lunes

Entrada 20

Gracias y entrada, entre las palabras que mi dislexia invierte generando neologismos que cierta profesora de prácticas del lenguaje encontraría motivo de conversación, cuando el depósito de insumos varios de la secundaria nos reunía a enviarle a las entrañas un líquido negro, que al mediodía sería una anécdota fría.

Entrada 19

El portero anuncia la llegada de las visitas, las que vienen escapando de la lluvia que antes nos corrió a nosotros obligándonos a desandar la senda rápido y sin contemplaciones. Sus voces se pierden por el pasillo escaleras arriba, buscando la marca muda en la puerta para encontrar el calor del hogar.

Entrada 18

El abuelo duerme en un cuarto silencioso, los posibles ruidos se pierden en aquel laberinto al que los de blanco consideran su hogar por estar más allí con la familia que se ha adaptado a estas ideas y espera no tener que pasar por semejante mole, construida en un bajo que antes era hogar de ranas.

Entrada 17

Por órdenes del Doctor los números 13 y 17 debían ser removidos de las habitaciones, cábalas eran las de antes y así el torneo se desarrolló sin la presencia de estos pobres números en la alineación del cuadro rioplatense. No faltó alguno que de paso cruzara los dedos o hiciera los cuernos, para desmayo de más de un chupacirios que se las juró pese a que no hay que jurar en vano y mucho menos en nombre de alguien que no está presente para enterarse.

Entrada 16

Los cuadros que adornan la casa tienen los colores de una mente brillante, pero desordenada en otros aspectos y así estos tonos son los mismos del viejo consultorio en donde moran las arañas, esperando que alguien llame para romper con tanto silencio a veces roto por el paso de los bomberos a través de Rico que aún es de arena en su mayoría.

Entrada 15

La madrugada me desaloja sin contemplaciones, antes ha sido el movimiento de las otras dos vidas con la que comparto este mundo maravilloso. La luz de la pantalla del ordenador me da la bienvenida, sólo la oscuridad se filtra por las celosías de la ventana blanca descascarada.  Tras correr las pruebas de rigor llega el turno de los verdes entre las penumbras y la luz de la cocina que quedó encendida para facilitarnos el viaje al escusado sin despertar a medio mundo. Luego, serán otros que se han despertado antes de que el sol salga los que enviaran las señales de vida antes de largarse a la calle.

Entrada 14

Venimos por la Ruta 11 con sus baches, sus momentos alisados, los puestos de comida sobre la banquina y la intersección con la 63 que lleva a Dolores. Ahí está el cruce con la Autovía 2 que nos depositará en Castelli, Lezama, Chascomús, La Plata y cruzando el puente, Templo mediante, la Ciudad de la Furia con sus hormigas y sus sonidos interminables.

Entrada 13

Mi hijo mira las figuritas que son pegadas en el álbum cuyo idioma no es el nuestro, vendido cómo sea para juntar una fortuna mientras aún existan equipos matándose en los campos de juego. Y en una ofensa a aquellas que pegan las imágenes por él arranca al medio la página correspondiente a los Galos.

Entrada 12

Llueve sobre Buenos Aires, una garúa que te deja empapado obligando al florista a cubrir su mercadería a riesgo de terminar recibiendo la balacera. Volvemos al refugio, aunque los monstruos nos persiguen oyendo como una bestia de metal se mueve en las profundidades aunque estemos un piso por encima de la calle.

Entrada 11

Hay jugadores en todo el país y técnicos en igual proporción, no obstante él único momento en donde existe consenso es entre los meses de junio y julio cada cuatro años. Una fuerza colosal mueve sus hilos dejando las diferencias a un lado, reducidas estas a meros cuadros de fútbol que nos separan irreconciliablemente hasta este momento. Ojalá fuera siempre así.

Entrada 20

Gracias y entrada, entre las palabras que mi dislexia invierte generando neologismos que cierta profesora de prácticas del lenguaje encontra...