino a parar a las manos de un docente que la resguardó entre sus bienes más preciados (que son pocos, por supuesto). Ahí ha sobrevivido al paso de los años oteando el horizonte para detectar alguna voz conocida, ya que las visitas por aquí no abundan y debe entonces imaginar la escena hasta que el atardecer cae. Allí vela en la oscuridad por las memorias que se niegan a irse, aún no es tiempo claman, levantando vuelo sobre los campos repletos de fuegos fatuos y de cañadas de las que emerge una copla conocida. Tierra de barro que se vuelve el papel sobre él que escribimos, una hoguera alrededor de la cual el fuego eterno espanta a las alimañas y a esa vieja tormenta de ignorancia que intenta decidir por nosotros.


Copetonas

A excepción del rodeo todo parece estar en el mismo sitio, con el camino serpenteando hasta hallar la entrada que remite al nombre de un ave y a uno de estos ejemplares pasando de un campo a otro. Una leve alteración en la fachada o un cambio de ubicación, con un cometa que sigue su viaje y el viejo club adornado de Blanco y Negro invitando a los viajeros a la frescura de la oscuridad. La casa aguarda con la persiana baja hasta que el timbre suena y desde adentro surge la voz del gigante:

—Siempre lo mismo con vos.

El puñado de años se ha vuelto a fojas cero acompañando en la ocasión a la vida nueva, como forma de contrastar con las ausencias conocidas de décadas más jóvenes. Una nube de polvo le sirve de manto a la tarde que llega pasado el almuerzo, para dar paso a la siesta y la partida de los peregrinos. 

miércoles

Dialogando con un gigante

El sonido de la máquina atrajo mi atención y así fue como me topé nuevamente con Némesis, ya con las canas poblando parte de su rostro pero sin perder la expresión habitual. Antes, hace mucho, era apenas un muchacho que ya tenía todo el porte del gigante repartiendo cachetadas frente a las oleadas de zombis a los que el virus T afectaba y ya. El único instante en él que había paz implicaba lidiar con cierto sujeto que vendía “víveres” por una suma módica y siempre aparecía en los lugares menos esperados. Igual que él.


martes

De regreso en Océano

La playa tras la lluvia, la arena alisada, el viejo barco que resiste los embates de una fuerza eterna e imparable, nuestras huellas que serán guardadas en la memoria del más grande maestro y el cambio que se nota cada vez que uno vuelve a Reta. El calor desterrado por la tormenta y el viento que me pega en la espalda, aunque es la única forma de dar una caricia que tiene aquel otro ser al que ignoramos muchas veces. 




sábado

La Ciudad del Viento

El camino de circunvalación nos transporta a través de un paisaje conocido desembocando en la terminal con la barranca del Quequén a nuestra izquierda, un giro viendo a los colectivos aguardar que los pasajeros pongan un pie en los escalones y el ascenso hasta Basilicata en donde la bandera tricolor flamea. Luego las calles más frecuentadas, con la casa vistiendo su fúnebre crespón y los dos peldaños de cemento que llevan al primer hogar cuyo gigante anda cerca, deteniéndonos al lado del viejo rótulo de librería a la espera de un rostro poblado de nieve.

miércoles

Quinto cuaderno

Revisó el cuaderno dos veces y el libro por si acaso, ya que no usaba el dispositivo móvil en plena clase dado que pretendía no dejarse arrastrar por la corriente de modernidad que obnubilaba el juicio de los demás. A veces, en ciertas ocasiones, buscaba algún término dentro de aquel universo y recibía el reclamo de permisividad de alguno de los que estaban a la derecha. Cualquier excusa les venía bien para ser contestatarios, agarrándose del primer atisbo de anomia justificando así su proceder, si el otro lo hace por qué yo no. Pues bien, en efecto estaba la palabra propósito mal tildada y Giuliana le soltó la explicación respecto a agudas, graves y esdrújulas. Lo grave, pensaba él, era que había repetido el error y encima lo publicó enfrente de todo el curso. Aunque, la única que se dio cuenta observaba entusiasmada que el sujeto que la corregía en forma reiterada metía la pata también. El asunto, sin embargo, distó mucho de quedarse en el tintero y siguiendo con idéntico derrotero esta vez lo que escribió mal fue el nombre de un hecho histórico. Se trataba de la Segunda Guerra Mundial, de repente sintió que el capítulo tres de dicho evento estaba por ocurrir dado que nuevamente se escuchó la voz gélida y una risita en sorna:

—¿Segunda Guerra Mundial no va en mayúscula?

—¡Nunca te vi equivocarte tanto!

Aquella tarde, revisó los trabajos prácticos y se encontró con ciertas tildes ausentes aunque debía darle el crédito a su estudiante por prestarle atención dado que estaba acostumbrado a pasar desapercibido. 

domingo

El adiós comienza a sentirse en la repetición de rutinas extrañas, lejos quedaron los besos y las palabras cargadas de amor para ser reemplazadas por el silencio incómodo que da la señal de estar de más en la escena. Tales memorias son como piedras que hacen cada vez más difícil la decisión, aunque esta a la larga se precipita como un alud llevándose esa parte de la vida que como náufragos nos negamos a dejar. Así, en los restos de lo que alguna vez sentimos vendrá la primera de las fogatas a cortar el frío de la noche y las ausencias en el corazón.


Meditación 1.0

Mi padre se fue un jueves por la noche, dejando un vacío que no pude llegar hasta ahora, ni siquiera con la llegada de un hijo que en su ros...