domingo

Meditación 1.0

Mi padre se fue un jueves por la noche, dejando un vacío que no pude llegar hasta ahora, ni siquiera con la llegada de un hijo que en su rostro refleja el pasado y al amor vuelto dolor por la ausencia. Cada día de mayo en él que se repite la partida el pesar se asienta en el presente como una piedra difícil de quitar del camino y siendo que el tiempo nos aleja del evento aún el dolor permanece. Siempre está presente en ausencia, con su rostro, sus palabras y algún que otro audio que cuenta una vez más la historia del pueblo en donde conoció a mamá. 

sábado

Estrellas

 

500 libros que han circulado vía Google Libros. 


Memorias de un vagabundo y las cinco estrellas en Amazon.


¡Por la Horda! y sus cinco estrellas en Google Libros.



Dioses entre nosotros, cinco estrellas, Google Libros. 









jueves

Trabajando en un texto

Te he dejado a un lado viejo compañero y no era para menos, son casi ocho años desde que comencé a escribir libro tras libro y se invirtió el orden literario: el blog motivó las novelas y ahora las novelas motivan estas líneas. En este 2026 se cumplen los primeros dieciocho de tu existencia, nacido por mi gusto por la animación y sin dejar de lado la música de Cowboy Bebop. Es una época arcaica esa diría yo, recibiendo el asombro de algún joven para él que dos minutos es un pasado remoto. Así nació esto, tan simple como una canción sonando y resonando en la memoria un día de las Pascuas en él que me encontraba atacado por las anginas que me dejaron en cama hasta el domingo. Ahí resucité, nací de nuevo a un mundo en donde la lluvia había caído haciendo que sintiera el olor de la tierra negra mientras deambulaba por la Avenida Colón, en MDQ. No es extraño que haya llegado hasta este punto con tanto texto que surgen viendo la vida que transcurre, con nosotros actores de ella y escribas de un momento irrepetible. ¡Salud blogueros y lectores! Felices Pascuas. 

Dibujo

 

01/04/2026: "Fuego y Luz".




martes

Hace mucho tiempo en Azeroth


Es el año 2002 y mientras retomó el abandonado Warcraft II, La Comunidad del Anillo y Las Dos Torres mediante, ha quedado en mi memoria una imagen de una pelea entre los Orcos y los Elfos nocturnos en donde el héroe debe ser revivido en el altar de las tormentas (otrora permitía sacar a los ogros y darles las mejoras respectivas). Dicho héroe orco se llama Gromash Hellscream, de hecho lo rescaté en Warcraft II Beyond The Dark Portal y al comienzo del prólogo orco en la tercera entrega (siempre está preso Grom). Habiendo seguido las enseñanzas del Jefe de Guerra, Thrall, los orcos abandonaron la sed de sangre y la magia vil que los consumió en el pasado. El viejo profeta, él mismo Medivh al que maté en Warcraft Orcs & Humans, juega de relator de la historia así como de nexo argumental siendo que culminará diciéndole a los enemigos de antaño que deben unir fuerzas contra los demonios. En este camino que culminará con la batalla en el Monte Hyjal Gromash hallará la redención tras haber caído en la corrupción de la sangre del Señor del Foso Mannoroth y ultimar a este último perdiendo su vida. El recorrido de los personajes no es sólo la búsqueda de salvación, sino de redención y allí el contraste con Arthas. Mientras el príncipe de Lordaeron buscando salvar a los suyos termina convirtiéndose en verdugo de aquellos a los que amaba. Jaina, Tyrande y Thrall representan a los enemigos que se unen (aunque sea momentáneamente) para evitar el exterminio de toda señal de vida y la perdición del planeta Azeroth.  

En el año 2004, habiendo culminado Warcraft I y II así como Starcraft, me puse a jugar en un cíber café de la calle Santiago del Estero casi Avenida Colón, de la ciudad de Mar del Plata, la campaña de esta tercera entrega y enseguida me terminó atrapando comenzando a jugar en LAN con un par de amigos tanto a versus entre nosotros como contra el CPU. Hubo un tiempo ulterior en él que, título universitario de por medio, dejé la ciudad para volver de tanto en tanto con mi portátil bajo el brazo y a la batalla se ha dicho. Los cibercafés (se puede escribir así también) fueron desapareciendo con la llegada de la internet a los hogares siendo el 2012 él correspondiente al último año en donde fuimos a una de estas salas a despuntar el vicio.

Warcraft III es el único juego que he instalado bajo Windows XP, Windows 7, Windows 8, Windows 10 y Windows 11, sin contar que la segunda parte fue jugada en mi viejo Pentium 233 MMX del año 1998 así como en PlayStation II (la Dark Saga que distribuyó EA). Me ha seguido como mi sombra a lo largo de las últimas dos décadas y cada vez que tengo un rato (aburriéndome de los demás juegos) siempre vuelvo a esta edición que es la mejor de todos los capítulos correspondientes al RTS. Al final Arthas asciende al Trono de Hielo en la expansión del 2003, los Orcos fundan Durotan (en honor al heroico padre de Thrall que aparece en la película del 2016 Warcraft The Beginning) ayudados por Rexxar, los No Muertos se dividen y aparecen Los Olvidados, los Elfos de Sangre se separan de la Alianza y los Humanos son liderados por Jaina.

sábado

Eneas ha llegado

Eneas ha desembarcado en una tierra extraña, con la añoranza de la vieja Ilión y sus muros derrumbándose entre las llamas, la sangre de sus hermanos y los invasores devastando hasta los recuerdos.

Carga con el peso de los propios y a su padre ya anciano que murmura sobre tiempos de felicidad en tanto las naves pasaban sin detenerse a tratar de derrumbar las murallas eternas.

Las barcas se destruyen ya que no hay vuelta atrás, sólo el camino nuevo al que el sol aún no ilumina.

Rómulo y Remo no han nacido todavía, hace falta el descenso a los infiernos en busca de consejo viendo los fantasmas del pasado así como a Teseo que aún sigue con vida, brindando con el taciturno Hades.

La ciudad se alza, no sin batallas, convirtiéndose en el faro eterno de la humanidad cuyas ruinas le hablarán del pasado al presente que es futuro en ese momento.

La guerra regresa, las vejaciones y es la hora de partir nuevamente ya que aquí sólo quedan restos de vida y recuerdos rotos.

Cruzando el océano aguarda la patria nueva, portando en el corazón a aquella tricolor y allí, en un lugar lejano, Eneas desembarcará una vez más con el padre Gualterio portándolo de la mano. 

 


jueves

Antología "Más allá del umbral"

 


En abril del año 2025 remití dos textos a la selección de historias del sello Luna Roja de editorial Rubin y fueron elegidos. Los mismos exploraran la talasofobia así como a los demonios que se ocultan a simple vista.

UN VASTO UNIVERSO AZUL, PARTE I


La primera de las olas llegó convertida en una onda, semejante a las que surgían en los charcos cuando, recubiertos de hie­lo, eran explotados por diversos meteoros, todos ellos salidos de la mente de aquellas mentes pequeñas que iban rumbo a la escuela cerca de las ocho de la mañana con el frío que se metía entre los pliegues de la ropa que portaban y que sería desparramada sobre el respaldo del pupitre y en los hombros una vez que los liberaban, para retornar a casa pasando por el espejo roto en donde las hojas de los eucaliptos se acumulaban dándole un tono anaranjado.

Al caer el verano en todo su fragor, cruzaban los médanos, que como viejos guardianes custodiaban al pueblo en las ho­ras de la noche en las que el mar rugía, y se topaban con el espectáculo. El desierto de arena como la última prueba antes de las frías aguas que le quitarían el ardor al menos de la piel y cuyos brazos hídricos los recibirían de la misma forma que una madre al regresar al hogar. Las ojotas en las manos y a co­rrer por sobre los granos de silicio que ardían bajo aquel astro inclemente como pocos y se zambullían en la espuma que era levantada por el viento del este, marcado por el sol al amane­cer y por el solitario faro en el crepúsculo. Después, los pro­yectiles impulsados por la brisa les mutilaban los tobillos hasta que simplemente se secaban y ya los impactos no se sentían. Se iba un día más con el globo anaranjado hundiéndose en el horizonte y la luna roja emergiendo, junto con la inevitable aparición de los mosquitos que los obligaban a irse de la playa.

Gabriel echaba una última mirada al mar, que se confundía con la noche y el cielo, antes de trepar la loma que llevaba a la Avenida del Viejo Marino. La tosca crujía bajo sus pies mientras las luciérnagas iluminaban el camino de regreso a Los Álamos. Así se sucedían las tardes del estío, tan esperado, mientras el resto del año el pueblo caía en un letargo, del que solo emergía, como un batracio, cuando los peregrinos de la ciudad venían a curar su locura entre las olas.

En las noches de invierno, sentía el llamado de la masa de agua, que lo esperaba con la paciencia de quien sabe que aquel que se ausenta volverá algún día, ya sea con las sienes cubier­tas de canas, en el mejor de los casos, o con un desierto sobre él donde apenas brille la luz de la mañana.

Un verano más. Los guardavidas que marcaban el área de salvataje con la cartelería indicado el final de la zona de baño que en la afluencia de personas poco les importaba a los miem­bros del grupo de pibes que no se frenaban un instante a ob­servar los restos de un viejo naufragio. Excepto uno, que se alejaba de aquella zona, manteniéndose a la izquierda de la chimenea de la embarcación, convertida por el incansable tra­bajo de la marea en una masa oscura. Se mantuvo cerca de la orilla, aunque pronto dejaría de lado las precauciones ante el oleaje tranquilo, sintiendo el tirón de la corriente que lo obli­gaba a hacer fuerza en el sentido contrario. En un instante, sus pies ya no tocaron el lecho marino y fue arrastrado por una mano colosal que jalaba de sus hombros dirigiéndolo hacia la vorágine. Entonces, una fuerza equivalente, manifestada en el brazo de una mujer que nadaba cerca, contrarrestó la tragedia inminente y lo obligó a salir a la orilla. Cuando el susto pasó, contempló la vasta masa de agua que le resultaba ominosa y se alejó con el temor instalado en su interior, ocultándolo a la vista del mundo, dado que debía rendir cada día el examen de la valentía.

En el otoño trotaba sobre las dunas con los borceguíes, que lo obligaban a hacer más esfuerzo, pasando por el túnel sub­medanal, que era nuevo. Enseguida el viento se ocupó de que el paisaje recuperara su fisonomía, echándole a aquella gar­ganta el peso de las décadas. Trotaba hasta el arroyo que servía de límite natural y entonces regresaba sobre la arena mojada, con el mar calmado en la mañana, siempre con la sensación de que algo lo observaba desde las profundidades, de modo que aceleraba el paso hasta trepar a la seguridad de los guardianes que fingían dormir.

En algún resquicio de su mente quedaba flotando la idea de haber sentido algo más que la fuerza de un canal tirándolo hacía la zona del hundimiento de aquel barco, convertido en un banco de mejillones. La misma que, en ocasiones, hacía que los bancos de arena se partieran en dos, llevándose a más de un pescador en una inversión irónica de roles, según las placas del monolito que descansaba al resguardo de las torres de arena.

Mudaría la piel hasta perder la vergüenza y, finalmente, le contaría a su psicoanalista sobre la pesadilla que se repetía: el mar viniendo a cubrir el pueblo, engulléndolo todo bajo una sombra de colmillos brillantes que teñían de rojo las aguas al retirarse, dejando una catástrofe en la costa y un profundo si­lencio.

—Talasofobia.

—Fobia al mar.

—No, miedo extremo a los cuerpos de agua profunda, no así miedo al agua.

—Casi me engulle.

—Es una neurosis.

—La mujer que me salvó se llamaba Hela.

—Conveniente el nombre.

—Sí, lo sé.

—Pero la sesión se ha terminado.

Tomó el ascensor que lo depositó en la entrada, una vez des­cendidos los siete pisos. Respiró de una bocanada el aire frío de la noche, aunque de limpio tenía poco, y se fue calles aba­jo hasta el café cuya atmosfera le embriagó los sentidos. Era viernes, un buen momento para escaparse del servicio de call center y del bodrio que implicaba escuchar los problemas de los demás sabiendo que el servicio era deficiente.

Se bebió un café doble, nada de alcohol, ya que en el depar­tamento sombrío lo aguardaba el lienzo presto para ser invadi­do por los colores. Los paisajes atlánticos se repetían: playas crespadas y en paz, lunas embriagadas que reemplazaban a soles cansados, brazos perdidos entre el vasto universo azul y muchas sombras en las profundidades.

Luego dormiría para tener una pesadilla que se acentuó con los años, que le cayeron encima como aquellos granos cu­briendo el techo del viejo túnel que emulaba a una garganta abierta en la arena. Estaba sentado sobre el médano más alto que conocía, oteando las casitas que se levantaban en los alre­dedores, mostrando la expansión inevitable de las poblaciones una vez que los prófugos de las urbes las descubren y tiene la misma idea.

Los restos de una fogata yacían unos pasos más abajo, en la depresión surcada de huellas de motocicletas, que a veces encontraban a algún turista tomando el sol y culminaban con estos últimos lesionados. Miró hacía el este, aunque faltaba para que el faro comenzara con su labor, y dirigió la atención al espejo azul y al horror que se alzaba, elevando más y más las aguas.

La playa despareció, el desierto ardiente se volvió oscuro y las dunas fueron tragadas por aquella masa de agua en cuyo centro se erguía la figura colosal, extendiendo los brazos azu­les. Antes de ser tragado por la vorágine, tuvo conciencia de que los tamariscos danzaban con sus raíces sin poder asirse, quebrándose en la oscuridad que lo rodeaba, en cuyo centro el titiritero y él se encontraban luego de cuatro décadas y media.

El último registro de su mente antes de morir fue el de la casa de sus padres, desdibujada por el tsunami que extendía sus manos para pasar a centímetros del tejado, que se perdió en las penumbras.

 





martes

Curso de escritura

 


Después de tanto escribir he decidido realizar el presente curso como una forma de compartir experiencias, tanto en la creación de un libro como su distribución por canales modernos.
Inscripciones al celular +54 9 2257 521372 o al mail pierogfiori@gmail.com. Comienza el sábado 24/01/2026 y culmina el 28/02/2026 (horario de 15:00 a 16:00 hs.).

lunes

Por qué escribir

La respuesta a la pregunta del título es simple, la escritura es un arte y dado ello, es necesario desarrollar él mismo sin importar si tendrá el texto una buena recepción y/o saldrá del ostracismo uniéndose al resto de manifestaciones semejantes de la humanidad. Sin temor alguno, ya que es un ámbito en donde soltarnos mostrando nuestro lado más humano con prescindencia de las caretas que portamos no mostrándolas por lo general al mundo cercano que lo puede ignorar.

Escribir es un arte, el mayor de ellos, siendo que en otras manifestaciones culturales muchas veces se reduce la expresión de las letras adaptándolas hasta que en ciertas ocasiones queda poco o nada de la obra existente es los libros.

También, la escritura es la supervivencia de los libros que existen desde que los romanos (a fuerza de sandalias, adoquines y lanzas) inventaron los códices dejando atrás al viejo papiro habiéndose adaptado al paso del tiempo, cual radio, con versiones digitales a las que les falta un ingrediente nada más: el olor a libro nuevo y la conducta reiterada en el tiempo del ser humano de percibir dicho aroma.

Escribo dado que existo, millones antes que mi mera humanidad han hecho lo mismo dejando un testimonio de épocas tan distintas y tan humanas como la nuestra, hablándonos desde un momento de la historia en la que los raudos avances tecnológicos del presente no eran ni siquiera concebibles (a menos que te llames Julio Verne).

El tiempo corre igual a los granos encerrados en un reloj de arena imaginario, con cientos de días que se deshacen entregándonos su sol de cada mañana y sus noches con todos los matices posibles. Tú que sabes que es así, escribe o perece.

domingo

Texto en viaje 6

¿Quién te ha visto y quién te ve? le soltó Primitivo a su hijo Juan, vuelto padre.

¿Quién te ha visto y quién te ve? me dijo el viejo Caito con sus cabellos blancos y el recuerdo de un camión que deambula en otras rutas.

¿Quién nos ha visto? Cargamos vidas que un día nos llevarán a nosotros, alzándose mientras su sombra se alarga a la par que nos encorvamos con el peso de los años.

Dado que así son las luces y sombras de esta existencia. 

Meditación 1.0

Mi padre se fue un jueves por la noche, dejando un vacío que no pude llegar hasta ahora, ni siquiera con la llegada de un hijo que en su ros...