Mi padre se fue un jueves por la noche, dejando un vacío que no pude llegar hasta ahora, ni siquiera con la llegada de un hijo que en su rostro refleja el pasado y al amor vuelto dolor por la ausencia. Cada día de mayo en él que se repite la partida el pesar se asienta en el presente como una piedra difícil de quitar del camino y siendo que el tiempo nos aleja del evento aún el dolor permanece. Siempre está presente en ausencia, con su rostro, sus palabras y algún que otro audio que cuenta una vez más la historia del pueblo en donde conoció a mamá.
¡CAMINA EN LA LLUVIA! www.pierofiori.com
Blog del autor ítalo argentino, Piero Fiori. Esta obra está licenciada bajo la Licencia Creative Commons Atribución 2.5 Argentina conforme se describe en la página intitulada "Creative Commons".
domingo
sábado
Estrellas
jueves
Trabajando en un texto
Te he dejado a un lado viejo compañero y no era para menos, son casi ocho años desde que comencé a escribir libro tras libro y se invirtió el orden literario: el blog motivó las novelas y ahora las novelas motivan estas líneas. En este 2026 se cumplen los primeros dieciocho de tu existencia, nacido por mi gusto por la animación y sin dejar de lado la música de Cowboy Bebop. Es una época arcaica esa diría yo, recibiendo el asombro de algún joven para él que dos minutos es un pasado remoto. Así nació esto, tan simple como una canción sonando y resonando en la memoria un día de las Pascuas en él que me encontraba atacado por las anginas que me dejaron en cama hasta el domingo. Ahí resucité, nací de nuevo a un mundo en donde la lluvia había caído haciendo que sintiera el olor de la tierra negra mientras deambulaba por la Avenida Colón, en MDQ. No es extraño que haya llegado hasta este punto con tanto texto que surgen viendo la vida que transcurre, con nosotros actores de ella y escribas de un momento irrepetible. ¡Salud blogueros y lectores! Felices Pascuas.
martes
Hace mucho tiempo en Azeroth
Es el año 2002 y mientras retomó el abandonado Warcraft II, La Comunidad del Anillo y Las Dos Torres mediante, ha quedado en mi memoria una imagen de una pelea entre los Orcos y los Elfos nocturnos en donde el héroe debe ser revivido en el altar de las tormentas (otrora permitía sacar a los ogros y darles las mejoras respectivas). Dicho héroe orco se llama Gromash Hellscream, de hecho lo rescaté en Warcraft II Beyond The Dark Portal y al comienzo del prólogo orco en la tercera entrega (siempre está preso Grom). Habiendo seguido las enseñanzas del Jefe de Guerra, Thrall, los orcos abandonaron la sed de sangre y la magia vil que los consumió en el pasado. El viejo profeta, él mismo Medivh al que maté en Warcraft Orcs & Humans, juega de relator de la historia así como de nexo argumental siendo que culminará diciéndole a los enemigos de antaño que deben unir fuerzas contra los demonios. En este camino que culminará con la batalla en el Monte Hyjal Gromash hallará la redención tras haber caído en la corrupción de la sangre del Señor del Foso Mannoroth y ultimar a este último perdiendo su vida. El recorrido de los personajes no es sólo la búsqueda de salvación, sino de redención y allí el contraste con Arthas. Mientras el príncipe de Lordaeron buscando salvar a los suyos termina convirtiéndose en verdugo de aquellos a los que amaba. Jaina, Tyrande y Thrall representan a los enemigos que se unen (aunque sea momentáneamente) para evitar el exterminio de toda señal de vida y la perdición del planeta Azeroth.
En el año 2004, habiendo culminado Warcraft I y II así como Starcraft, me puse a jugar en un cíber café de la calle Santiago del Estero casi Avenida Colón, de la ciudad de Mar del Plata, la campaña de esta tercera entrega y enseguida me terminó atrapando comenzando a jugar en LAN con un par de amigos tanto a versus entre nosotros como contra el CPU. Hubo un tiempo ulterior en él que, título universitario de por medio, dejé la ciudad para volver de tanto en tanto con mi portátil bajo el brazo y a la batalla se ha dicho. Los cibercafés (se puede escribir así también) fueron desapareciendo con la llegada de la internet a los hogares siendo el 2012 él correspondiente al último año en donde fuimos a una de estas salas a despuntar el vicio.
Warcraft III es el único juego que he instalado bajo Windows XP, Windows 7, Windows 8, Windows 10 y Windows 11, sin contar que la segunda parte fue jugada en mi viejo Pentium 233 MMX del año 1998 así como en PlayStation II (la Dark Saga que distribuyó EA). Me ha seguido como mi sombra a lo largo de las últimas dos décadas y cada vez que tengo un rato (aburriéndome de los demás juegos) siempre vuelvo a esta edición que es la mejor de todos los capítulos correspondientes al RTS. Al final Arthas asciende al Trono de Hielo en la expansión del 2003, los Orcos fundan Durotan (en honor al heroico padre de Thrall que aparece en la película del 2016 Warcraft The Beginning) ayudados por Rexxar, los No Muertos se dividen y aparecen Los Olvidados, los Elfos de Sangre se separan de la Alianza y los Humanos son liderados por Jaina.
sábado
Eneas ha llegado
Eneas ha desembarcado en una tierra
extraña, con la añoranza de la vieja Ilión y sus muros derrumbándose entre las
llamas, la sangre de sus hermanos y los invasores devastando hasta los
recuerdos.
Carga con el peso de los propios y
a su padre ya anciano que murmura sobre tiempos de felicidad en tanto las naves
pasaban sin detenerse a tratar de derrumbar las murallas eternas.
Las barcas se destruyen ya que no
hay vuelta atrás, sólo el camino nuevo al que el sol aún no ilumina.
Rómulo y Remo no han nacido
todavía, hace falta el descenso a los infiernos en busca de consejo viendo los
fantasmas del pasado así como a Teseo que aún sigue con vida, brindando con el
taciturno Hades.
La ciudad se alza, no sin batallas,
convirtiéndose en el faro eterno de la humanidad cuyas ruinas le hablarán del
pasado al presente que es futuro en ese momento.
La guerra regresa, las vejaciones y
es la hora de partir nuevamente ya que aquí sólo quedan restos de vida y
recuerdos rotos.
Cruzando el océano aguarda la patria nueva, portando en el corazón a aquella tricolor y allí, en un lugar lejano, Eneas desembarcará una vez más con el padre Gualterio portándolo de la mano.
jueves
Antología "Más allá del umbral"
UN VASTO UNIVERSO AZUL, PARTE I
La primera de las olas llegó convertida en una onda, semejante a las que surgían en los charcos cuando, recubiertos de hielo, eran explotados por diversos meteoros, todos ellos salidos de la mente de aquellas mentes pequeñas que iban rumbo a la escuela cerca de las ocho de la mañana con el frío que se metía entre los pliegues de la ropa que portaban y que sería desparramada sobre el respaldo del pupitre y en los hombros una vez que los liberaban, para retornar a casa pasando por el espejo roto en donde las hojas de los eucaliptos se acumulaban dándole un tono anaranjado.
Al
caer el verano en todo su fragor, cruzaban los médanos, que como viejos
guardianes custodiaban al pueblo en las horas de la noche en las que el mar
rugía, y se topaban con el espectáculo. El desierto de arena como la última
prueba antes de las frías aguas que le quitarían el ardor al menos de la piel y
cuyos brazos hídricos los recibirían de la misma forma que una madre al
regresar al hogar. Las ojotas en las manos y a correr por sobre los granos de
silicio que ardían bajo aquel astro inclemente como pocos y se zambullían en la
espuma que era levantada por el viento del este, marcado por el sol al amanecer
y por el solitario faro en el crepúsculo. Después, los proyectiles impulsados
por la brisa les mutilaban los tobillos hasta que simplemente se secaban y ya
los impactos no se sentían. Se iba un día más con el globo anaranjado
hundiéndose en el horizonte y la luna roja emergiendo, junto con la inevitable
aparición de los mosquitos que los obligaban a irse de la playa.
Gabriel
echaba una última mirada al mar, que se confundía con la noche y el cielo,
antes de trepar la loma que llevaba a la Avenida del Viejo Marino. La tosca
crujía bajo sus pies mientras las luciérnagas iluminaban el camino de regreso a
Los Álamos. Así se sucedían las tardes del estío, tan esperado, mientras el
resto del año el pueblo caía en un letargo, del que solo emergía, como un
batracio, cuando los peregrinos de la ciudad venían a curar su locura entre las
olas.
En
las noches de invierno, sentía el llamado de la masa de agua, que lo esperaba
con la paciencia de quien sabe que aquel que se ausenta volverá algún día, ya
sea con las sienes cubiertas de canas, en el mejor de los casos, o con un
desierto sobre él donde apenas brille la luz de la mañana.
Un
verano más. Los guardavidas que marcaban el área de salvataje con la cartelería
indicado el final de la zona de baño que en la afluencia de personas poco les
importaba a los miembros del grupo de pibes que no se frenaban un instante a
observar los restos de un viejo naufragio. Excepto uno, que se alejaba de
aquella zona, manteniéndose a la izquierda de la chimenea de la embarcación,
convertida por el incansable trabajo de la marea en una masa oscura. Se
mantuvo cerca de la orilla, aunque pronto dejaría de lado las precauciones ante
el oleaje tranquilo, sintiendo el tirón de la corriente que lo obligaba a
hacer fuerza en el sentido contrario. En un instante, sus pies ya no tocaron el
lecho marino y fue arrastrado por una mano colosal que jalaba de sus hombros
dirigiéndolo hacia la vorágine. Entonces, una fuerza equivalente, manifestada
en el brazo de una mujer que nadaba cerca, contrarrestó la tragedia inminente y
lo obligó a salir a la orilla. Cuando el susto pasó, contempló la vasta masa de
agua que le resultaba ominosa y se alejó con el temor instalado en su interior,
ocultándolo a la vista del mundo, dado que debía rendir cada día el examen de
la valentía.
En
el otoño trotaba sobre las dunas con los borceguíes, que lo obligaban a hacer
más esfuerzo, pasando por el túnel submedanal, que era nuevo. Enseguida el
viento se ocupó de que el paisaje recuperara su fisonomía, echándole a aquella
garganta el peso de las décadas. Trotaba hasta el arroyo que servía de límite
natural y entonces regresaba sobre la arena mojada, con el mar calmado en la
mañana, siempre con la sensación de que algo lo observaba desde las
profundidades, de modo que aceleraba el paso hasta trepar a la seguridad de los
guardianes que fingían dormir.
En
algún resquicio de su mente quedaba flotando la idea de haber sentido algo más
que la fuerza de un canal tirándolo hacía la zona del hundimiento de aquel
barco, convertido en un banco de mejillones. La misma que, en ocasiones, hacía
que los bancos de arena se partieran en dos, llevándose a más de un pescador en
una inversión irónica de roles, según las placas del monolito que descansaba al
resguardo de las torres de arena.
Mudaría
la piel hasta perder la vergüenza y, finalmente, le contaría a su psicoanalista
sobre la pesadilla que se repetía: el mar viniendo a cubrir el pueblo,
engulléndolo todo bajo una sombra de colmillos brillantes que teñían de rojo
las aguas al retirarse, dejando una catástrofe en la costa y un profundo silencio.
—Talasofobia.
—Fobia
al mar.
—No,
miedo extremo a los cuerpos de agua profunda, no así miedo al agua.
—Casi
me engulle.
—Es
una neurosis.
—La
mujer que me salvó se llamaba Hela.
—Conveniente
el nombre.
—Sí,
lo sé.
—Pero
la sesión se ha terminado.
Tomó
el ascensor que lo depositó en la entrada, una vez descendidos los siete
pisos. Respiró de una bocanada el aire frío de la noche, aunque de limpio tenía
poco, y se fue calles abajo hasta el café cuya atmosfera le embriagó los
sentidos. Era viernes, un buen momento para escaparse del servicio de call
center y del bodrio que implicaba escuchar los problemas de los demás
sabiendo que el servicio era deficiente.
Se
bebió un café doble, nada de alcohol, ya que en el departamento sombrío lo
aguardaba el lienzo presto para ser invadido por los colores. Los paisajes
atlánticos se repetían: playas crespadas y en paz, lunas embriagadas que
reemplazaban a soles cansados, brazos perdidos entre el vasto universo azul y
muchas sombras en las profundidades.
Luego
dormiría para tener una pesadilla que se acentuó con los años, que le cayeron
encima como aquellos granos cubriendo el techo del viejo túnel que emulaba a
una garganta abierta en la arena. Estaba sentado sobre el médano más alto que
conocía, oteando las casitas que se levantaban en los alrededores, mostrando
la expansión inevitable de las poblaciones una vez que los prófugos de las
urbes las descubren y tiene la misma idea.
Los
restos de una fogata yacían unos pasos más abajo, en la depresión surcada de
huellas de motocicletas, que a veces encontraban a algún turista tomando el sol
y culminaban con estos últimos lesionados. Miró hacía el este, aunque faltaba
para que el faro comenzara con su labor, y dirigió la atención al espejo azul y
al horror que se alzaba, elevando más y más las aguas.
La
playa despareció, el desierto ardiente se volvió oscuro y las dunas fueron
tragadas por aquella masa de agua en cuyo centro se erguía la figura colosal,
extendiendo los brazos azules. Antes de ser tragado por la vorágine, tuvo
conciencia de que los tamariscos danzaban con sus raíces sin poder asirse,
quebrándose en la oscuridad que lo rodeaba, en cuyo centro el titiritero y él
se encontraban luego de cuatro décadas y media.
El
último registro de su mente antes de morir fue el de la casa de sus padres,
desdibujada por el tsunami que extendía sus manos para pasar a centímetros del
tejado, que se perdió en las penumbras.
martes
Curso de escritura
Inscripciones al celular +54 9 2257 521372 o al mail pierogfiori@gmail.com. Comienza el sábado 24/01/2026 y culmina el 28/02/2026 (horario de 15:00 a 16:00 hs.).
lunes
Por qué escribir
La respuesta a la pregunta del título es simple, la escritura es un arte y dado ello, es necesario desarrollar él mismo sin importar si tendrá el texto una buena recepción y/o saldrá del ostracismo uniéndose al resto de manifestaciones semejantes de la humanidad. Sin temor alguno, ya que es un ámbito en donde soltarnos mostrando nuestro lado más humano con prescindencia de las caretas que portamos no mostrándolas por lo general al mundo cercano que lo puede ignorar.
Escribir es un arte, el mayor de
ellos, siendo que en otras manifestaciones culturales muchas veces se reduce la
expresión de las letras adaptándolas hasta que en ciertas ocasiones queda poco
o nada de la obra existente es los libros.
También, la escritura es la
supervivencia de los libros que existen desde que los romanos (a fuerza de sandalias,
adoquines y lanzas) inventaron los códices dejando atrás al viejo papiro habiéndose
adaptado al paso del tiempo, cual radio, con versiones digitales a las que les
falta un ingrediente nada más: el olor a libro nuevo y la conducta reiterada en
el tiempo del ser humano de percibir dicho aroma.
Escribo dado que existo, millones
antes que mi mera humanidad han hecho lo mismo dejando un testimonio de épocas tan
distintas y tan humanas como la nuestra, hablándonos desde un momento de la
historia en la que los raudos avances tecnológicos del presente no eran ni
siquiera concebibles (a menos que te llames Julio Verne).
El tiempo corre igual a los
granos encerrados en un reloj de arena imaginario, con cientos de días que se
deshacen entregándonos su sol de cada mañana y sus noches con todos los matices
posibles. Tú que sabes que es así, escribe o perece.
domingo
Texto en viaje 6
¿Quién te ha visto y quién te
ve? le soltó Primitivo a su hijo Juan, vuelto padre.
¿Quién te ha visto y quién te
ve? me dijo el viejo Caito con sus cabellos blancos y el recuerdo de un camión
que deambula en otras rutas.
¿Quién nos ha visto? Cargamos
vidas que un día nos llevarán a nosotros, alzándose mientras su sombra se
alarga a la par que nos encorvamos con el peso de los años.
Dado que así son las luces y sombras de esta existencia.
Meditación 1.0
Mi padre se fue un jueves por la noche, dejando un vacío que no pude llegar hasta ahora, ni siquiera con la llegada de un hijo que en su ros...
-
El arroyo atravesaba el bosque y los rayos del sol, que lograban filtrarse entre los ancestros de los árboles que poblaban la tierra, ac...
-
Mario despertó en la soledad de su cuarto contemplando a los planetas en suspensión sobre su cabeza, giro un instante la misma para notar ...




