domingo

Vacío y olvido


En ese día no quedarán más que las paredes
llenas de cicatrices que no son intentos de
alguien de arruinar la pintura nueva en la
que no invirtieron, sino la muestra de que
todo a la larga cae en la decadencia por
culpa de aquellos que se han dedicado
a guardar pedazos de metal en cofres
herrumbrados al que únicamente
las cucarachas se atreven a frecuentar.
Debajo de la pila de libros anaranjados
quedan los dibujos mojados, con colores
que se han fundido en un abrazo
y al pie de la obra el nombre de ese
último prisionero que ahora ha conseguido
vagar por el mundo como un recluso más
al que le machacaron las limitaciones
con eufemismos de felicidad y armonía.
Cree uno que anda a sus anchas
pero si mira con atención descubrirá
al insecto en la baldosa recién lustrada,
aplastándolo con toda la fuerza
que tenga a su alcance dando
luego la alarma para que otros en situaciones
parecidas se dediquen a contener la invasión.
A esto lo sucede el silencio,
la rayuela que se borra en el patio de
comienzos de marzo, los fantasmas desalojados
de los tragaluces y la pesadez de tener
que volver a cargar con todas esas mochilas
que se repite en incontables
ocasiones sin reacción alguna.
Salvo por el hecho de que me he dado
cuenta de lo insano de ello,
empezando con las etiquetas
a los fines de dar con el diagnóstico
de esa enfermedad que implica
ser diferente y no agachar la cabeza.

lunes

Demonios


Los monstruos tienen piel, carne y huesos, están a nuestro lado aparentando ser normales pero afilan sus garras en las sombras esperando el crepúsculo para ya no tener que seguir escondidos. Salen bajo la luna a quebrar las existencias de otros reduciéndolas a fragmentos de lo que iba a ser una vida plena, la víctima sangra sin que se note porque el zarpazo ha llegado a lo profundo del alma y no hay reparación posible. Únicamente el tiempo mitigando el daño físico, pero la mente te golpea con el recuerdo de la agresión agravada con la publicidad de la misma en torno de sorna por parte de los que eran tus iguales aunque no dudaron en lastimar sin remordimiento. Amparados por el silencio de los que te rodean, tal vez un comentario en un muro que contiene las marcas de los hechos como arañazos implorando que el tormento cese. Luego no hay nada, apenas el despojo de mi humanidad expuesta como un nervio a las inclemencias de vivir en esas condiciones. El fuego y los tormentos son sólo metáforas para asustar a los otros, a los impíos no los afecta en nada cubiertos por la inacción de los que no se ocupan cuando deben y salen de garantes de los profanadores. La muerte de la sociedad cuyas reglas se aplican en extremo protegiendo al victimario, matando el alma de la víctima a la que ya le robaron el cuerpo. Las marchas culminan con los desechos, si hubiera sido al revés nos aniquilarían rápido para demostrar que fue justicia pero la palabra es tan vacía como un texto de quien no pasó por los círculos del averno. La instancia es apenas un manojo de papeles en el que el perpetrador es el actor clamando una indemnización por las injurias y el señalado aquel que lo ha perdido todo sintiendo el vacío profundo. El peor de todos ellos, la pérdida del alma.

Agridulce


Nunca me he ido realmente y el café que me acompaña lo sabe, hemos tenido esa conversación de nuevo en torno a la loza que encierra al mediterráneo oscuro en el que el banco blanco se hunde dejando las aguas dulces. La cuchara ha emitido un sonido argentino al ser golpeada contra el borde dejando las gotas que de contrabando pretendía retener. Luego descansa sobre el plato blanco, haciendo juego con la mañana fresca empieza a dormir hasta que la despierta el grifo. Ambos irán a la siguiente batalla, la plateada obrará de catapulta que envía los proyectiles de cristal a recorrer el océano que sirve de teatro para la charla compartida por un rato y después de plataforma de lanzamiento de los sueños que pueden volverse realidad. Aunque sea uno sólo que logre cruzar la tormenta desatada, esquivando los peligros ocultos por ausencia de faro alguno aunque los ojos sobre la superficie vigilen sin descanso. A la larga se relaja dejando que la tibieza se vaya, el fondo resulta cálido y luego la sensación de frío igual a salir de entre las olas. Por eso la metáfora de loa agridulce que puede tener algo de salado también, las mismas sensaciones que al recorrer estas calles antes de que las invadan los apurados de siempre. Un par de billetes viejos cuidan la tabla sobre la que el recipiente sigue vacío y entonces llega esa nave brillante en la que los náufragos son trasladados a tierra firme. Más tarde tocará volver a hacerse a la mar, ahí seguiremos con este tema.  

Ría


Poniendo la mente en otra parte mientras el cuerpo sigue adelante, la inmensidad del viaje se presenta como una boca enorme en la que el mar penetra con olas pequeñas por el momento. Se mecen los sueños sobre la cubierta llena de vida que recorren ese tramo, luego como los cangrejos con la marea han de separarse. Dejan la playa desierta cubierta de agua que emula al tiempo que se termina, vuelta a los traslados buscando mendrugos y vino que se pica rápido, apenas fue in instante esto de asomar como las lisas para despedir al transeúnte. Tras ello el sol se pierde entre las nubes que le sirven de telón, cosa de no mostrar que sigue cobrando por la obra en otra parte ya que no le alcanza para llegar al final del mes. Un beso a los barcos que flotan esperando el momento de regresar hasta la baliza que yace abandonada, el musgo la acompaña a recibir todos esos besos que la corriente le da. Tapa con un cálido rayo los restos de las barcas que apenas son armazones de un pasado que se ha vuelto, ría, biguá y venado fundiéndose con el paisaje. Pastizal y talas emergiendo entre el barro, arenas blancas repletas de guijarros lamidos por la espuma que arriba en dotaciones pequeñas. Un sonido espanta al morador de ese lugar, apenas las voces de aquellos que se apiñan a babor para poder contemplar al último de su especie que escapa de las miradas indiscretas.

domingo

Viajo

Viajo, ¿acaso no es lo de siempre? Pasan las estaciones al igual que la noche sucede al día y el farol de plata pende de un hilo, se balancea sobre el mar como una luz trémula en la noche apacible. La brisa dibuja monstruos con el humo que cruza, en la oscuridad el verde cazador da cuenta de los chupasangres y apenas se mecen las cañas. Luego vendrá el silencio de la casa, los sueños extraños y la respiración suave hasta que el frío de la madrugada nos saque de la comodidad. Vuelta a la escena, un boleto más con idéntico destino tan sólo alterado por los rostros de los demás viajeros. Las hormigas se mudan sobre la cinta azul que se pierde en la lejanía, apenas un par de balizas naranjas detienen el andar pidiéndole al mundo que se aparte ante la comitiva real que viene a exigir los privilegios del estío. Después la nada, las líneas blancas desaparecen como un registro que se borra para no recordar que la escena suena a repetida. Las filas estarán vacías en el otoño, dejando de agolparse en las dársenas en las que quedarán las marcas de sus pasos apiladas en los contenedores que se vacían una vez al día permitiendo que en la siguiente jornada no suene tan trillado. Apenas un recuerdo vago de esos dos niños que cruzaron por el hueco del alambrado para poder alcanzar los juegos de madera, desgastados igual que la estación que esta noche yace vacía. Las luces que se apagan, los trabajadores que se marchan, el colectivo aguardando al último estudiante que desciende para luego irse con un solitario pasajero al otro faro que está llamando desde lejos. La postal del invierno que aparece nuevamente a la venta en alguno de esos locales de recuerdos, variando tanto menos que el tique de acceso al último bondi rumbo a la ría.

sábado

Pez

Ondulaciones, luego un impacto al borde que se irá a formar parte de la marea de barro igual que el muro derruido. Las vallas de contención son juguetes para que aquel que mora en la ría los desgaste hasta llevarse el botín. Lo mismo para las líneas que intentan darle caza al pez gordo, él que en su mundo de sombras y sirenas está rechoncho. Ya no se contenta con esas carnadas, los espineles siguen en la soledad sorbiendo lo dulce y la sal que se mezclan en esta correntada, del otro lado del continente los brazos azules separan los pastizales en los que los venados se ocultan. El otro habitante de estos humedales asoma su corona ahí en la ribera, confundida con un brote de talas que se alzan como las flores del lugar recibiendo la caricia del viento que viene desde la boca rozando el pilote enclavado en medio de la corriente que marca la entrada antigua. Después únicamente el vaivén de las olas que empiezan a sacudir las embarcaciones, los cangrejos han abandonado la sombra de las barcas tras recibir el abrazo de la marea que empieza con su danza a hacer bailar a todos aquellos que se atreven a quedarse cerca. Sol naranja y rojo te vas detrás de una nube, la noche tiende el manto como si fuera la puesta a punto de la mesa en la que ha de ponerse al corriente de todo lo sucedido en su ausencia diurna. El faro con su luz trémula atraviesa la bruma marina dándole al enorme pilote la sensación de no estar solo, la otra señal de vida viene del sur sumándose al vuelo de las lisas que otean a los habitantes de la superficie. La estela es un camino blanco sobre el espejo que enseguida éste alisa, a la brisa se le da por jugarle una mala pasada generando pliegues que en tropel se precipitan sobre la playa de conchilla y la verde manta que puebla esas orillas. Restos de embarcaciones le dan la alarma a aquellas que aún flotan, alguna ha empezado a hacerse lugar en el lecho viéndose apenas el mástil que en épocas no tan lejanas sintió el flameo de la bandera con el escudo de un tiburón venido de más allá de la curva. Tiempos lejanos que se esconden debajo del oleaje, la tarde toca a su fin y es hora de volver a casa dejando a la enorme presencia escondida en soledad debajo de ese otro mundo que paralelo corre al nuestro.

 

lunes

Escalera

Todo lo que se echa a perder con el tiempo excepto el recuerdo de nuestra existencia plasmado en aquel al que hemos ayudado de una forma cualquiera, con retazos de nuestras horas dado que es lo único acotado y ese que muchas veces no está disponible por andar cargando pesos innecesarios a través de un camino empedrado, la única muestra de alguna que otra existencia que se deshizo igual que esos bustos en tributo a ídolos de carne y hueso. Si aquello que uno llega a tener por un instante, aquel en él que se encuentra respirando, no sirve para dejar una marca en los demás que implique un cambio en la situación que viven pues habremos desperdiciado la oportunidad. Intentando en la mayoría de los casos despeñar al que viene al lado todo el camino cuando el brillo en la cima te engaña pensando que la fortuna se encuentra ahí, no importa cuántos rostros tengan que irse antes del buen día empujados por la ira que invade a quién encontró una excusa en eso de trepar dejando atrás el destino escrito por fuerzas que son superiores a los simples mortales. Entonces un manotazo lo arroja lejos, sintiendo el temor en la caída a un pozo profundo repleto de los pecados cometidos en esto de subir pisando a los otros y descubriendo que únicamente ahí abajo en el frío eterno existe un camino que da vueltas a esa montaña sobre la que se desarrolla la vida de la humanidad. Teniendo que conformarse con maldecir en vano, la luz solar no llega ahí abajo únicamente las tinieblas y esos fuegos encendidos por almas que usan los harapos de sus ricas túnicas para poder iniciar las fogatas, empujándose para rodar cuesta abajo hasta los abismos del infierno que los aguarda. En el purgatorio no entendieron el mensaje, la escalera cuyos peldaños yacen labrados en la roca se volverá luminosa cuando lo malo haya abandonado el alma de aquel que aguarda una última oportunidad, penitente que comienza a subir rumbo a ese sitio celeste viendo las cascadas que se precipitan sobre la tierra en la que la primavera acontece.

 

domingo

Arcades

Ante la pregunta molesta de la sociedad que insiste con sus estereotipos intentando que no nos apartemos de la casilla he tenido que responder ¡Vengo a jugar!  ¿Qué otra cosa más se puede hacer en un salón repleto de obras de arte? Debería preguntarse lo qué se encuentra haciendo en ese lugar lleno de historias que llaman a retomar las horas olvidadas por tener que volvernos aportadores seriales al mantenimiento de la estructura que no duda en criticar,  tildando de desviada la conducta de aquellos que ya no peinan canas por habérseles volado las chapas que les quedaban y deberían en su caso estar en la fila de espectadores de la cancha de bochas o las rondas de naipes que esconden mentiras, si a esa altura recuerdo alguna. Pero no, he venido a conquistar, a aceptar el reto, a intentar no pincharme en la curva en la que el erizo reposa sobre el muro y encima tiene cartelera propia en el cine de enfrente. Puedo detenerme en la peatonal a contemplar al mundo deambular esperando que el reloj con esos fuegos dorados se encienda y la galaxia explote, los demás seguirán su camino ignorando el llamado de la batalla. El balón se eleva por los cielos haciendo inútil la estirada del portero que juega siempre adelantado, curioso que les ocurra lo mismo a todas las escuadras, un beso a la red que contiene la pasión de la esfera con gajos negros y blancos. La hinchada corea el nombre del once que ha metido ese gol, la de afuera del estadio grita tan fuerte que eclipsa esos cánticos que sólo resuenan en los oídos del veterano jugador número 1 al que la ausencia de la ranura correspondiente no le ha impedido tomar el control de la eterna Azzurra. Después los resultados pueden o no llegar, el empate como buenos perdedores nos dejará a afuera a los dos así que la victoria únicamente es lo que queda aunque ya la conozcamos tanto menos que a la derrota. Un par de créditos, dependiendo del juego, duermen en un estuche que emula el antiguo control de otro monstruo que descansa en las tardes del verano lejano, esperando el momento en que el cartucho sea insertado y nos abramos paso por esos niveles cuya salida requiere detener a toda la flota enemiga que volverá en la siguiente ocasión. Igual que el anónimo que se ha ido hacia el mar esperando que la nave lo lleve a otro puerto, la tarde se ha vuelto noche envuelto en esos sueños sonoros repletos de recuerdos y sensaciones. Así que he venido a jugar, no sé qué estás haciendo vos acá pero la mía es una misión secreta consistente en llegar a esa máquina que resplandece por encima de las demás y dejar la ficha en su seno que obra de fuente de los deseos. Un crédito más, sólo uno más. ¡Estoy en una misión para vencer al FC SEGA, pagano!

 

 

  



Costa Atlántica, ahí en donde Scorpion reconstruye la historia del torneo mortal.


jueves

Escritura


En la oralidad uno puede evadir ciertos obstáculos pero al tener que plasmar una idea sobre el papel queda prisionero de las palabras como si fuera una bestia llevándote a la rastra por un laberinto para terminar descubriendo que el monstruo es uno mismo con una máscara. La trampa está preparada, sortearla depende de la preparación traducida en una guía que nos acompaña un rato del camino para luego alejarse susurrando entre los árboles, que ahora sabemos son tales. Una composición a lo largo de la escalera que precede al laberinto, cada escalón tiene una descripción diferente que nos lleva cierto momento de ese viaje hasta dar con el objetivo de la misión abandonando la montura muy atrás en la noche. Un giro a la izquierda, después derecho hasta el siguiente cruce en el que una flecha nos indica la dirección incorrecta, brújula que gira enloquecida sin poder hallar su norte aunque tras pensarlo un rato no es necesaria. Ninguna de esas señales engañosas pueden evitar la conclusión del capítulo, el riesgo existe por habernos lanzados a recorrer ese campo que podría verse de otra forma y luego de llegar al centro del mismo veremos que únicamente hay un camino delante. Este se forma con cada paso que demos iluminado por el trazo de esa historia que se escribe en los rincones, en los momentos de quietud en este viaje sin línea de llegada que significa existir. Un leño más vuela al fuego trayendo con los chispazos recuerdos que se enfrían perdiéndose en el cosmos, pronto otro de los escalones contendrá esa historia con ciertas variaciones acorde a la manera en la que recordemos influenciada por los estados de ánimos. Después el cuaderno queda a un costado, resguardecido de las inclemencias en el morral que ha tomado formas diversas como compañero de viajes que por inseparable espera ahí al lado de la fogata que las páginas blancas se tornen un mapa nuevo. Dobladas, remarcadas las ideas antes de salir a batallar, forjadas con golpes y risas, las huellas del descubrimiento quedan sobre el polvo del camino mientras el toro da vueltas en círculos extraviado en su propia casa sin poder darle sentido a las indicaciones. La presa se ha escapado porque alguien le ha enseñado a pensar, su nombre es un anónimo más que no verá la obra completa dado que esta se extiende en el infinito.

viernes

Verano


MDQ
De regreso a La Perla del Atlántico, luego de casi un año que no nos dejó respiro. La vida nueva en la renovación de las fachadas, la plaza por repetición se ve diferente anidando bajo los árboles a toda una generación que ha de cubrir las huellas de la nuestra y esta se aleja de la escena menguando como esa danza de luces y sombras.

PLAZA
Quién diría que un día me encontraría al otro lado de la plaza, viendo correr a las personas para escapar de la repetición y de la balacera que desata la lluvia. Apenas es una avenida la que se interpone, sin semáforo o senda peatonal que permita el cruce.
Se quedó al otro lado el pibe y el entrado en años deambula protestando por las baldosas fuera de lugar, antes trampolín de sueños y de las gotas prisioneras luego del chaparrón. Actualmente yendo a la molienda de los recuerdos que vuelven cuando deambulo por aquí.

PERSÉFONE
Oh Perséfone tú que te contentas con ver a los amantes pasar frente al trono oscuro que ocupas conformándote con algún que otro monosílabo cuando un alma extraviada te pregunta si en esa dirección quedan los Campos Elíseos, sabiendo que para llegar ahí hace falta poseer la luz de Febo que por motivos desconocidos se niega a alumbrar el camino de los que transitan allí, iluminándose estos con el fuego fatuo y la desesperación de las sombras vueltas esperanza. Un día verás pasar a los dioses en procesión y te unirás a ellos dejando a Hades consternado ya que no quedarán almas que esperar.

 

  

 

 

   

 

 

 


 


Día 8: España

  Dos alargues después vinieron los de rojo, superando en todas las líneas a los Albicelestes que se terminaron quedando con uno menos en ...