I) Marajense.
Amanece, algo tan simple como esto
y el mar que es el más sabio de nosotros
besa las playas de Ajó lavando las heridas
que el humano le ha causado.
Su compañero, el viento, corre raudo
por la avenida tocando su canción favorita
que en esta época ya se asemeja a una ventisca.
El tercer tenor emerge triunfal
cuando el telón azul se levanta,
acariciándote suavemente el rostro
mientras te dispones a recorrer
una mañana más las calles
de tu Mar de Ajó.
II) Marco.
Éramos pequeños,
juntábamos monedas de nuestros viejos
y abuelos para comprar la caja entera
de chocolates, con la esperanza
de encontrar la figurita que faltaba.
Vos ya sabías que eso no era posible
pero nos mirabas alejarnos hacia
el otro lado de la calle, esperando
paciente en la vereda vecina.
Nunca me percaté de ello hasta
el día en el que te alejaste,
sos la figurita difícil de esta historia
pero por eso la que más valoro.
III) Santos Vega.
Suena su guitarra en esas cañadas,
suena en un fogón amigo al lado
de la poesía de José.
Suena Santos Vega
y la lluvia no apaga ese fuego eterno
cada vez que un gaucho recita
una estrofa de tu himno, payador.
IV) Otoño.
La humedad es una postal de éste lugar,
sin embargo ayer mientras recorría esas calles
rumbo a lo desconocido el sol se deshizo
de ella dándole un poco de su tibieza
a esta tierra noble y borrando las sombras
de la noche que aún rondaban cerca.
Así es como se ve la esperanza.
Blog del autor ítalo argentino, Piero Fiori. Esta obra está licenciada bajo la Licencia Creative Commons Atribución 2.5 Argentina conforme se describe en la página intitulada "Creative Commons".
jueves
Sofos III
En un andén nos cruzamos,
en un mar de personas que se están siempre despidiendo
y por un instante recordamos quienes fuimos.
Luego, al igual que la marea subiendo,
tu rostro se borró en la multitud.
A menudo pasa eso,
nos volvemos extraños con un pasado común
que el presente reflota.
en un mar de personas que se están siempre despidiendo
y por un instante recordamos quienes fuimos.
Luego, al igual que la marea subiendo,
tu rostro se borró en la multitud.
A menudo pasa eso,
nos volvemos extraños con un pasado común
que el presente reflota.
Michel de Sofos
I).
Venía huyendo en esa noche
cuando encontré un fuego amigo
junto al que curar cada herida,
al lado del mar.
Ella no se lanzaba al camino
usaba una capa etérea
cubriendo su belleza con harapos,
pero fallaba.
Ominosa la sombra de la duda
apagaba aquel brillo de nieve,
pero las estrellas resplandecían
como un puñal.
La conversación drenó el veneno,
lo encontré convertido en tinta
aunque intenta tomar otras formas
la pluma vive.
Conocí con el tiempo tus poemas,
ocultas las penas tras los destellos
de las luces de esos escenarios
que son tu vida.
Con cada paso es otro adoquín
marcando el camino elegido,
tu obra tiene lugar en la plaza
eterna plaza.
II).
Tres versos de once silabas y uno de cinco silabas, acentuado en la primera (no siempre lo logro).
Vine con las luces de la mañana
vuelvo con las estrellas en la noche,
parece que fuera una constante
éste paseo.
No hay lugar para mí en el bondi
por eso siempre me voy por los caños
anhelando un sitio de reposo,
mi trajín diario.
No quiero hacer esto cada día
sólo deseo sentarme un rato
bajo la sombra de esos eternos
álamos grises.
Venía huyendo en esa noche
cuando encontré un fuego amigo
junto al que curar cada herida,
al lado del mar.
Ella no se lanzaba al camino
usaba una capa etérea
cubriendo su belleza con harapos,
pero fallaba.
Ominosa la sombra de la duda
apagaba aquel brillo de nieve,
pero las estrellas resplandecían
como un puñal.
La conversación drenó el veneno,
lo encontré convertido en tinta
aunque intenta tomar otras formas
la pluma vive.
Conocí con el tiempo tus poemas,
ocultas las penas tras los destellos
de las luces de esos escenarios
que son tu vida.
Con cada paso es otro adoquín
marcando el camino elegido,
tu obra tiene lugar en la plaza
eterna plaza.
II).
Tres versos de once silabas y uno de cinco silabas, acentuado en la primera (no siempre lo logro).
Vine con las luces de la mañana
vuelvo con las estrellas en la noche,
parece que fuera una constante
éste paseo.
No hay lugar para mí en el bondi
por eso siempre me voy por los caños
anhelando un sitio de reposo,
mi trajín diario.
No quiero hacer esto cada día
sólo deseo sentarme un rato
bajo la sombra de esos eternos
álamos grises.
Eres
I) Eres.
Eres mi faro
en éste mundo
que es un océano tormentoso,
con retazos de azul
cuando duermo en tus brazos.
Sos la calma que siento
al alcanzar los médanos
sobre Reta, la brisa templada
de una tarde calurosa
acariciando mi cansado rostro.
Somos dos locos perdiéndonos
en la inmensidad verde que precede
a la costa atlántica, en la que nos hemos
conocido para ya no separarnos.
II) Fuegos artificiales.
Todos los años el espectáculo es diferente, el resto de las personas no parece darle demasiada importancia.
Sin embargo a mí siempre me ha maravillado eso de ver las luces de diversos colores en el cielo. La vieja compañera huye a refugiarse en su cubil, no saliendo el resto de la noche de año nuevo.
Veo cometas, estrellas que brillan intensamente, flores, círculos y un cielo teñido de colores que cortan por un instante la oscuridad.
Para mis dos ojos que son mi principal arma junto con mis manos, es algo extraordinario. Sólo desearía poder saber cómo suena toda esa música.
A los demás se les hace difícil explicármelo, aun teniendo todos los sentidos intactos.
Eres mi faro
en éste mundo
que es un océano tormentoso,
con retazos de azul
cuando duermo en tus brazos.
Sos la calma que siento
al alcanzar los médanos
sobre Reta, la brisa templada
de una tarde calurosa
acariciando mi cansado rostro.
Somos dos locos perdiéndonos
en la inmensidad verde que precede
a la costa atlántica, en la que nos hemos
conocido para ya no separarnos.
II) Fuegos artificiales.
Todos los años el espectáculo es diferente, el resto de las personas no parece darle demasiada importancia.
Sin embargo a mí siempre me ha maravillado eso de ver las luces de diversos colores en el cielo. La vieja compañera huye a refugiarse en su cubil, no saliendo el resto de la noche de año nuevo.
Veo cometas, estrellas que brillan intensamente, flores, círculos y un cielo teñido de colores que cortan por un instante la oscuridad.
Para mis dos ojos que son mi principal arma junto con mis manos, es algo extraordinario. Sólo desearía poder saber cómo suena toda esa música.
A los demás se les hace difícil explicármelo, aun teniendo todos los sentidos intactos.
Esperanza
Verde colina
cuando todo parece marchitarse,
luz del amanecer
venciendo a la oscuridad,
fuego crepitando
en el alma del que aguarda,
lo último que queda
si liberas a las calamidades.
El color de los ojos
que cautivaron a tu corazón,
la marea creciente
renovando las marcas
en la playa, generando
una sensación de bienestar
cuando dejas atrás la tormenta
que te azotaba incesante.
Los rayos del sol
quebrando la niebla de la mañana,
dándote motivos para seguir
cuando todo se veía tan caótico,
la sonrisa de los pequeños
tan llenos de vitalidad
apartando a las tinieblas
que nublan tu paso
por éste mundo.
cuando todo parece marchitarse,
luz del amanecer
venciendo a la oscuridad,
fuego crepitando
en el alma del que aguarda,
lo último que queda
si liberas a las calamidades.
El color de los ojos
que cautivaron a tu corazón,
la marea creciente
renovando las marcas
en la playa, generando
una sensación de bienestar
cuando dejas atrás la tormenta
que te azotaba incesante.
Los rayos del sol
quebrando la niebla de la mañana,
dándote motivos para seguir
cuando todo se veía tan caótico,
la sonrisa de los pequeños
tan llenos de vitalidad
apartando a las tinieblas
que nublan tu paso
por éste mundo.
Nacimiento
La nieve cae lentamente cubriendo los arboles de un manto blanco, los pinos del bosque soportan la carga que el invierno les impone pese a que el camino se lleva también una buena parte de ese tributo.
Los días son cortos, lejos está la estación lluviosa del verano y la cálida primavera que hace olvidar ese crudo período gélido en el que los hombres buscan cobijo junto a la fogata que trae las historias de épocas mejores.
El sueño se ha apoderado del mundo del guardián del bosque, sus manos callosas se aferran al pequeño caballo esculpido en un pedazo de madera de roble que encontró mientras buscaba las huellas de un lobo herido.
Dar con los responsables de la caza ilegal no era tan sencillo como seguir los rastros de sangre que la nieve aún no había cubierto.
Pese a los siglos aún se rumoreaba, y él sabía que podía ser cierto, que los gigantes lobos negros moraban en las partes más profundas del ancestral bosque.
Y entonces tomando todas las precauciones del caso dejó a un lado la espada y sólo llevó la lanza que usaba para poder repeler a posibles enemigos, aunque estos en su mayoría eran proscriptos y ebrios que, viniendo del pueblo al otro lado del río, terminaban perdidos en el lugar que él cuidaba.
No encontró al huargo pero si una cría, tan solo una, como si las demás se hubieran esfumado.
Así estaban las cosas tras el día largo, aunque aquí las noches duraban demasiado, y se había dormido esperando que la trajeran la noticia que aguardaba desde hacía nueve meses.
En eso lo despertó el llanto proveniente desde la otra habitación, lo que parecía un cuerno sonando en la lejanía lo trajo de nuevo a la realidad y le quitó el sopor que le producía el sueño.
Aún no comenzaba a clarear en el horizonte, así que la noche seguía venciendo al día en su pulseada. Se dirigió hacia la puerta del dormitorio y al entrar encontró a la partera, envolviendo en un trapo al recién nacido.
- Es un bebé muy fuerte dijo Gian Gian.
La mujer lo observó un largo rato y comenzó a sonreír, lo cual hizo que el guardabosque se pusiera serio.
-¿Qué te hace pensar qué es un niño?
-¿No lo es?
- No, respondió Marta. Todos los hombres son iguales, pendientes sólo de los extremos de las cosas y así se les van los pequeños detalles, que son los que importan.
Es una niña y aún no tiene nombre, la madre está demasiado débil para preguntarle cómo le quiere poner así que tendrás que decidirlo tú. Pero te recomiendo que lo hagas pronto, ya que demorarlo puede definir el destino de la criatura que tienes en tus manos.
Gian Gian observó un largo rato el resplandor que venía del otro lado de la casa, las llamas dibujaban extrañas figuras en las sombras.
El amanecer estaba cerca, podía sentirlo sin ver afuera, la noche finalmente se iba y con ellas las sombras se esfumaban.
El primer rayo de un sol tibio se filtró entre las gruesas nubes de tormenta que cubrían el cielo y entonces se le ocurrió.
- Se llamará Clara le dijo a Marta que no se había movido de al lado del lecho en donde la madre dormía, envuelta en fiebre y sueños.
- “Nomen est omen” le respondió ella.
Gian Gian la observó sin comprender, la frase le sonaba extrañamente familiar.
- En el nombre está el destino, esa frase es de tu ab…
- Thorkas ya no está entre nosotros dijo el secamente.
- Pero tú sí, está presente en cada paso que has dado desde que tu padre te puso a su cuidado. Y en esa pequeña dama que tienes en brazos acotó Marta.
Si quieres niégalo hasta que deje de nevar, pero sólo se hará más fuerte.
- Se fue sin despedirse, al menos mi padre se hacia dónde partió.
- A una estúpida guerra en nombre de un rey decrepito y de su corte de inútiles.
- Sino fuera porque él se fue yo no tendría éste trabajo y ya no quiero seguir hablando de esto, ¿cuánto te debo por tus servicios?.
- Nada, pero vendré a ver a la madre por si necesita algo dijo Marta y tomando una vieja bolsa de cuero que siempre llevaba consigo se echó la capucha, saliendo hacia el páramo blanco que se extendía hasta donde alcanzaba la vista.
Qué sabía esa vieja bruja de su vida, todo lo había conseguido trabajando y luchando contra lo que se presentara.
La pequeña dormía, la madre había dejado de murmurar y descansaba al fin después de la larga noche.
- ¿Y al lobo que nombre le pongo?.
Los días son cortos, lejos está la estación lluviosa del verano y la cálida primavera que hace olvidar ese crudo período gélido en el que los hombres buscan cobijo junto a la fogata que trae las historias de épocas mejores.
El sueño se ha apoderado del mundo del guardián del bosque, sus manos callosas se aferran al pequeño caballo esculpido en un pedazo de madera de roble que encontró mientras buscaba las huellas de un lobo herido.
Dar con los responsables de la caza ilegal no era tan sencillo como seguir los rastros de sangre que la nieve aún no había cubierto.
Pese a los siglos aún se rumoreaba, y él sabía que podía ser cierto, que los gigantes lobos negros moraban en las partes más profundas del ancestral bosque.
Y entonces tomando todas las precauciones del caso dejó a un lado la espada y sólo llevó la lanza que usaba para poder repeler a posibles enemigos, aunque estos en su mayoría eran proscriptos y ebrios que, viniendo del pueblo al otro lado del río, terminaban perdidos en el lugar que él cuidaba.
No encontró al huargo pero si una cría, tan solo una, como si las demás se hubieran esfumado.
Así estaban las cosas tras el día largo, aunque aquí las noches duraban demasiado, y se había dormido esperando que la trajeran la noticia que aguardaba desde hacía nueve meses.
En eso lo despertó el llanto proveniente desde la otra habitación, lo que parecía un cuerno sonando en la lejanía lo trajo de nuevo a la realidad y le quitó el sopor que le producía el sueño.
Aún no comenzaba a clarear en el horizonte, así que la noche seguía venciendo al día en su pulseada. Se dirigió hacia la puerta del dormitorio y al entrar encontró a la partera, envolviendo en un trapo al recién nacido.
- Es un bebé muy fuerte dijo Gian Gian.
La mujer lo observó un largo rato y comenzó a sonreír, lo cual hizo que el guardabosque se pusiera serio.
-¿Qué te hace pensar qué es un niño?
-¿No lo es?
- No, respondió Marta. Todos los hombres son iguales, pendientes sólo de los extremos de las cosas y así se les van los pequeños detalles, que son los que importan.
Es una niña y aún no tiene nombre, la madre está demasiado débil para preguntarle cómo le quiere poner así que tendrás que decidirlo tú. Pero te recomiendo que lo hagas pronto, ya que demorarlo puede definir el destino de la criatura que tienes en tus manos.
Gian Gian observó un largo rato el resplandor que venía del otro lado de la casa, las llamas dibujaban extrañas figuras en las sombras.
El amanecer estaba cerca, podía sentirlo sin ver afuera, la noche finalmente se iba y con ellas las sombras se esfumaban.
El primer rayo de un sol tibio se filtró entre las gruesas nubes de tormenta que cubrían el cielo y entonces se le ocurrió.
- Se llamará Clara le dijo a Marta que no se había movido de al lado del lecho en donde la madre dormía, envuelta en fiebre y sueños.
- “Nomen est omen” le respondió ella.
Gian Gian la observó sin comprender, la frase le sonaba extrañamente familiar.
- En el nombre está el destino, esa frase es de tu ab…
- Thorkas ya no está entre nosotros dijo el secamente.
- Pero tú sí, está presente en cada paso que has dado desde que tu padre te puso a su cuidado. Y en esa pequeña dama que tienes en brazos acotó Marta.
Si quieres niégalo hasta que deje de nevar, pero sólo se hará más fuerte.
- Se fue sin despedirse, al menos mi padre se hacia dónde partió.
- A una estúpida guerra en nombre de un rey decrepito y de su corte de inútiles.
- Sino fuera porque él se fue yo no tendría éste trabajo y ya no quiero seguir hablando de esto, ¿cuánto te debo por tus servicios?.
- Nada, pero vendré a ver a la madre por si necesita algo dijo Marta y tomando una vieja bolsa de cuero que siempre llevaba consigo se echó la capucha, saliendo hacia el páramo blanco que se extendía hasta donde alcanzaba la vista.
Qué sabía esa vieja bruja de su vida, todo lo había conseguido trabajando y luchando contra lo que se presentara.
La pequeña dormía, la madre había dejado de murmurar y descansaba al fin después de la larga noche.
- ¿Y al lobo que nombre le pongo?.
José Santos
En los bajos de tuyú mora José Santos,
del viento del sur, de la nieve y de la lluvia
siempre hay forma de protegerse
pero no de la humedad que abunda
en las cañadas de la ría.
Sin embargo el sigue arriando
desde la vieja estancia hacia
el saladero abandonado,
sus coplas recuerdan los años
mozos y algún que otro entrevero.
Pocas veces duerme en el rancho
prefiriendo la soledad de esta
pampa de barro de la que está
hecha su alma y la biguela
se lo recuerda con cada acorde.
Ahí va José Santos
desde la ría en el noroeste
hacia los pagos de Ajó,
el pañuelo celeste haciendo
juego con el cielo en el que
las estrellas le marcan el camino.
del viento del sur, de la nieve y de la lluvia
siempre hay forma de protegerse
pero no de la humedad que abunda
en las cañadas de la ría.
Sin embargo el sigue arriando
desde la vieja estancia hacia
el saladero abandonado,
sus coplas recuerdan los años
mozos y algún que otro entrevero.
Pocas veces duerme en el rancho
prefiriendo la soledad de esta
pampa de barro de la que está
hecha su alma y la biguela
se lo recuerda con cada acorde.
Ahí va José Santos
desde la ría en el noroeste
hacia los pagos de Ajó,
el pañuelo celeste haciendo
juego con el cielo en el que
las estrellas le marcan el camino.
El muro
Era un viejo local a un costado
del destruido camino, en donde los
viajeros se detenían a saciar
su apetito y quitarse la sed de un trago.
El hombre estaba cansado,
su camión se veía igual que él,
incluso había tenido que enderezar el
paragolpes con una barra luego de que
le diera a algo en la noche.
Acostumbrado a ir de acá para allá
no había echado raíces
y ahora ya entrado en años
disfrutaba de esa soledad,
que él creía era suya de algún modo.
Observó el salón,
todo parecía gris y ya nadie quedaba allí
excepto la mujer joven en la barra,
fregando la mugre que los concurrentes
dejaron a lo largo del día.
Su vestido rojo desentonaba con aquel lugar,
se le acercó en busca de otro trago y ella
repentinamente se dio vuelta
mirándolo con desprecio,
luego la mueca se convirtió en una sonrisa.
Quizá era su día de suerte pensó el
mientras se quitaba el sombrero
y se presentaba.
Ella lo tomó de la mano y lo condujo hacia
un rincón en donde se encontró con la
pintura que hasta entonces había estado oculta.
Lo dejó solo frente al mural,
había varios rostros pintados en él,
caras vacías y ojos negros,
desesperación y susurros en torno a ellos.
Sintió que la mujer lo empujaba,
pero en lugar de dar contra el muro
éste se convirtió en un hoyo negro
que lo devoró mientras gritaba sin emitir sonidos
sintiendo como su cuerpo se petrificaba.
Luego la mujer volvió a sus quehaceres
sonriendo satisfecha, tras haberle apresado
una nueva víctima a la bestia que moraba
al otro lado de ese espejo.
del destruido camino, en donde los
viajeros se detenían a saciar
su apetito y quitarse la sed de un trago.
El hombre estaba cansado,
su camión se veía igual que él,
incluso había tenido que enderezar el
paragolpes con una barra luego de que
le diera a algo en la noche.
Acostumbrado a ir de acá para allá
no había echado raíces
y ahora ya entrado en años
disfrutaba de esa soledad,
que él creía era suya de algún modo.
Observó el salón,
todo parecía gris y ya nadie quedaba allí
excepto la mujer joven en la barra,
fregando la mugre que los concurrentes
dejaron a lo largo del día.
Su vestido rojo desentonaba con aquel lugar,
se le acercó en busca de otro trago y ella
repentinamente se dio vuelta
mirándolo con desprecio,
luego la mueca se convirtió en una sonrisa.
Quizá era su día de suerte pensó el
mientras se quitaba el sombrero
y se presentaba.
Ella lo tomó de la mano y lo condujo hacia
un rincón en donde se encontró con la
pintura que hasta entonces había estado oculta.
Lo dejó solo frente al mural,
había varios rostros pintados en él,
caras vacías y ojos negros,
desesperación y susurros en torno a ellos.
Sintió que la mujer lo empujaba,
pero en lugar de dar contra el muro
éste se convirtió en un hoyo negro
que lo devoró mientras gritaba sin emitir sonidos
sintiendo como su cuerpo se petrificaba.
Luego la mujer volvió a sus quehaceres
sonriendo satisfecha, tras haberle apresado
una nueva víctima a la bestia que moraba
al otro lado de ese espejo.
miércoles
Historietas en huelga
Golpearon a mi habitación esa mañana, eran del Sindicato “H.B.” para informarme que ya no podría escribir un solo guión más.
Para colmo de males se sumaron los dos Gremios “H.C.” junto con “C.M.”, en un abrir y cerrar de ojos tenía a un grupo de vikingos, orcos y habitantes de algún pueblo del salvaje oeste amenazándome con tomar la civilización por asalto.
Ni siquiera las viñetas del procesador de texto funcionaban ese día, los recuadros protestaban contra la libertad de formas. Tuve que conformarme con ver como los personajes desfilaban entre las distintas publicaciones.
Eso, hasta que el editor decretó la conciliación obligatoria. Ahí estaban reunidos todos los protagonistas de mis historietas, algunos se quejaban de la falta de conservación de los ejemplares, de cómo todo se iba poniendo amarillo con el tiempo y de la manera en que muchas veces se los borraba.
Tales reclamos tenían un enorme fundamento, mis personajes nacieron cuando era libre y no me limitaba un contrato. El editor traspiraba, los lápices se habían sumado a la refriega junto con la goma de borrar y el sacapuntas.
Hasta mandaron a llamar a un notario que asentara sus reclamos, constituyéndose la Proclama de las Viñetas, por las que ningún personaje, grande o chico, bueno o malo, debe ser olvidado.
Después de todo, cada quien tiene su corazoncito y no es cuestión de dejarlos abandonados a su suerte. Así que esa mañana recobré lo que había perdido, el ansía de escribir aventuras en las que pudiera sumergirme lejos de todo. Ahí viviré por siempre.
Incluso Thorval se ha sumado a esto, pese a que él no dice nada. Sólo revolea su martillo y le lanza una bocanada a la luna.
Nota: allá en Reta, teníamos un vecino (Juan López) que nos suministraba historietas. “Hora Cero”, “Hacha Brava”, “Hopalong Cassidy”.
Gracias a él conocí a Ernie Pike, Rolo y los Pargas, Sargento Kirk, Joe Zonda, Hueso Clavado, Ticonderoga Flint y más tarde a Corto Maltese junto con Nippur de Lagash (y varios personajes de Robin Wood). Sumémosle a Julio Cortázar, Emilio Salgari, Julio Verne y otros ilustres creadores, a los que les rindo tributo.
Para colmo de males se sumaron los dos Gremios “H.C.” junto con “C.M.”, en un abrir y cerrar de ojos tenía a un grupo de vikingos, orcos y habitantes de algún pueblo del salvaje oeste amenazándome con tomar la civilización por asalto.
Ni siquiera las viñetas del procesador de texto funcionaban ese día, los recuadros protestaban contra la libertad de formas. Tuve que conformarme con ver como los personajes desfilaban entre las distintas publicaciones.
Eso, hasta que el editor decretó la conciliación obligatoria. Ahí estaban reunidos todos los protagonistas de mis historietas, algunos se quejaban de la falta de conservación de los ejemplares, de cómo todo se iba poniendo amarillo con el tiempo y de la manera en que muchas veces se los borraba.
Tales reclamos tenían un enorme fundamento, mis personajes nacieron cuando era libre y no me limitaba un contrato. El editor traspiraba, los lápices se habían sumado a la refriega junto con la goma de borrar y el sacapuntas.
Hasta mandaron a llamar a un notario que asentara sus reclamos, constituyéndose la Proclama de las Viñetas, por las que ningún personaje, grande o chico, bueno o malo, debe ser olvidado.
Después de todo, cada quien tiene su corazoncito y no es cuestión de dejarlos abandonados a su suerte. Así que esa mañana recobré lo que había perdido, el ansía de escribir aventuras en las que pudiera sumergirme lejos de todo. Ahí viviré por siempre.
Incluso Thorval se ha sumado a esto, pese a que él no dice nada. Sólo revolea su martillo y le lanza una bocanada a la luna.
Nota: allá en Reta, teníamos un vecino (Juan López) que nos suministraba historietas. “Hora Cero”, “Hacha Brava”, “Hopalong Cassidy”.
Gracias a él conocí a Ernie Pike, Rolo y los Pargas, Sargento Kirk, Joe Zonda, Hueso Clavado, Ticonderoga Flint y más tarde a Corto Maltese junto con Nippur de Lagash (y varios personajes de Robin Wood). Sumémosle a Julio Cortázar, Emilio Salgari, Julio Verne y otros ilustres creadores, a los que les rindo tributo.
domingo
Poema corto
No sé qué expresarte.
¡Cómo me siento para expresarte,
me cuesta hablarte tal cual palabra,
es difícil entenderte cuando hablás rápido,
leerte alguna palabra perdida en tu labio movido!
¡Te pido repetir una vez y otra vez para comprenderme,
lo qué me contaste o me preguntaste!.
Todos los días y las noches me expresas: ¡TE AMO!
2016. Patricia Candia.
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