sábado

Oda

Beber es humano,
así que bebamos
y alcemos las copas
rebosantes de Malbec.

Entonemos un himno de batalla,
para que su eco sea un susurro
en la noche previa a la contienda.

Al amanecer los jinetes cabalgarán
como reyes de metal,
incluso la doncella irá 
montando un corcel de hierro.

Y el acero, guardián ciego,
traerá una sonata fría
como la ventisca del sur.

Hasta ese sacerdote pagano,
que anoche cantó con nosotros,
vendrá a lavar sus pecados
en esta última carga
hacia la gloria.

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