Blog del autor ítalo argentino, Piero Fiori. Esta obra está licenciada bajo la Licencia Creative Commons Atribución 2.5 Argentina conforme se describe en la página intitulada "Creative Commons".
sábado
Allá en el sur
jueves
Fichines
Botón rojo para el salto, con el
amarillo usa la espada y el azul no hace nada, al menos no hasta conseguir el
ítem mágico que permite invocar esa pequeña ayuda consistente en hacer
desaparecer a todos los personajes que intentan detenernos en el avance hasta
la pantalla final. Recuerdo haber estado ya en esta sala desierta en la que los
fantasmas se materializaban danzando sobre mi cabeza, para que me diera cuenta
que el escudo era sólo una decoración perdiendo una vida. Tras varios intentos
se llegaba al puente que unía un nivel con otro para simplemente encontrarnos
con que no habíamos juntado cada una de las piedras de color rojo que permitían
cruzar a salvo. Si el mago aparecía en el medio de este podíamos seguir
avanzando, obteniendo de recompensa un blasón que servía de vida de refuerzo en
nuestra justa contra las fuerzas del mal. En el caso contrario apenas una
pantalla negra con la inscripción “GAME OVER” para luego escuchar las risas del
jefe del juego y sus secuaces quienes se seguirían burlando en la vuelta a
casa. Alguno de los vecinos de la cuadra contaba cómo era el final de ese
viaje, las peripecias que uno debía atravesar para llegar a la última
fortaleza. Un castillo con pinta de derruido, telarañas y muchas grietas que
aseguraban que esas paredes se nos vendrían encima de un momento a otro, lo
peor era el escenario en el que peleábamos contra nosotros mismos al
reflejarnos en el enorme espejo. Pero finalmente la luz triunfaría, podríamos
poner las iniciales de nuestro nombre en la última pantalla, tras esto
danzarían los personajes diciéndonos adiós pues en el mundo de afuera tocaría
empezar otras etapas. Varios años más tarde, sin tanto cabello y con menos
vista encontré la máquina que me trajo de regreso a la infancia en un instante.
Lo único que los botones estaban bastantes maltrechos, al caballero la barba le
había crecido llegándole a la rodilla y cada salto le costaba horrores, hasta
los fantasmas se veían un tanto avejentados. En el otro extremo del nivel el
antiguo boss esperaba como siempre, pero al llegar allí los dos personajes
tiraron las armas y se abrazaron en un llanto compartido. Después silencio, un
montón de signos y números conformaron la pantalla que marcaba el bloqueo de
aquella maquinaria ya ancestral para los de afuera, excepto para los dos viejos
ojos que la veían con cierta nostalgia. Una lágrima apenas rodando hasta la
palma de la mano, volviéndose una ficha con tres ranuras en su cuerpo y todo el
brillo de otras épocas sin tantas presiones del mundo externo. La ranura recibió
como la vez primera aquella solicitud de bajada del portón del renovado
castillo, las banderas flamearon, el héroe había vuelto y con él los peligros
más allá de las murallas. Un paisaje florido lo esperaba, unos cuantos
acertijos que debían ser resueltos para dar con la última misión en la que el
villano levantaba una bandera blanca al mismo tiempo que el personaje
principal. Después todos unidos saldrían a agradecerle a quien les permitía
seguir conservando la inocencia que con el tiempo se va, como partes de una
construcción que se llena de marcas y pierde recuerdos. Ahora la máquina sigue
ahí en un lugar de la costa, aguardando que algún piloto avezado empiece con la
travesía en búsqueda del botín más preciado como es lograr terminar el juego sabiendo
que esos minutos son únicamente de uno. El tiempo aquí se detiene, las palancas
sienten la caricia de unas manos pequeñas que vienen acompañando al navegante
en su vuelta al hogar en algo tan simple como un videojuego. El score final
tendrá las iniciales de esa vida que empieza a florecer, los dos se vuelven
tres en tanto se alejan en la noche rumbo a la casa vieja que los aguarda. Ahí
he empezado a escribir esto como forma de no perder completamente al niño que
sigue corriendo mientras el adulto ve la manera de resolver esos problemas que
bien podrían esperar un poco más. Un crédito más que jugar.
domingo
Vacío y olvido
lunes
Demonios
Agridulce
Ría
domingo
sábado
Pez
Ondulaciones, luego un impacto al borde que se irá a
formar parte de la marea de barro igual que el muro derruido. Las vallas de
contención son juguetes para que aquel que mora en la ría los desgaste hasta
llevarse el botín. Lo mismo para las líneas que intentan darle caza al pez
gordo, él
que en su mundo de sombras y sirenas está rechoncho. Ya no se contenta con esas
carnadas, los espineles siguen en la soledad sorbiendo lo dulce y la sal que se
mezclan en esta correntada, del otro lado del continente los brazos azules
separan los pastizales en los que los venados se ocultan. El otro habitante de
estos humedales asoma su corona ahí en la ribera, confundida con un brote de
talas que se alzan como las flores del lugar recibiendo la caricia del viento
que viene desde la boca rozando el pilote enclavado en medio de la corriente
que marca la entrada antigua. Después únicamente el vaivén de las olas que
empiezan a sacudir las embarcaciones, los cangrejos han abandonado la sombra de
las barcas tras recibir el abrazo de la marea que empieza con su danza a hacer
bailar a todos aquellos que se atreven a quedarse cerca. Sol naranja y rojo te
vas detrás de una nube, la noche tiende el manto como si fuera la puesta a
punto de la mesa en la que ha de ponerse al corriente de todo lo sucedido en su
ausencia diurna. El faro con su luz trémula atraviesa la bruma marina dándole
al enorme pilote la sensación de no estar solo, la otra señal de vida viene del
sur sumándose al vuelo de las lisas que otean a los habitantes de la superficie.
La estela es un camino blanco sobre el espejo que enseguida éste alisa, a la brisa se le da por jugarle una mala
pasada generando pliegues que en tropel se precipitan sobre la playa de
conchilla y la verde manta que puebla esas orillas. Restos de embarcaciones le
dan la alarma a aquellas que aún flotan, alguna ha empezado a hacerse lugar en
el lecho viéndose apenas el mástil que en épocas no tan lejanas sintió el
flameo de la bandera con el escudo de un tiburón venido de más allá de la
curva. Tiempos lejanos que se esconden debajo del oleaje, la tarde toca a su
fin y es hora de volver a casa dejando a la enorme presencia escondida en
soledad debajo de ese otro mundo que paralelo corre al nuestro.
lunes
Escalera
Todo lo que se echa a perder con el tiempo excepto el
recuerdo de nuestra existencia plasmado en aquel al que hemos ayudado de una
forma cualquiera, con retazos de nuestras horas dado que es lo único acotado y
ese que muchas veces no está disponible por andar cargando pesos innecesarios a
través de un camino empedrado, la única muestra de alguna que otra existencia
que se deshizo igual que esos bustos en tributo a ídolos de carne y hueso. Si
aquello que uno llega a tener por un instante, aquel en él que se encuentra
respirando, no sirve para dejar una marca en los demás que implique un cambio
en la situación que viven pues habremos desperdiciado la oportunidad.
Intentando en la mayoría de los casos despeñar al que viene al lado todo el
camino cuando el brillo en la cima te engaña pensando que la fortuna se
encuentra ahí, no importa cuántos rostros tengan que irse antes del buen día
empujados por la ira que invade a quién encontró una excusa en eso de trepar
dejando atrás el destino escrito por fuerzas que son superiores a los simples
mortales. Entonces un manotazo lo arroja lejos, sintiendo el temor en la caída
a un pozo profundo repleto de los pecados cometidos en esto de subir pisando a
los otros y descubriendo que únicamente ahí abajo en el frío eterno existe un
camino que da vueltas a esa montaña sobre la que se desarrolla la vida de la
humanidad. Teniendo que conformarse con maldecir en vano, la luz solar no llega
ahí abajo únicamente las tinieblas y esos fuegos encendidos por almas que usan
los harapos de sus ricas túnicas para poder iniciar las fogatas, empujándose
para rodar cuesta abajo hasta los abismos del infierno que los aguarda. En el
purgatorio no entendieron el mensaje, la escalera cuyos peldaños yacen labrados
en la roca se volverá luminosa cuando lo malo haya abandonado el alma de aquel
que aguarda una última oportunidad, penitente que comienza a subir rumbo a ese
sitio celeste viendo las cascadas que se precipitan sobre la tierra en la que
la primavera acontece.
domingo
Arcades
Ante
la pregunta molesta de la sociedad que insiste con sus estereotipos intentando
que no nos apartemos de la casilla he tenido que responder ¡Vengo a jugar! ¿Qué otra cosa más se puede hacer en un salón
repleto de obras de arte? Debería preguntarse lo qué se encuentra haciendo en
ese lugar lleno de historias que llaman a retomar las horas olvidadas por tener
que volvernos aportadores seriales al mantenimiento de la estructura que no
duda en criticar, tildando de desviada
la conducta de aquellos que ya no peinan canas por habérseles volado las chapas
que les quedaban y deberían en su caso estar en la fila de espectadores de la
cancha de bochas o las rondas de naipes que esconden mentiras, si a esa altura
recuerdo alguna. Pero no, he venido a conquistar, a aceptar el reto, a intentar
no pincharme en la curva en la que el erizo reposa sobre el muro y encima tiene
cartelera propia en el cine de enfrente. Puedo detenerme en la peatonal a
contemplar al mundo deambular esperando que el reloj con esos fuegos dorados se
encienda y la galaxia explote, los demás seguirán su camino ignorando el
llamado de la batalla. El balón se eleva por los cielos haciendo inútil la
estirada del portero que juega siempre adelantado, curioso que les ocurra lo
mismo a todas las escuadras, un beso a la red que contiene la pasión de la
esfera con gajos negros y blancos. La hinchada corea el nombre del once que ha
metido ese gol, la de afuera del estadio grita tan fuerte que eclipsa esos
cánticos que sólo resuenan en los oídos del veterano jugador número 1 al que la
ausencia de la ranura correspondiente no le ha impedido tomar el control de la
eterna Azzurra. Después los resultados pueden o no llegar, el empate como
buenos perdedores nos dejará a afuera a los dos así que la victoria únicamente
es lo que queda aunque ya la conozcamos tanto menos que a la derrota. Un par de
créditos, dependiendo del juego, duermen en un estuche que emula el antiguo
control de otro monstruo que descansa en las tardes del verano lejano,
esperando el momento en que el cartucho sea insertado y nos abramos paso por
esos niveles cuya salida requiere detener a toda la flota enemiga que volverá
en la siguiente ocasión. Igual que el anónimo que se ha ido hacia el mar
esperando que la nave lo lleve a otro puerto, la tarde se ha vuelto noche
envuelto en esos sueños sonoros repletos de recuerdos y sensaciones. Así que he
venido a jugar, no sé qué estás haciendo vos acá pero la mía es una misión
secreta consistente en llegar a esa máquina que resplandece por encima de las
demás y dejar la ficha en su seno que obra de fuente de los deseos. Un crédito
más, sólo uno más. ¡Estoy en una misión para vencer al FC SEGA, pagano!
El invierno no se va
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