Había una vez un perro sin nombre, que luego descubriríamos que la palabra culminaba con a, esperando en la entrada a un hogar que alguno le tirara una migaja y así por allí pasé ignorando aquella presencia. Pero un rato más tarde se hizo la luz para ella, con el arribo de otra persona que apartada de los ruidos del mundo debía ver para saber y así la llevó con ella hacia el interior de aquel mundo entre los demás mundos. Al caer la noche le daría el agua que necesitaba en una olla vieja, escuchándola beber. Así Pietra llegó a nuestras vidas.
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