lunes

Tarde


Llegó la tarde, cayó el sol pero siguió hablando a través de las aves que anunciaban los últimos rayos y es entonces que vinieron las penumbras. El juego de las sombras cubriendo con un manto la jornada, luces artificiales con las que le decimos cuánto se lo extraña. Cena, la hora de los sueños puede romper el hechizo de la oscuridad viviendo un día eterno, sin los límites del afuera. La mano del pintor deshace el tono negro, aclara el asunto en otro amanecer en el que se renueva el aire y la tormenta regresa, tal vez en esta ocasión no pase de largo. Ya el rocío preparó la canaleta, la que aloja en una hoja seca el mensaje de despedida del verano y luego se vuelve fragmentos, que corren cuesta abajo hasta ese hormiguero que se construyó con las hijas de un árbol.

Cuaderno 2, 16.


Escolleras


En un intento vano al hombre se le ha dado por detener al mar, primero se paró frente a él e intentó frenarlo con sus dos manos. Luego simplemente empezó a apilar piedras armando gruesos muros por cuyas fisuras el agua amó a la arena. Vuelta la piedra en granos el ser humano siguió peleando una derrota inamovible, olvidando que si dejaban de sacar los médanos para levantar las edificaciones que el tiempo derrumbará, simplemente nada de esto pasaría. Pero ahí están los rascacielos como prueba de la estupidez, intentando mostrar su estado elevado por encima de los demás y no recordando que cuando se pongan vetustos han de ir a parar a la misma pila de materiales triturados, base de los siguientes monumentos faraónicos que no son más que tumbas y silencio. El oro ya se lo llevaron otros.  

Cuaderno 2, 15. 

Carnaval


Los tambores anuncian la llegada del carnaval, aunque aún quedan unos días hasta llegar a la celebración. Sin embargo desde la tarde suenan sin pausa, un coro potente de redoblantes que ha ensayado a lo largo de enero. La noche se llenó con esos estruendos, la tormenta de ayer recibió un tributo por haber aliviado el sufrimiento. En cada golpe sacan la angustia y como alquimistas la tornan en una especie de liberación, será en otro momento que deberán volver a sus habituales vivencias. Por ahora todo se reduce a preparar el ambiente, el fin de semana largo se presta para permitir los festejos sin nubes negras cerca. Esto no es sino una excusa para no estar pendiente de aquello que es lo de siempre, lo de todos los días y podemos dejarlo esperando afuera aunque sólo sea por un rato.

Cuaderno 2, 14.

Embajador


El paisaje urbano se ha ido alterando, la base lunar otrora pista de baile y de copas se tornó un gimnasio. El que vuelve cada tanto nota la manera en la que la mano demoledora renueva el escenario, incluso se ha recurrido al extremo de cambiar a los actores principales por jóvenes desconocidos. Lo que se dice el paso de los años, las modas pasajeras de siempre, es obvio que nos han de resultar extraños. Sin embargo el cine viene a ser ese representante de épocas sin tiempo, cuando la función arranca en ese espacio el mismo se detiene. Historias de antes se vuelven el ahora, lo que vendrá no es sino otra película que nos termine atrapando y generando en esa fascinación una situación que no sabe de momentos históricos. El parangón se puede trazar con un par de fenómenos, que encierran un balón y una pluma. Pero por el momento hemos de quedarnos con la sala a oscuras, una única luz sobre la pantalla blanca y el milagro de los subtítulos, cosa de incluir a varios en ese deleite. El cine encierra un lenguaje único, un par de llaves maestras dan el giro de tuerca y de repente el villano es en realidad un antihéroe, con una historia de vida que concluye en la cima desde la que cae. Pero antes pronuncia un simple nombre, el del único juguete que lo ata aún con su humanidad. Las luces se trasladan al salón, es hora de que el reloj siga corriendo.    

Cuaderno 2, 13.


Décadas


Justo en esa esquina estaba, dos vidrieras y una puerta en el centro, aunque desde afuera era poco lo que podía percibirse. Sin embargo, Orión se encontraba sobre uno de esos monitores de tubo como una especie de guardián del lugar. Aunque los distintos ratones que allí moraban habían llegado a una especie de tregua, el gato estaba convencido, pese al pacto, que con el cable adosado no podrían ir muy lejos. De más viejo aparecerían las versiones inalámbricas y ahí al felino se le quemarían los papeles. La gente acudía allí en búsqueda de soluciones informáticas, léase una infección del sistema producto de un mapa más para jugar y el disco de tres un medio iría a la basura. Pero la máquina seguía enferma, así que con la medicina en su versión 2002 se ocupó de eliminar la infección antes del regreso del propietario. Luego la casa de computación se tornaría pescadería, la descendencia gatuna en vigiladora de los alrededores, aunque muchas veces no fueron los roedores los que se hicieron con parte del pescado ante un descuido de los transportistas. Parece que aquellos ubicados en la ría les transmiten a sus hermanos marplatenses información sobre el contenido de la carga por medio de ciertos roedores y terminan compartiendo el botín. Hasta que la pescadería cerró, la empleada recibió la liquidación final y un poco de palometa congelada. Luego bajó por la avenida hasta el centro y empezó a preparar la mudanza, una parte de su cena alimentó a un gato callejero.   

Cuaderno 2, 12.

Mardel


Lo bueno es el registro de viaje, por poco que sea permite resucitar sensaciones y alejar por algunos momentos todo eso que hacemos a diario. Veo lo qué sentía unos años antes, repito el hábito de detenerme un instante y escribirlo. Luego dejaré la estación ya que estoy de paso, para adentrarme en las entrañas de la bestia que duerme afiebrada en este febrero caluroso. Es el clima el que mantiene lejos a las personas, obligando a hurtar cualquier pedazo de sombra y no abandonar esa posición sino cuando las estrellas den la señal. Hasta entonces hemos de mantener la resignación, pero el hecho de esta visita no planeada hace que se torne llevadera la situación. La tinta no sabe de detenerse, el calor parece no afectarla.

Cuaderno 2, 11.


Febrero


Encontré un aula desierta, el olor a pintura fresca y el sonido de un martillo derrumbando paredes. El vacío de las voces que partieron hacia infinitos destinos, una inscripción en una mesa y un borrador hurtado de otro salón. Las huellas de la despedida de hace un año y moneda fueron reemplazadas por marcas parecidas, en todas ellas hay un adiós subrepticio que no ha sido más que ver cerrarse una etapa. Detrás del telón aún hay caras conocidas, otras se han ido a seguir con un capítulo nuevo pero siempre dentro de la obra que implica vivir.

Cuaderno 2, 10.

El cuervo


Pues, ni bien la primera nube fue corrida por un rayo de sol desapareció la tormenta y cesó la lluvia. Entonces el anciano observó por el periscopio la superficie apenas agitada de la mar, el mundo conocido se había esfumado. La tripulación aguardaba las órdenes así que a los fines de que no cundiera el pánico el viejo realizó un sorteo. Era necesario mandar un emisario a solicitar audiencia a los moradores de tierra adentro, el elegido resultó ser un miembro de la elite de los cuervos de las tempestades. Un grupo famoso por adueñarse con facilidad de cosas que no le pertenecían, la cuestión es que transcurridas varias jornadas el embajador no regresaba y esto inquietaba a los ocupantes de la nave. Así que sin previo aviso las aves negras designaron una comisión, cuyos integrantes partieron antes del alba en la misma dirección que su hermano y tampoco se supo nada nuevo. Harto de la espera el capitán eligió a un miembro de su diplomacia más especializada y la mandó con cargo de volver si transcurrían más de veinticuatro horas de viaje. La avezada piloto, conocida como la paloma, regresó unas cuantas horas después y dio buenas noticias. La tierra estaba cerca, pronto los que tenían pezuñas podrían dejar sus huellas debidamente legalizadas por aquellos que se arrastraban y por las que soltaban los restos de la cena anterior. Lo que ignoraban era que el cuervaje había tomado el control del continente por medio de un artilugio mágico, la ley escrita. En su artículo primero disponía que todos los seres vivos eran iguales, excepto los plumíferos negros a quienes les había sido concedido el honor y deber de guardianes de las normas. Dado que eran pocos decidieron pedirle a las gaviotas que se pintaran de negro a los efectos de que en los discursos del supremo cuervo parecieran miles. De esta forma lograron el control de las masas, poniendo al ser humano en el final de la lista de importancia. Al viejo esto no le importó, construyó una casa y se dedicó a cultivar uvas para diversos propósitos. Esperó a la primera lluvia, ahí se les borró la pintura a las aves disfrazadas por lo que tomó una madera a modo de garrote y de un golpe mandó a dormir al ave en jefe. Los cuervos insistieron en que debían indemnizarlos, pero el anciano se limitó a chumbarles el perro y asunto terminado. O eso dicen.
Un día más tarde de ese acto de justicia el viejo recibió una carta documento entregada por la ahora paloma mensajera. El servicio diplomático había sido desmantelado y reemplazado por un ave negra en cada puesto clave. El texto rezaba lo siguiente: “Por la presente intimo a que en el plazo de 48 hs. proceda a indemnizar los daños y perjuicios ocasionados a la persona de mi defendido, al interrumpir el discurso de adoctrinamiento que éste impartía como todos los lunes cuando usted le asestó un golpe seco que le ha provocado pérdida de la memoria. Como consecuencia ahora se cree un loro. Mismo plazo indemnice a las adeptas por el borrado de tintura y se abstenga de acercarse al círculo negro de manera indefinida. Caso contrario se le iniciarán acciones legales. Queda el Sr. Noé debidamente notificado y emplazado. Ceso intercambio epistolar no sin antes fijar domicilio legal en calle Truchada Nº 667, Estudio Jurídico del Dr. Malavida y Asociados, teléfono 09122018”.
Noé tomó el pesado cayado, la valija y el sombrero dirigiéndose al exilio allá en donde el horizonte se funde con el océano. En ese lugar no hay leyes excepto la mirada del de arriba, el chamuyo no sirve de nada y las malas intenciones encuentran tumbas de sal. Tal vez él haya encontrado una de esas o la paz de una llanura infinita, poblada de amigos y rostros conocidos. En las ramas de los árboles no hay aves negras, apenas una leve brisa que balancea a las flores. Ningún graznido, sólo silencio.  

Cuaderno 2, 8.


Existo


Más que sólo carne y sangre, un infinito océano de posibilidades para crear, amar, sentir, pensar y escribir. Las horas que transcurren no justifican esto sino simplemente el hecho de llevarlo a cabo y ver el resultado aunque sea de manera inconsciente. Necesariamente el hacer implica un acto de voluntad, empleando el tiempo en ello pero poniendo parte de la humanidad que poseo. Es imposible no reflejar la vida en lo que uno hace, cualquier acción se traduce en emplear energía vital en ello. Concluida la obra empiezan a aparecer las grietas, las críticas poco constructivas de aquel que no contento con el paisaje se dedica a cortar el lienzo hasta reducirlo a nada. Entonces el mensaje es claro, se proponer acabar con el autor destrozando su creación e intentando llegar al hueso. Luego llueven los justificativos, el estigma que fundamenta el daño ocasionado. Simplemente no estoy de tu lado, lo cual no nos vuelve enemigos, pero en una sociedad de extremos no se admiten las medias tintas. Incluso en este caso a los fines de la aceptación de aquel que requiere el visto bueno de otros, debería vestir los colores de un bando pero simplemente no puedo. Yo no estoy con nadie, existo porque mis actos lo confirman y las etiquetas no sirven de nada. Sin embargo dudo que entiendas esto, aunque realmente no me importa dado que no necesito que alguien más apuntale alguno de mis dichos. Soy, fuera del plástico y de los números de serie existo en cada momento en el que simplemente ando sin excusa alguna por ello.

Cuaderno 2, 7 bis.


Vieja herida


Ruta 11, una frenada en pleno viaje y una serie de improperios de parte del acompañante entrado en años. Mientras los bomberos quitan los restos de un vehículo y los cuerpos sin vida sorbe el último mate. Hace calor, más que en otros veranos, en una suerte de infierno que hace hervir el asfalto. Los mosquitos aprovechan cualquier resquicio, se les ha dado la tarea de cobrarles peaje a quienes se aventuran por sus dominios. Zanjas en las que el agua de la lluvia no va a ninguna parte, monumentos al Gauchito Gil, estrellas amarillas y cruces en la vera. De repente el dolor en la rodilla regresa, generalmente el calor atenúa el recuerdo del accidente sufrido un día parecido a ese. Sólo que su papel era el del escolta de la ambulancia rumbo a la morgue. Un llamado anónimo, el cuerpo tenía bastante tiempo ahí pero no hubo dudas sobre su identidad, nadie aparece si el victimario así no lo quiere. Demasiado tránsito en la ruidosa Buenos Aires, varios años antes de la era oscura y de los resultados obvios. Pérdida del respeto por las reglas, cualquier cosa que implique autoridad debe ser contradecida, expresión en todo su esplendor, libre albedrío y si pueden te pasan por arriba. Consecuencias ninguna, el dedo acusador tilda de gorilas a quienes no sigan la doctrina impartida. Se justifican las medidas con el tilde de golpista, muchos derechos en razón de la opresión sufrida y cero obligaciones. Los idiotas ganaron una batalla ideológica, adoctrinando a las generaciones siguientes en que cualquier democracia es mejor a ser gobernados por un montón de asesinos. Pero es únicamente un disfraz, no sea que aspiremos a algo más que esta farsa formal de hablar de libertades. Ahí está el derecho a circular estampado entre la sangre y el plástico, la banquina se encuentra despejada así que en el afán de llegar intentaron ganar por ese lado. Ahora sus restos llenarán las tapas de algún diario y las arcas de la casa de sepelios. Después de todo no se ven tantos clientes en un solo día, los caranchos no son los únicos que andan al acecho. Al viejo esto le suena familiar, las voces de sus nietos están en otro plano en cuanto recuerda el sonido de las sirenas ese día al que ha regresado. Aparte de los curiosos y los medios gráficos tuvieron que tratar con el choque de la ambulancia, el patrullero se incrustó detrás de aquella y de ahí el dolor en la rodilla. Por un momento confundió al hijo con su compañero en esa otra mañana aunque al traspasar el arco de la entrada regresó a este siglo. Del otro quedaban cada vez menos rastros en tanto la década avanza, semejante a la desaparición de la sequedad producto del agua que cae en formato de lluvia. Regar para volver el paisaje vivo, verde y húmedo, luego se elevará el aroma a la tierra mojada a los efectos de un aguacero. Ahora la rodilla no jode, un poco más y habrá olvidado el incidente. Los demás sufren los efectos de los excesos, los lentes oscuros ocultan esto y lo que se encuentra pensando. En la mano derecha sostiene la manguera, en tanto el otro brazo yace en jarra. Luego será el tiempo de beber los verdes, ahuyentando a los mosquitos y perros vagabundos hasta que todo sea un recuerdo. Una vida lejana.     

Cuaderno 2, 7.


Día 8: España

  Dos alargues después vinieron los de rojo, superando en todas las líneas a los Albicelestes que se terminaron quedando con uno menos en ...