Cada vez que volvemos ellos están ahí aunque en ciertos casos son sus recuerdos dado el episodio de partida por tiempo indeterminado. Las casas al costado del camino contienen historias de esos que le hicieron frente a las inclemencias cuando los pastores aún no juntaban el rebaño y el sonido quedó lejos en la noche, aunque basta con esperar a que caiga la helada para sentir esa interpretación una y otra vez con más o menos público. La obra ha de reiterarse pese a que los concurrentes sean cada vez menos, los álamos detectan el llamado sacudiéndose el frío al agitar sus ramas cuyos mensajes fueron enviados y forman una capa debajo.
Blog del autor ítalo argentino, Piero Fiori. Esta obra está licenciada bajo la Licencia Creative Commons Atribución 2.5 Argentina conforme se describe en la página intitulada "Creative Commons".
jueves
Robótica
VSH 009, unidad
ensamblada en Sudamérica, componentes diseñados en Bloemfontein, introducir
órdenes.
El
viejo director técnico, antes ingeniero y mucho más atrás jugador de fútbol,
procedió a insertar la enorme tarjeta en la parte baja de la columna de esa
bestia de metal la cual reaccionó al contacto de la misma procesando las
instrucciones para luego ocupar su sitio en el hangar. Sus pares ya estaban en
sus sitios a la espera de la batalla de la noche siguiente aunque siempre era
la oscuridad la que cubría al mundo, el sol había sido privatizado así que esos
que vivían en el espacio colonizado podían disfrutar del mismo. Bebería un café
en el cuarto convertido en su cuartel general dado que la federación no podía
costear más gastos que el traslado al enorme campo de juego, alguna vez ahí
hubo una ciudad así como millones de personas que ahora disfrutarían en sus
pantallas neuronales del cotejo en cuestión. Antes habían sido los gladiadores
modernos armados con un balón parecido al de ese encuentro próximo, con
publicidades en cada esquina del barrio de manera que los ojos del mundo
estuvieran pendientes de estos hechos históricos. Pero al final el fútbol
conocido por los seres humanos fue abolido, en su lugar alguien pensó que era
una buena idea poner autómatas a realizar la tarea con una precisión de
cualquier habilidoso. Miles de estrategia se concentraban en los bancos de
datos haciendo que los actores principales las desarrollaran hasta alcanzar la
victoria, con la demolición de la escuadra contraria dado que necesariamente
había bajas y un montón de chatarra que vender a precio exorbitante. Sacó los
viejos naipes españoles tan desgastados como la gorra que portaba salvo al irse
a dormir, encendió uno de sus últimos lujos en ese momento de cavilaciones
repasando los instantes de gloria lejana allá en la zona del Quequén Salado.
Sus días de mediocampista de contención se habían terminado justo diez meses
antes de que esa pasión fuera dada de baja, ya no servía para entretener a las
nuevas generaciones que practicaban a bajo costo la destrucción de asteroides
empleando las armas en desuso dado que nadie osaría quitarles la posición de
privilegio que lograron entre las estrellas. Pero en la luna y la Tierra
quedaban esos que siempre andan colgados del sistema, corriendo de atrás a un
tren que raudo se manda a mudar en la siguiente curva no habiendo zorra que
permita alcanzarlo, así que mejor conformarse con lo que ha tocado. Alguien podría cumplir el rol de
entretener a los bienaventurados, conquistadores del cosmos que deseaban
momentos de distracción ante lo difícil que es mantener el estatus alcanzado
sin esfuerzo alguno. Miles de naves partieron en la loca carrera por alcanzar
Ganimedes, apenas una logró hacerse con la copa de la victoria cuya crónica se
perdió en el vacío hasta que las conexiones entre la civilización nueva y la
que quedó atrás se restablecieron. Los libros de historia, todos digitalizados
por supuesto, darían cuenta de la hazaña que significó llevar la luz a ese
mundo alejado de la misma aunque si había otras presencias nunca salieron en
los créditos del documental vendido hasta agotarse.
T21542, unidad de construcción a distancia, descenso de maquinaria a la zona del encuentro a los fines de ultimar detalles, tiempo restante: dos horas y cuarenta minutos.
Los
técnicos del rival monitoreaban el partido desde la seguridad de las alturas,
él apenas consiguió una vieja patrulla que le permitía estar sobre el estadio
levantado para la ocasión. Con la precisión tecnológica se habían hecho llegar
los muros gruesos que conformaban el perímetro de la cancha, dibujadas con un
láser las líneas que delimitarían la zona de juego. Los gigantescos arcos
fueron colocados al final de la preparación, sin red de contención dado que el
balón no iría a ninguna parte considerando la altura del recinto además de los
dispositivos de seguridad que permitían saber la ubicación exacta de aquel
objeto. Aparte de los recursos que disponía el equipo campeón existía una
diferencia en los materiales empleados en la construcción de las bestias que
pronto saltarían al campo de juego, sin mencionar la existencia de repuestos
cuestión que el retador no poseía. Las celdas de combustible eran otra
diferencia, aún los habitantes de ese viejo mundo se servían de los fósiles
refinados en tanto que los del cosmos habían logrado almacenar cierta energía
nueva lo que les daba una autonomía de miles de días. Varios partidos
concluyeron antes por la explosión registrada en alguna de las unidades
terrestres, sin que el resultado fuera ya relevante al quedar dañada más de una
como consecuencia de la onda expansiva. Los de azul profundo eran visitantes en
su propio mundo, de rojo el campeón que jugaría con el 1 en el arco, el 2 como
único defensor, el 3 y el 4 en el mediocampo en tanto que el 5 era el solitario
delantero. El retador tenía al 12 en la portería, el 2 y el 6 en la defensa, el
10 asistiendo al 9. El árbitro del cotejo era un holograma que se asemejaba a
cierto juez del pasado, siempre atento a cualquier circunstancia que pudiera
producirse y el sobreviviente de esos eventos dado que no poseía forma física.
Sonó el silbato en un desierto absoluto, los ojos de la civilización se posaron
en ese punto del espacio a eso de las 13:00 hs. del domingo igual que antaño.
Los guerreros llevaban sus publicidades en cada movimiento del balón, siendo
estas proyectadas directo al cerebro de los usuarios que un poco más tarde
habrían adquirido algo que no necesitaban. El 3 quedó apilado junto al 10
desafiante haciendo que el referí detuviera la disputa, tiro libre directo para
los invictos que fueron a buscar al área rival en tanto el 9 terráqueo bajaba a
defender ese balón que como un meteoro caería buscando una víctima. Nadie sabía
exactamente qué velocidad podía tomar la esfera ante la potencia de disparo de los
miembros metálicos, alguno contaría por aquí que se habían visto impactar a un
balón extraviado en la luna dibujándole un nuevo lunar. Incomprobable. El
esférico terminó en manos del 12 que inmediatamente lo envío a la zona de
disputa, ya el mediocampo era un yermo con las líneas borradas de tanta pasar
sobre ellas las máquinas. El remate desde afuera del área fue contenido por el
portero visitante, intentando un nuevo contraataque que moriría sin pena
soportando una lluvia de proyectiles sobre el arco azul. El 6 empezó a soltar
una serie de gases que pronto impregnaron la de por sí contaminada atmosfera,
indicando que podría haber una detonación en cualquier momento. En el siguiente
tiro libre ocurrió lo anunciado, todos los jugadores de campo quedaron
esparcidos en lo que parecía un depósito de chatarra.
Lanzó
el balón fuera de su área yendo detrás de él pasando esa divisoria que era una
vía perdiéndose en la noche, nada más que dos jugadores frente a frente.
Cargará entonces aquel que sabe deja la meta al descubierto intentando hacerse
con el objeto más preciado que le ponga fin al cotejo, el reloj corre sin
misericordia hasta que ya no hay tiempo. Sabe que viene a toda velocidad viendo
ese marco lejano totalmente solo, ha calculado su rival con exactitud la
maniobra de recupero pero se topará con esa gambeta que hizo chirriar los
viejos engranajes pasando de largo con los propulsores a pleno. No obstante el
esfuerzo habrá podido hacer un giro para derribar al 12 justo un segundo
después que este le dé de zurda, quedando los dos enroscados en el barro de ese
escenario. El árbitro aparecerá para señalar la mitad de la cancha en tanto por
primera y única vez el uno es azul en el tablero que indica el final del
encuentro.
Podrá
el experimentado entrenador retirar a su último guerrero contemplando el
desarme del recinto, la salida del 1 que ha sido desactivado y cargado con sus
compañeros de equipo para ser vendidos de inmediato. No obstante el balón yace
allí, el golero lo toma viendo la sombra de la nave gigante sobre esa niebla
eterna pegándole con toda la fuerza que le queda entre los hierros y escapando
raudo con el humano que lo trajo a la vida. La detonación ilumina el cielo, la
explosión al precipitarse el navío se ve desde la otra punta de la galaxia, el
velo semejante a un crespón ha desaparecido y el sol finalmente vuelto a la
tierra de los libres.
Mientras bebe la única copa tras el almuerzo contempla a la vieja máquina marcar las líneas blancas que brillan en el domingo, ha regresado el fútbol en su formato antiguo al mundo de los locos así que en un rato se sentará en la grada en compañía del canchero que aún tiene el 12 estampado en su dorsal.
lunes
Aldea
Al dios en cuestión le han construido un monumento en
cada hogar del planeta, algo que hasta ahora no había sido logrado por ninguno
de sus competidores a través de los siglos pese a las batallas tomando su
nombre que llevarían a la hoguera a millones. Se dejó de derramar sangre, con
ciertas excepciones, los estandartes se pasearon victoriosos por debajo de las
narices de los ignorantes globalizados que aceptaron sin chistar cada uno de
los términos en una suerte de pandemia. Los efectos pese a la ausencia de
intención fueron bastante nocivos, pronto todos los involucrados hablarían un
lenguaje que llegaría con sus publicidades más allá de las fronteras de esta
galaxia haciendo que los cronistas de otros lares observaran el fenómeno bien
de lejos, cosa de no contagiarse. Por las dudas, para no generarle adicciones a
los que resultan beneficiarios de sus fabricaciones (y por ende condenados) se
les ha ido suministrando la mercancía acorde a sus posibilidades de manera de
rascar el cobre de cada rincón del planisferio. Abandonó las escrituras
sagradas cambiando no obstante las mismas por charlatanes que distribuyeron a
cambio de una suma la palabra divina con el eslogan de lo último de lo último,
con actualizaciones que se incluyen en ocasiones en la tarifa y en otras se
cobran como contenido descargable. Los residuos por su parte se acumularon sin
que se les haya dado demasiada importancia, en el momento de reconocer la
necesidad de no tratar al océano como un basurero elevaron una oración al
altísimo que seguro este no escuchó pero disimularon creando declaraciones que
nadie cumpliría. El cañón apunta a tu mesa así que nada de andar
arrepintiéndose de esa adquisición del presente que será la negación para los
que deben acarrear aquello que uno desperdicia, esperando que simplemente el
grifo nos dé lo que hemos venido a buscar. Satisfacción inmediata, viendo al
mundo desde un anuncio para después unirse a la procesión de los que le rinden
tributo al iluminado que nos ha puesto en la ropa y en la mesa la marca del
ganado. Un usuario con nombre de fantasía aparte de la clave que guarda la
privacidad que hemos regalado, la fotografía tomada mostrando lo mejor de
nosotros y el código de verificación que también nos relaciona con el aparato
de control permanente. Los extremos están cifrados pero al ser una invención
humana seguro se puede hacer trampa, escuchando los silencios de la noche
aunque el mensaje de la canilla les dará nuevas ideas que se aparecerán en el
desayuno haciendo que nos venga la necesidad de tenerlo. Quedarán a un costado
del lecho todos esos trofeos que conseguimos a fuerza de empeñar nuestro futuro
trabajando para cubrir los agujeros que el plástico dej,a sostenido en la banda
magnética una tras otra pasada siendo un embargo camuflado. Sin embargo tales
actos están asociados a la dicha de las imágenes, reiterados los recursos
publicitarios con adaptaciones acorde a determinados cambios sociales pero de
fondo siguen siendo lo mismo. El guión que se vende para que demasiados lo
compren, asegurando la realización de secuelas infinitas dado que siempre habrá
nuevos consumidores que pidan eso que no necesitan pero que los demás tienen,
así que ahí inicia la demanda sin fin. Se adaptan a las costumbres regionales
cada uno de los espejos de colores que se les otorgan a las nuevas generaciones
de incautos, esos que verán extrañados a los más ancianos por ya no ser lo
suficientemente jóvenes para poder entenderlos pero para estos también hay un
pedazo artificial de cielo que se les puede vender. La inculturación hace su
entrada triunfal blandiendo en esos territorios sin límites sus banderas de
triunfo, con personajes de otros lares vistiendo los ropajes autóctonos cuando
no los escudos de ese idioma universal cuyo himno es una palabra breve llamada
gol. Aquí también la felicidad viene acompañada de un sinnúmero de propagandas
desde las cuales conocemos el manifiesto de ese credo del que formamos parte
aunque seamos ateos, las viejas estructuras incluso han adaptado los mensajes
que transmiten a medios modernos que llevan un símbolo del creador de dicha
tecnología viéndose su presencia en los monitores que nunca se apagan así como
en el desfile celestial que opaca a las estrellas. Los santos de esta fe
moderna aparecen en los envases usados en los rituales diarios, portando la
malla que vale vender el sol para tenerla y recibiendo en pago el trato
brindado a los gladiadores ocupados en entretener a una multitud que busca
héroes renovando a los mismos cada cierto número de temporadas. Pero aun así podrán
volver a verlos en las ediciones clásicas que cuestan un mes de renta, aunque
ellos lo ignoran estando en el primer mundo todavía pese a las buenas
intenciones de hacer desaparecer las diferencias en el papel mojado y amarillo
de las décadas transcurridas.
viernes
Ñ
Las demás letras sufren de calvicie por exceso de uso
aunque en la época actual sería más bien por haberlas olvidado sustituyéndolas
con otras que no suenan igual, el problema es que las pronunciamos mal
generando una confusión enorme en la que el orden del abecedario se ve
alterado. Sin embargo ella mantiene su cabellera flotando en el viento como
nave insignia de esto que se llama lengua, dejando a un lado las abominaciones
que son las sombras apenas en torno a un fuego agitándose en la tempestad. Las
formas oscuras tienen como lienzo a la pared de esa caverna desde la cual los petroglifos
se han rebelado mutando a palabras, la revelación es tal que las personas
empiezan a darle nombres a su realidad la que cambia por completo. Dejan
entonces de ser extraños cubriendo el sitio que habitan una atmosfera hogareña
en la que los niños crecen sin sonidos guturales, pasado cierto tiempo el reloj
corre semejante a una cuerda que se va cubriendo de ñudos alcanzando un tamaño
considerable antes de cortarse. La hermana mayor hace las veces de ñaña cuando
no de madre aunque no llegue a alumbrar nunca descendencia, viendo sus días
languidecer hasta volverse polvo de ese mecanismo que es finito. En el mañana
los ya adultos, con la niñez en un cofre abandonado, se han esparcido por el
mundo que deja de ser desconocido aunque el llamado de la casa sigue sonando en
la noche invernal metiéndose con la invasión del agua en esa zona ribereña para
luego retroceder con la manada de pinzas. El actor principal es un tacaño
consumado, le destina poco y nada a las cuestiones afectivas intentando
resolver los problemas de otros que confían en su sapiencia aunque muchas veces
sabe menos de lo que muestra. Sin embargo a su orilla llegan los restos del
naufragio, los pedazos de historias con almas aún aferradas a la carne
solicitando una y otra vez asistencia al igual que un pedigüeño que no tiene un
hábito mejor arraigado. Por ello esta pausa entre tanto papelerío que esconde
posibilidades de salvarnos de ser los siguientes en zozobrar, aunque nos hemos
vuelto isleños que miran con pavor al océano que supone la vida.
jueves
Adieu
El espejo no refleja nada excepto la imagen de siempre con los agregados de los años, el recinto está vació pese a que caras nuevas lo pueblan aunque la ausencia es notoria considerando las vivencias entre esas paredes. Trasladadas afuera al abandonar el sitio retornando a casa con la sensación de pesar aunque no se trate de una partida definitiva, ese rostro que ya no veremos quedando el desafío dormido en el recuerdo. Una tilde que voluntariamente se ha ido a colocarse en otra parte genera la llamada de atención del único testigo, los demás por las dudas no se han salido del molde ni del rol asignado. El primer lugar en la fila de adelante con los riesgos que existen por volar demasiado cerca del sol, el faro que no advertirá de los filos de las rocas aguardando a la presa totalmente confiada. Aunque la supuesta víctima esconde el acero debajo de la capa devolviendo las estocadas a esos que no están suficientemente alertas, algún que otro comentario recibe una respuesta en sorna pese a no mostrar emoción alguna. Después los años se quedan atrás hasta percatarse de la llegada del otoño, de ese adiós escrito en hojas marrones en una calle desierta con nombre de santo ausente. Tras esto el hueco interno, la sensación de vacío que se mete en las arterías bombeando hasta tornarse un nudo en el estómago que se deshará con los eones. Las palabras escritas en rojo y azul en una especie de juego para dos se quedan estampadas en una entrada antigua, maneras diferentes de ver este inmenso lago por donde navegamos quitando las distancias del nacimiento. Una inscripción en la tapa interna suprimiendo a la anterior en un acto equivalente a un manifiesto, las demás páginas quedan de adorno igual que el libro alejado del salón durante más de un año. El temple viene de lejos a la hora de dar el paso hasta que se convierta en una historia que se arma según se mueve hacia adelante, todo lo anterior queda atrás volviéndose una anécdota. Las imágenes escondidas en un pizarrón con trazas de repeticiones previas, incluso el sitio del impacto de otra fuerza ausente con aviso más allá de no ser un recuadro de esta historia. El pupitre vacío con un aviso dando cuenta de la búsqueda de un piloto ya que ella se ha ido dejándolo abandonado, el mundo de este átomo no se ha percatado siguiendo con la misión de ponerle laureles a las piedras.
domingo
Eso ya fue
Cientos de imágenes pasan ante nuestros ojos, la vida
del otro que ignoramos. Su rosto es uno más en esta
instantánea que corre y no se detiene.
Una secuencia de eventos, un minuto, un día, da lo mismo
si estamos pendientes sólo de una pantalla.
Eso ya fue, ya pasó, no está a la moda, fue hace un segundo,
un mes de un calendario que se deshoja raudo.
¡Alguien qué pare la maquinaria asesina, por favor!
Es tarde, arrancó y está en movimiento, las escenas pasan,
los momentos no quedan. Son borrados inmediatamente de
la memoria a corto plazo, borrados y desterrados al olvido.
Olvido por qué estoy haciendo esto, tal vez no haya
nadie que lo vea. También a ellos los cambiaron.
Aniversarios
Pasado el ciclo en cuestión inició uno nuevo y
esperanzador, un amanecer que se volvió ocaso en cuestión de segundos al
adjudicarse un sector la defensa de eso que se llaman derechos humanos, el
horror era una mala comparación que no tenía cabida alguna a la hora de
sentarse a debatir ideas. Una mera charla en un asiento de colectivo se
convertiría en un manifiesto de una ideología decadente y fascista, un puñado
de fanáticos convencidos de la panacea que en realidad encubría la peor de
todas las enfermedades. Esa que contiene a otras dándote un motivo más para
morir antes de tiempo, quitando toda esperanza de vida (de ella quedó apenas la
palabra asociada al verde) y destruyendo a individuos, familias y por supuesto
a la sociedad. Los sucesivos fracasos fueron justificados con frases hechas a
la medida, la de los idiotas mediocres que cuentan las ganadas con el bolsillo
pero las derrotas son culpa de los otros (justamente sus hermanos, por si se lo
olvidó). Nada de marchas por cada pequeña vida que ha desaparecido en silencio,
ese que le brindaron los bastardos subidos al escenario con la muchedumbre
coreando el nombre del siguiente asesino y los partícipes necesarios que pueden
vestir otros colores pero consienten la mayoría de las veces. Alguno que alza la
voz es visto como un inadaptado, la corrupción es la regla en un sistema
invertido que esclaviza a sus habitantes llenando las arcas para que
desaparezcan enseguida los fondos y a un precipicio nos fuimos metiendo cavando
cada vez el pozo. De mirar a tu alrededor verás que hay varios con las palas
rematando con una maza los cimientos de lo que podríamos haber sido, lo que
fuimos está en páginas grises que se volverán de color al alimentar ese último
fuego. Los trescientos sesenta y cinco días, las veces que no es bisiesto, son
para ver las continuas vejaciones que no se tratan de la misma forma que el
hecho histórico del comienzo. En un par de días desaparecen de las pantallas,
alguno tal vez recuerde ese momento pero ya es tarde una vez que la vida pasa dejando
que ocurran tales cuestiones que se ponen a la par de la fecha del fin de
semana (finde). Las estadísticas muestran la existencia de los crímenes pero se
los califica de otra manera, así nadie tiene que hacerse cargo de la masacre a
la que evitamos simplemente porque alguien se preocupó de nosotros. Muchos más
no tuvieron ese suerte, sus asesinos vivieron sin tener que rendir cuentas
excepto en el momento de dejar este plano para transformarse en inocentes
simplemente con el justificativo de su muerte. Olvidamos rápido ese sitio en
dónde nos han cortado en pedazos los sueños, abriéndole la reja al homicida
reincidente y metiendo en el cuarto podrido a cualquiera que tenga un rostro
conocido. Justificativos de sobra existen, una puerta giratoria primero vendida
en forma de chatarra para que el agujero sea más grande de forma tal que puedan
escaparse de a miles. Después explicarán a los ignorantes las razones del caso,
con la venta de la primavera infinita a la hora de botar cualquier posibilidad
de ver algo diferente a esta carnicería de los derechos que tenemos simplemente
por haber nacido. Para los fundamentalistas esto no significa nada, siguen
remarcando en el calendario los momentos que han sustentado sus privilegios y
la apropiación de la bandera de la condición humana para aquellos que tienen
puesta la camiseta con las imágenes de los dioses. A eso no les llega la
tempestad, viven en sus burbujas ajenos a la pobreza, las enfermedades que nos
diezman igual que a insectos rociados con un veneno barato para abrir cada
tanto la ventana del penthouse arrojando las migajas del almuerzo que pagamos
sin saberlo. Después para evitar los insultos ponen la banda sinfónica al
mango, mostrando presencia con algún mensaje pulido para trasmitir tranquilidad
a la horda que necesita el comunicado adoctrinando, además de fondos
suficientes. La ruta por la que transitamos está destruida hace décadas,
excesivo tránsito, tráfico y dementes al volante generando una reducción de la
expectativa de vida, pero eso tampoco se considera una violación mientras la
banshee danza sobre la tarima con el séquito de acólitos pidiendo una vuelta
más antes de seguir arruinando las vidas de la mayoría.
martes
República del Corso
A la palabra en cuestión le sobra una letra siendo tan sólo una advertencia, de entrar en el juego a uno enseguida le pondrán un chaleco que viene en dos tonos: rojo y azul. De ahí no se sale, no importa cuánto quiera la persona pretender romper con el monopolio en cuestión que se nos vende como justo. Está bastante lejos de ello, de hecho es más bien una obra repetida a través de las décadas con cambios en las caras de los actores principales, en cuanto a los de segundo nivel van mutando llegando incluso a alternarse en los roles. Cuando el azul es el que manda se encuentra la dicha en cada esquina, los agujeros en el suelo así como la mugre que la correntada de ayer no se llevó son apenas una mancha que no ha de empañar ese momento epifánico. Los que se han quedado afuera, pero beben de idéntica fuente con un sorbete diseñado para vampiros, se rasgarán las vestiduras ante las afrentas que cometen aquellos integrantes del equipo contrario. Pero al invertirse el orden de los personajes ocurrirá exactamente lo mismo, los de rojo simplemente no saben qué hacer con las líneas que les ha adjudicado ese guión así que ante los fracasos se echarán las culpas mutuamente. Los árbitros del encuentro, debidamente ataviados para el desfile, formularán toda clase de conjeturas dándole participación a aquel que consideran un mesías, apareciendo a lo largo de la jornada y puliendo el discurso (se nota que quiere ser parte del circo). Se indignarán ante los atropellos que cometen esos que tienen el poder, ansiarán por lo bajo tener una pizca del mismo dado que la reiteración del cuento los ha convencido de ser los portadores de la verdad sin salir de su rol de pisco. Colocados por encima de todos esos que viven lejos del centro del mundo, el de ellos obviamente dado que el globo es mucho más grande, continuarán vociferando en una escena que se asemeja a un perro ladrándole a otro desde la comodidad del alambrado al medio. Por si fracasa la opereta también convocarán a alguno que consideren en el otro lado, concepto que puede cambiar rápido según lo dispongan las circunstancias, demostrando que existe la pluralidad aunque siempre estén mirándose el ombligo. Al caer la noche se sentarán a degustar ciertos manjares mientras imparten lecciones sobre cultura, buenos modales y pedazos de historias que incluyen únicamente aspectos reconfortantes de vidas ajenas. Limitarán su conocimiento del planisferio a ese punto brillante en el mapa, desde el cual surge la voz de la deidad aclamada incluso por esos que no la conocen pero portan la camiseta contentos de saberse parte del espectáculo. Descubrirán con júbilo que existe un océano rodeando a su pequeña isla aparte de montañas, cerros, nieves y selvas que están al alcance de su conocimiento, aunque siempre se refieran por metonimia al único lugar que han conocido para abarcar a todos los demás. El clima acompañará todos estos pensamientos cayendo la noche sobre la nación dentro de cuyos muros unión, justicia, paz, defensa, bienestar y libertad son un milagro que no ocurre nunca. A todo esto los timoneles han decidido cambiar la bandera que flamea convirtiendo al pabellón en un culto al egocentrismo, con las imágenes sacadas de los bustos y reproducidas en cada una de las marchas de los fanáticos de esa entrega. Aquellos que no forman parte, pero son más de lo mismo, esperan poder saltar al escenario para barrer las migajas debajo de la alfombra pretendiendo que cumplirán alguno de los objetivos plasmados dos siglos atrás aunque se sabe que es la misma obra vendida con un envoltorio diferente. El espectador que alguna vez fue ciudadano comprará varios ejemplares de manera de no ser menos que todos los otros que se han equivocado previamente, manteniendo el repertorio a través de los años hasta que se torne un bodrio sin remedio.
jueves
Seis tiros
No le agradaba para nada tener que llevar esa carga que se distraía ante
la menor oportunidad, debía vigilar los movimientos de sus eventuales víctimas
a la espera de que le dejaran un resquicio por donde ejecutar su oficio. Era
ingrato pero necesitaba vivir a costa de los demás, sus crías aguardaban en un
lugar que sería cómodo para cualquiera excepto para ellos que se sabían
marginados en ese mundo que pasa deprisa a diferencia de otras épocas. Todo lo
cuestiona, exhibe las mejores imágenes pero deja afuera a la mayoría por no ser
dignos ante los ojos de los dioses perecederos que limitan su podio a algunos
cuantos nomás. Un poco de verde, el agua corriendo aunque podía estancarse sin
que les preocupara mucho y el sustento necesario para mantener a la familia al
recibir la orden de salida dejando la paz de ese lecho tan conocido. Sin
embargo los asesinos se escondían en el mismo lugar que ellos llamaban hogar,
aguardando para dar cuenta de muchos más que sus escasas víctimas en la
comparación de las profesiones. La mala fama la tenían ella y su descendencia,
malditos de cualquier manera que se los viera así que para qué andar intentando
ir contra la corriente cuando esta puede hacerte ganar pese a los insultos de
los vecinos que se esconden en las noches, temerosos de algo más grande aunque
nunca lo hemos visto desde este lado del cerco. Somos libres, proscriptos sí,
pero libres y esa es una aspiración para aquellos que dicen ser los dueños del
mundo aunque cualquier enemigo diminuto los terminará enviando al osario común
desde que pusieron un pie sobre la superficie proclamándose eternos, enseguida
vendrá el corte demostrando lo equivocado de esa conclusión. Su compañero a
todo esto había dirigido su atención a la pared marcada que pensaba escalar,
era un buen punto de ingreso aunque ella consideraba que la ventana entornada
resultaba una mejor posibilidad. Incluso el detector de intrusos se encontraba
descansando después de una noche de mucho trabajo, sabían de la importancia del
grupo a la hora de tener éxito en ese atraco y también de la disminución
significativa en sus filas cada vez que acometían a dichos fines. Pero nadie
guardaba los registros de esa epopeya, las únicas vidas importantes eran las
que se proclamaban tales constituyendo todo lo demás un desperdicio de
información siendo innecesario el registro. Así que revisó el arma, los seis
cilindros estaban listos, la munición preparada, los músculos tensados
aguardando el momento de lanzar el ataque repetido a lo largo de las horas
experimentadas en esto de chupar la sangre. Logró el objetivo no así su compañero
que estaba en la escena de relleno, recibiendo un golpe que lo dejó
desparramado sobre la vereda justo al lado de un pequeño hormiguero
anteriormente víctima de la máquina de podar. Sus hijos agradecerían ese
sacrificio, la distracción que le permitiría salir indemne incluso esquivando
esa andanada de gas que los espirales escondían. Descansar un poco, mojarse las
patas en la charca, evitar a los submarinos verdes y regresar a un nuevo
encuentro que podría ser el último, aunque dada la expectativa de vida eso no
le importaba. Su legajo rojo sería una mancha sobre la epidermis aunque los
aguijones ya hubieran penetrado, era en cierta forma una especie de victoria pese
al mamporro omnipresente llegando a acabar con el perpetrador. Su sirena era
menos molesta al acercarse en la oscuridad que todas esas alarmas sonando en el
exterior, pidiendo ayuda vaya uno a saber para qué en tanto aquí adentro el
ventilador gira manteniendo frescos a los contribuyentes a los que les solicita
menos aportes que cualquier otro recaudador de carne y huesos. En las estadísticas hablarán de ese día
lluvioso seguido de una invasión que obligó a los turistas a abandonar las
reposeras, la sombrilla y las ojotas, la playa despejada finalmente con las
olas invadiendo la pista de tejos cuyos discos se fueron a flotar desatando la
indignación de aquel que los dejó al percatarse de lo caro que saldría un juego
nuevo.
Viszontlátásra
La ruta
solitaria, la estación vacía, el sol que dibuja un espejismo mientras deambulo
por ese camino desierto, el colectivo naranja que no se ha presentado en meses,
el vecino cuya bicicleta emite un sonido argentino, los pibes en la otra cuadra
jugando hasta tarde, los mensajes que no dejan de llegar volviéndose un bodrio
repetido. El aula vacía, los rostros que vi un once de marzo en formato de
bienvenida y despedida, los fantasmas de febrero lejanos ya, ese registro que
no respeta los renglones aunque no es más que un conjunto de notas vacías sin
la gracia de esas presencias a las que alude. La mesa de costura improvisada,
la herida abierta por un pedazo de acero destinado a traernos un poco de pan,
los escritos que se volvieron archivos de audios y libros, las caras conocidas
que no estarán a la vuelta, ese adiós momentáneo que marcará la ausencia, el
teclado que quiere una pausa después de tantas líneas en diversos viajes. El
cangrejo malnacido al que un pisano viejo le planta batalla trepando esos muros
que un montón de burócratas han levantado, cuidando que pocos lleguen a ese
sitio para poder beber un sorbo de una fuente que no termina de curar del todo
sino meter paliativos. La cosecha buena ha sido reservada para otros hijos de
los dioses que también son mortales, aunque la manipulación del contexto les
sirva para estar un poco más cómodos pero el final es el mismo. La
improvisación dejando pospuesta en forma indefinida a eso que se le dio el
rótulo de educación, aunque todo el tejido esté roto desde hace demasiado
tiempo y no sea más que un cartel puesto sobre la fachada con decisiones que
llegan tarde. Los docentes, enfermeros, galenos y aquellos que no dejaron la
calle, ninguneados por un montón de bastardos que igual a parásitos se
atribuyen sus logros jugando a decidir los destinos de millones desde pantallas
lejanas a la realidad. Los despachos acondicionados a un clima ideal, sin los
gritos provenientes de afuera que no llegan y el martillo ablanda carnes que
baja, la casta de bienaventurados continúa manteniendo su encumbramiento con un
montaje mal armado pero en funcionamiento. Reduciendo a pedazos cualquier
reclamo que no sea ponerle la alfombra a algún espíritu desgraciado con las
ínfulas elevadísimas, la venia del oro y la plata flameando un par de milenios
para que nada cambie excepto la marioneta al frente. Las llamadas lejanas, los
rostros a los que veremos al final de este recorrido demasiado largo, el rastro
de ese guardián que desconoce la infidelidad celebrando la cercanía de las dos
presencias que se han mantenido detrás del cerco. El miedo a salir destrozado
como un espejo cuyo reflejo uno no quiere seguir viendo, el esférico con el
corazón roto, esa botella que se ha pinchado sin motivo alguno y el último día
del año que ha llegado con toda la carga lista para ser arrojada por millones
de manos. El magiar que se aleja junto a esa otra presencia a la que he
admirado aunque nunca se entere.
Día 8: España
Dos alargues después vinieron los de rojo, superando en todas las líneas a los Albicelestes que se terminaron quedando con uno menos en ...
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El arroyo atravesaba el bosque y los rayos del sol, que lograban filtrarse entre los ancestros de los árboles que poblaban la tierra, ac...
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Mario despertó en la soledad de su cuarto contemplando a los planetas en suspensión sobre su cabeza, giro un instante la misma para notar ...