miércoles

Otra

En la otra dimensión somos amigos inseparables,
amantes ocasionales entre el humo del cigarrillo
y esa cosa de tener todo bajo control,
atmósfera que parece rodearte como un halo.

En la otra dimensión somos un par de desconocidos
que se cruzan todas las tardes en una plaza,
el mismo día a la misma hora
y se dicen adiós demasiado deprisa.

En la otra dimensión le llevas flores
a la piedra que recuerda a un viejo soldado,
al que dijiste que amabas pero no puedes saber
cuándo fue la última vez que sentiste algo parecido.

En la otra dimensión dibujo caricaturas,
trazando historias como una espada traza
el aire en la batalla que se desata entre recuadros
y parece ser que estoy dibujando mi propia existencia.

En la otra dimensión no existe el tiempo de las despedidas
porque tras el adiós nos volvemos a encontrar,
en una foto, en la sonrisa de un hijo, una hija.

En la otra dimensión es en donde finalmente 
nos decimos te amo.

Maná

La lluvia ha vuelto, trayendo finalmente el maná
con el que he llenado mi cantimplora.
Las rocas me han herido las manos, la espada
pesa  demasiado y cada tanto en éste
ascenso hacia la cumbre encuentro algún
caído, dejando sólo un mar de cenizas.

He visto al océano reclamar lo que alguna
vez fue suyo, a cientos, miles de almas
sumergidas en la oscuridad y la mano
bondadosa de nuestro Padre admitiéndolas
en su seno, por el sacrificio del Hijo.

El camino se ha hecho cada vez más empinado,
aún cargo conmigo las páginas que ella me
obsequió hace tantos amaneceres y las leo
al reparo de la ventisca que ahora sopla,
gélida, congeladora de los réprobos.

Negras nubes cubren el horizonte, el sol
parece haberse ido finalmente y una noche
eterna cae sobre el mundo, aunque la
luna me da la esperanza de que no es así.

Me apretujo la capa contra el cuerpo,
mis ojos pueden ver a las sombras cobrar
forma y a mi espada volviéndolas vacío.
Cansado de la batalla no me he dado
cuenta de que estoy tan cerca de mi destino,
pero ahora necesito descansar un poco
y soñar con ese lugar cálido al que llamé
hogar, entre tus brazos.

Entre las ruinas del templo yace deshojándose 
lentamente un antiguo manuscrito 
sobre lo que queda de un pedestal y 
la espada allí apoyada no es más que 
herrumbre del pasado.

Su portador la cedió al final de los días 
cambiándola por un cayado y comenzando el
descenso mientras observaba el nuevo mundo, 
el eco de sus sandalias retumbó como
el océano primitivo que se alejaba lentamente 
de las costas dejando vida nueva a su paso.

Octavo

En el octavo día el hombre deseo lo que su hermano tenía, 
no pudiendo alejarse de ese brillo material. 
Desató las guerras a lo largo de la historia, 
como una peste barriendo a todo ser vivo 
y se encumbró tratando de llegar al sol.
Atrás quedaron las luchas de sus ancestros
por tratar de vivir mejor,
sólo era cuestión de tomarlo todo
teniendo una excusa a mano.
Cuanto más me alejo
más cerca tengo los conflictos.

Imágenes

Cambia la escena, el primer payaso viste 
un traje blanco con lunares rojos y verdes,
lleva una lagrima pintada en la mejilla izquierda.
Al terminar el acto esta se ha vuelto apenas
una línea descolorida que discurre por su rostro.

El otro actor aparece en el escenario,
imitando los pasos de su predecesor,
aunque el traje y el llanto son propios.

El tercer personaje viste de negro,
ha llorado a los dos anteriores tras 
las partidas en tiempos lejanos
y no puede ocultar su soledad.

El último individuo aparece con una lira,
entonando una canción en conmemoración
de los cien años de arte y deja a su paso
un reguero de pétalos de rosas.

El ultimo que es el primero,
el que lea esto que siga con la historia
pues esto no es más que eso.
Una existencia en imágenes.

Muro

Apenas ves,
sabes que cerca
del filo de tu espada
yace alguien temiendo
caer en éste día.
A tu lado, tus hermanos
forman un muro de aceros
blandidos en el viento.
El sol era rojo esta mañana
antes de que una cortina
negra lo cubriera,
ahora la niebla parece
salida de nuestro aliento
mezclándose con la sangre,
llenando el aire como
una lluvia carmesí.
La espada se mueve
la vida de tu oponente se va,
el muro de acero avanza implacable.
Al final una mano se apoya
sobre tu hombro, sabedor de que
todo ha concluido mientras
gruesas venas blancas
iluminan el cielo, 
cayendo la lluvia,
lavando las espadas,
la memoria de esta escena,
aguardando el hogar al otro lado
de la llanura de la batalla.

Olvido

Al final no te odio, pensaba que tal vez un poco,
pero tampoco es que anhele tu presencia
y sin embargo sigo soñando contigo,
irónicamente en todas las vueltas
te estás riendo de algo aunque sé que no es de mí.
Así estamos, el lustro finalmente se cumplirá
así que beberé mi copa a la espera de que
nunca dejemos esa prisión, fría y solitaria,
llamada olvido con la que nos hemos recubierto.

Smorfia

La señora se hace la desentendida
mientras la procesión deja el último
lugar de descanso por la otra puerta.
La vida sigue, la farsa también
detrás de una mueca payasesca
y una careta que esconde 
una sonrisa siniestra.
La señora evita tocar el tema, 
los lacayos aplauden,
los cipayos esperan
los sicarios ya han actuado
y siguen vendiendo la farsa.
Es el cuento del lobo
jugando a ser la víctima
y disfrazada tras un atuendo blanco.

Sin memoria

Un día no hubo más libros
la historia sólo tuvo el tiempo presente,
así que no pudimos aprender del pasado.
Qué pensar, qué hacer, cómo vivir
fueron digitados desde cajas
y el ser humano perdió su capacidad de crear.
Hasta Dios se consiguió una cuenta de correo
electrónico y sólo contesto a las necesidades
de éste mundo una vez a la semana.
Lo que no se ve
no existe,
todo bailando con esa música repetida
y materialista mientras hacemos
un asado con el último poema.

lunes

En un cruce

En un cruce de caminos, allá por Las Armas,
chirriaron los frenos y el acero encontró la carne.
Justo en éste cruce tu vida se ha ido,
viejo can del asfalto y del campo.
Tu hermano se quedó huérfano de correrías,
así que el hombre a quien el tiempo
le ha dejado blanco el cabello
te lleva ahora consigo.
En esa nave celeste,
rumbo al sur de la provincia.

El hombre dejó su lecho

I) Corrompiéndonos.

Quítate que me estorbas,
debo ver el brillo del sol
proyectándose sobre mi
grandiosa sombra
y que a ti te queden sólo
las sobras de nuestro banquete.
Bebe todo lo que puedas,
toma lo que sobre, 
rompe todas la reglas
que a nadie le importan
tus códigos, podemos inventar otros
en esta noche de excesos
y luego que la resaca nos reciba
en la mañana que es únicamente eso,
algo por lo que no hemos de
preocuparnos mientras tengamos
todo a nuestro alcance.

II) Héroe anónimo.

Cae la noche
en alguna parte una sirena anuncia
la prisa con que la vida se va,
lidiando con tantas heridas
por tan poca paga
pero eso es lo que elegiste.
Gastando las suelas de a poco
a veces tanta calle termina
cansándote, pero ahí vas de nuevo
otra de esas mañana frías.
El sol viene desde el otro lado
de la ruta, parece ser la única caricia
que recibirás en esta mañana gris.
Y así la mañana ve pasar 
a otra persona que le da sentido 
a todo esto cuando a los demás
parece importarles
nada más que su ombligo.

III) Que se sequen.

Que se sequen los versos,
después de todo renacen 
en el mar de tus besos
cada amanecer compartido.
Que cuando falte la tinta
habré de escribirlos con sangre,
pues no hay mayor sacrificio
que amar sin importar cuánto.
Que si me falta el aliento
y las sombras crezcan
fenezca en tus brazos
amor mío.

IV) Moriquendi.

Las flechas volaban,
un tendal de enemigos
en el medio del bosque,
mientras él las recogía
siguiendo adelante. 
Cuando no le alcanzaba
con el viejo arco,
tomaba las dos pequeñas
espadas que portaba
trazando un círculo rojo,
que dejaba más enemigos
aniquilados en el atardecer.
Manchado de sangre,
buscando venganza,
sabiendo que jamás
vera las luces de la 
tierra de los Dioses.
Extendiéndose,
fuego purgador
hijo de la noche,
para que los invertidos
caigan ante el
mientras el único
permanece perdido
a la espera de desatarse
la sombra final.

Nota: la palabra moriquendi pertenece al Maestro,  J.R.R. Tolkien, y se refiere a los elfos que jamás vieron las luces de Valinor, la Tierra de los Valar o Dioses.

V) Mundial.

Tras el balón van los ojos
y el nacionalismo encuentra 
nuevos adeptos cada cuatro años.
Si pusiéramos la misma pasión,
en tantas otras cosas,
no estaríamos tan ciegos
cuando la realidad cambia
en torno a nosotros y el saqueo
continua, mientras esa bola
se clava en un ángulo.

VI) Una fortuna.

Una fortuna hecha a través de los despojos
de los que cayeron en la travesía,
deja atrás los restos y escapa de ese mundo
gris hacia el color de los materiales.
No importa cuántas lágrimas hayan hecho
falta para poder llegar a esto,
incluso si venían del río de los lamentos
ahora estás demasiado sordo para darte cuenta.
Acallando la conciencia como una emperatriz
deslumbrada por el oro, hasta el sol no te detendrás
aunque sea calcinarte en vida sigues adelante.
La barca se fue, llevándose a los tuyos
a los que no conoces en éste momento
de infinita perdición a la luz de las velas.

VII) I.

El hombre dejó su lecho y salió a ver el sol brillar,
abajo los de la otra casta aparecían atareados
mientras el cerraba un nuevo trato.
Mucho más abajo, un puñado de personas
en harapos vivía preocupada con el agua
llegándole a las rodillas y los hijos a cuesta.
Al que vivía en la punta de la pirámide
no le importaba eso, más allá de alguna
colecta de fondos que destinaban a mantener
todo igual y parecían esforzarse.
Así, pese a todas las declaraciones, derechos
y garantías, siempre parece existir uno
que digita cómo han de vivir los demás.

VII) II.

Lo primero que aventé fue la botella,
la que estaba vacía, luego siguió el 
pesado diccionario y una silla a la que
le faltaba una pata.
La reposera que trajimos de la otra costa,
la colección de corchos, la lata que usábamos
para guardar el azúcar, la pequeña parrilla,
los bidones de diez litros y hasta el tacho
de los residuos.
Aun así eso no detuvo el avance de la horda
de orcos que invadió mi casa esta madrugada,
tuve que acostumbrarme a vivir con ello
y compartir mi vino con la bestia interior.

VII) III.

Dejó a un lado el libro, las hojas parecían adheridas
unas con otras producto del tiempo y esa 
situación le molestó bastante.
Su nieto lo perseguía con toda la tecnología
pero él seguía con el viejo papiro,
su angustia podía describirse en pocos caracteres
aunque era demasiado grande.
Rechazó la tableta, la nueva computadora
y todo lo que fuera digital, parecía un plan
premeditado para imponerle algo.
Así que se aferraba a su obstinación y negación
como un náufrago a un madero en la mar.

El invierno no se va

Ocho grados hoy, otros tantos ayer, sumados al viento y la lluvia que se desataron sobre el pueblo de Juan Galo y dificultaron el tránsito h...