viernes

Bondi

En el asiento de fondo del primer bondi
arrastro las rutinas que despedazan
las ganas de vivir, 
fragmentos de un rompecabezas 
que yacen esparcidos.

Cada tanto recuerdo que alguna de esas piezas 
pueden permitirme
terminar de construir el siguiente sueño,
pero siempre falta algo.

Maldigo la mayor parte de la semana
sólo para encontrarme emprendiendo
éste viaje una vez más, 
la escena se ve parecida pero nunca igual.

Por eso tal vez juntar todas las piezas no tenga 
en sí un significado, sino que sea la excusa 
para encontrar ciertos rostros que no se repiten, 
sólo se renuevan.

jueves

Melancolía

Cae el sol al final del domingo,
apenas quedan señales de la vida
que intentamos llevar para volver
a la monotonía del lunes que ya
se nos viene encima como algo
inevitable e imposible de parar.

Me tomo el último momento como
si fuera todo el aliento que me
quedara, tal vez una bocanada 
en la noche que se ha cerrado
y luego a los sueños, reposando
para poder volver a ver esos rostros
en los que dejamos un futuro
incierto pero maravilloso.

Esto es una excusa más para
poder manchar a la hoja solitaria
de la tinta, luego a ese espacio
en el que todo se pierde
igual que en el océano.


sábado

Ñ

Valiente letra, 
tú que te aferras 
al resto de los vagones 
y esperas temerosa 
no ser cercenada, 
nave insignia del lenguaje, 
por estandarte una virgulilla 
que te diferencia de la envidiosa 
hermana que niega reconocerte, 
sólo porque te destacas entre 
tanta consonante como 
la única que conserva la cabellera. 
Las demás las vendieron, 
entregadas a la esclavitud de 
sentirse vocales titulares 
y consonantes demasiado estrechas 
para poder extender todo su potencial. 
Descabelladas ideas 
así que he de alzarme 
majestuosa ante los foráneos, 
dado que no me conocen 
y lucen asombrados 
como una h inglesa 
que se descubre muda por aquí.

Ares

Danzando alrededor del árbol de las Hespérides encontró a Dionisio ocupado en correrle una carrera al Tiempo, sólo que este último se había ido a otra parte y dejó a su competidor abandonado. Ares estalló de rabia, más que en cualquier batalla y le quitó al dios beodo la botella que sostenía en sus manos, Baco abandonó la fiesta dirigiéndose a la forja de Hefesto y hurtando el vehículo de carreras que este recién había terminado. A Cronos se le gana sobre ruedas gritó mientras daba una vuelta más al árbol y se encontraba con el iracundo Marte, quien de una patada destrozó el carro, Dionisio siguió corriendo alrededor de aquella planta, Ares le lanzó una maldición y el dios ebrio terminó de la única forma de tratar una mamúa, durmiendo bajo las ramas.