La ciudad nos dejó ir después de encontrarnos tras estar perdidos entre sus laberintos de locura y concreto. La ruta se abrió sin oponer resistencia a excepción de los restos de alguna presencia sumada a los reclamos de los desamparados. La playa nublada nos recibió junto con otros extraños quedando las huellas marcadas en la arena, con varias hogueras encendidas en el último episodio de paz. La chimenea soltó la sinfonía bajo su alero teniendo de recompensa el fresco de la noche estrellada. Un tren pasó con sus luces espantando a los insectos, levantando el polvo de la tosca que se asentó sobre las sandalias bajando al centro por esa calle de los adioses.
Blog del autor ítalo argentino, Piero Fiori. Esta obra está licenciada bajo la Licencia Creative Commons Atribución 2.5 Argentina conforme se describe en la página intitulada "Creative Commons".
miércoles
Celosía
El mundo se desvaneció al compás de los ladridos lejanos y la sierra invadiendo a la madera, la celosía entornó sus ojos dejando que un único rayo pasara para pegarle al sofá naranja volviéndolo el sol artificial que contempló un instante ese durmiente.
Océano, 01/05/2021
Cada vez que volvemos ellos están ahí aunque en ciertos casos son sus recuerdos dado el episodio de partida por tiempo indeterminado. Las casas al costado del camino contienen historias de esos que le hicieron frente a las inclemencias cuando los pastores aún no juntaban el rebaño y el sonido quedó lejos en la noche, aunque basta con esperar a que la helada caiga para sentir dicha interpretación una y otra vez con más o menos público. La obra ha de reiterarse pese a que los concurrentes sean cada vez menos, los álamos detectan el llamado sacudiéndose el frío al agitar sus ramas cuyos mensajes fueron enviados y forman una capa debajo.
Madariaga, 24/04/2022
Al Gaucho de Madariaga
cuyo reloj sigue latiendo en una intersección,
presente y futuro más allá del paso por esta vida
así como las cenizas del final.
Entre cañadas yace el puente viejo,
alejado de la ruta por la que ignorantes pasamos
hasta chocarnos con el de la barba
que nos recibe con los brazos abiertos.
Sol y sombras,
las araucarias se elevan como torres
para ver la luz arriba
dejando la frescura en la plaza
en la que corretean los locos que aún no saben.
domingo
Cómo enfrenté al dragón
DE CÓMO ENFRENTÉ AL DRAGÓN Y NO ME FUE SEGÚN LO PLANEADO
Aparqué, si es
que el término puede ser usado, a mi colosal montura sobre la vía llamada Santa
Fe e imbuido en una enorme esperanza, aunque el estómago reflejaba un pavor
ahogado, entré en esa mazmorra en busca de mi presa (ignorando que dicha
condición estaba por cambiar). Algunas almas extraviadas me contemplaron
azoradas, sus ojos enloquecidos por la luz repentina de la antorcha así como la
brillantez del yelmo coronado de crines. El viaje se tornó interminable, hasta
que por supuesto concluyó, perdiendo la noción de los escalones que eran unos
doce, y me encontré en la guarida de la bestia (en su corazón más
precisamente). El entrenamiento me indicó que no estaba ahí, nada más quedaba
esperar contando las horas en la cadencia de una gotera hasta dar las tres mil
seiscientas. La vibración bajo los pies, luego el soplido en el túnel, la luz
más tarde, un aldeano que huía asustado y mi hacha de dos cabezas incrustada en
uno de sus miles de ojos que se hizo añicos. Después silencio, paz, caí en las
entrañas de la bestia conociendo la eternidad. El monólogo lemniscata terminó
por aburrirme abriendo los ojos a la luz, las sombras quedaban atrás,
descubriendo la prisión acolchonada de un blanco infumable.
—Al fin se
despierta, ¿sabe quién es usted?
—¿Me pregunta
por qué no lo sabe o nos conocemos y ya se olvidó?
—Lo primero.
—Ah, no me
acuerdo.
—¿Y qué
recuerda?
—Venía por la
campiña con mi fiel corcel, que no tiene nombre por si pregunta, admirando el
paisaje hasta que los rugidos de la bestia eclipsaron el canto de las sirenas
llenando de pesar nuestros corazones.
—¿Nuestros, usted
y quién más?
—Yo y el
caballo, el burro por delante es su frase de cabecera.
—Veo que la
sigue al pie de la letra.
—Sigo
entonces. ¡Huían cual bellacos los osados viajeros, desperdigados igual que
hormigas en un vendaval, hojas que se secan, migas arrojadas a los pájaros,
mierda tirada al río sin contemplaciones por los pescadores, entrañas de un
ritual…
—¡Basta!, he entendido
la alegoría del miedo que lo afectaba a usted y a su montura.
—A la montura
no, me dijo que ahí no entraba ni por joda señalando la caverna de la
serpiente.
—¿Por eso fue
usted solo?
—Claro, ¿quién
más se atrevería?
—¿No llevaba
escudero?
—Por favor, el
único que lo utilizó se la pegó contra un molino y creía que era un gigante.
—¿Y usted
piensa que ahí abajo hay un dragón?
—Sí, es la
deducción más lógica.
—Claro,
lógico.
—Prosigo, dado
que está de acuerdo. Bajé a los avernos cual Hércules descendiendo en búsqueda
de Cerbero, de paso rescaté a Teseo que se las tomó sin decir gracias
repitiendo el mantra "Debo cambiar las velas, blancas por negras ¿o eran negras
por blancas? ¿Yo qué sé?"
Vino después
de un rato largo así que sin dudarlo le clavé el hacha en un ojo, pero el
desgraciado me engulló y ahora aquí nos encontramos, ¿qué me cuenta extraño?
—En primer
lugar usted no fue tragado por una bestia.
—¿No?
—Segundo, no
es ningún caballero.
—¿Pero mi
armadura, el yelmo, el penacho en honor a Leónidas, el hacha y la montura?
—No es una
armadura lo que porta sino un disfraz de cotillón, como mucho un cosplay.
—¿Cotillón?,
¿acaso estoy en las Galias?
—Bastante
lejos de ahí aunque acá cerca están plaza Francia y la pizzería París.
—¿Paris, el troyano,
sigue vivo ese hijo de…?
—No, claro que
no y encima es un mito.
—Troyano,
jefe, troyano.
—Tercero, su
montura es una bicicleta y la encontraron sin ruedas en la entrada a la
estación once.
—Bandidos
seguro han sido, en cuanto me recupere iré al rescate.
—Cuarto, el
dragón es el subterráneo.
—¿Sub qué?
—Quinto, su
hacha es un inflador y rompió el vidrio cayendo de bruces sobre el piso de un
vagón. Ahí lo encontraron.
—No entendí
nada de lo que dijo, mi voluntad me hará prevalecer, mi señor está conmigo,
primero será el dragón, luego quién sabe qué.
—Lo que es
seguro que acá estará un tiempo en observación.
—¿Acá, qué es
acá, qué significa observar?
—Esto es en
neuropsiquiátrico Sigmundo Claudio y usted es nuestro paciente.
—Braulio,
Raimundo Braulio, Caballero de gracia magistral.
—Veo que tiene
título, soy el doctor Magno, Alessandro Magno.
—Claro, usted
es Alejandro el Grande y no me cree la historia del dragón.
—No se
preocupe, tendrá un amigo acá que dice ser Napoleón. Se llama Marcelo, le
agradará.
Dicho lo cual
se fue y me dejó solo.
Inspirado
en el cuento “El dragón” de Ray Bradbury.
Carta a un amigo
Estimado
Palenciano: ya nadie escribe por este medio así que me ha parecido un buen
momento para romper el maleficio del tiempo que se ha puesto excesivamente
consumista.
Lejos han
quedado las calles de la simpleza, las noches de probar estrategias y esos
tipos arriesgando su vida mientras nosotros nos lastrábamos los grisines. O la
búsqueda de esos antros de buena vida en los que te daban un puñado de
felicidad consistente en diez fichas. Pues resulta que ahora intentan venderte
lo último de lo último que es más de lo mismo pero cambia la generación que lo
adquiere sin chistar entregando el sudor del futuro que se disfraza de tarjeta
de crédito o certificado de esclavitud si prefiere un eufemismo. Raros aquellos
que no cargan con dicho documento, bizarro dirán los modernos sin saber lo
valiente que se debe ser para no caer en las trampas del laberinto diseñado
para que ninguno salga. No hay Asterión como tampoco ovillo que nos permita
salir ya que la prisión es mental de forma tal que la llevamos a todas partes. Hasta
nuestros sueños son grabados de manera de vendernos aquello que no necesitamos
pero creemos lo contrario siguiendo con la adoración de estampitas que les ha
resultado a algunos bastante bien en estos dos milenios y contando. El espía
que se encuentra con nosotros jamás podrá descifrar el mensaje que hoy escribo
dado que no sabe el significado del lenguaje que empleo y desconoce el método
elegido. En caso de que accidentalmente lo descubriera recurriré a los glifos
sobre la coraza de los vagones bastando con que usted siga su rastro en
bicicleta así no queda registro alguno de la proeza que le encomiendo. De ser
considerado un loco recuerde que lidia a diario con el repartidor, el cajero y
el jefe, todos ellos tienen algo de familiar pero seguimos intentando descubrir
qué. La misión creo yo no presenta mayores inconvenientes siendo que es un
avezado en el arte de cruzar la vía para entregarle las cuentas a más de uno,
muestra clara de que la correspondencia ha sido degradada pero no el oficio en
sí. Al recibir la epístola observe la expresión de su compañero, seguro ha de
respirar profundo cavilando el asunto para concluir con estas palabras.
—¡QUÉ CARAJO
ES ESTO!
La ausencia de
signos de interrogación obedece a que la Remington no los tiene completos en
una clara muestra de inculturación, forma bonita de llamar a la invasión del
anglicismo.
Atte.
PGF
jueves
Palenciano
La niebla aún no se ha despejado pero él ya camina sabiendo de memoria el recorrido, la brújula no le hace falta actuando por instinto. Chirria la puerta que lo transporta a su torre de guardia rotando el anuncio para que los extraviados sepan que alguien los ha de socorrer ante la necesidad acuciante. La persiana se despereza entornando los faros ante el resplandor de la mañana, en el teatro celeste el sol le envía una misiva al viento que se ha ido a la ría lejana. Sorbe el tesoro de un manantial de madera, cuenta los instantes con cada llegada al final de ese pozo de hierbas interrumpiendo su meditación la alarma de la madera al ser abierta. Las migas de las gracias quedan sobre el mostrador para terminar esparcidas en el suelo, los recibos en cambio van a una bandeja fría ocupando su sitio de privilegios. Un rayo le da la señal de salida cruzando la vía desierta para perderse entre el caserío, sus esquelas llevan cuentas dado que la escritura ha sido olvidada. El vacío para los que no pueden cubrir sus necesidades ante el alud de obligaciones con los números en contra, siempre en contra. El vehículo todo terreno lo aparta del problema, deja en las calles su imprenta igual a una serpiente que huye de la civilización. Aguarda que el carguero pase con su movimiento cansino y su eterno peso sobre los hombros. Dialoga frente a un espejo con el cajero, su jefe, aquel repartidor desatento y con el responsable de transmitir las quejas, lo dejan solo a eso de las catorce horas teniendo que cerrar el balance del día. Sin mirar vuelve a casa, a la atmósfera tan conocida que le llena el alma desde la cocina llamándolo.
lunes
Torre
Nunca
me fui, una parte se quedó en este sitio esperando el regreso. Incontables son
las ocasiones en las que he tenido que pasarle cerca a la enorme torre
ignorando por completo que el acceso, el conjuro para regresar a estos muros
estuvo siempre en mis manos.
La
inscripción en un cajón viejo de una parte lejana de este edificio incitando al
retorno de aquellos que se han ido habiendo dejado tal vez la parte más
importante de su existencia, del mejor momento de la vida de una persona cuando
es un verano interminable previo a ese otoño en el que las responsabilidades lo
terminan machacando.
Los
rostros cambiaron, la fisonomía se alteró, sin embargo por fuera sigue siendo
la misma cara de piedra y dentro está el corazón cálido, el centro de esa
mazmorra que recordamos. Las noches con únicamente el sonido de los motores de
fondo, la vieja sala de videojuegos devenida en gimnasio, los ascensores que
van y vienen, pero en particular el chasquido que emite ese único montacargas
que ya no lleva a nadie.
Sin
embargo, el día anterior al subir cada uno de esos escalones sin oposición
manifiesta se sintió alagado por la visita aunque fue momentánea y el visitante
ni siquiera se detuvo a tomarse una de esas verdes infusiones sobre los
peldaños. Pero lo reconoció, era suficiente con ello, de la misma forma que el
hombre detrás de la barra preguntando si se acordaba su nombre.
Éste
es un hasta pronto, no me iré en medio de la noche como la vez anterior sino en
plena luz del día. Las calles podrán haber cambiado, los locales alrededor,
pero la torre ilimitada sigue ahí esperando, emitiendo ese sonido que
únicamente los náufragos que hemos vivido en ella entendemos.
Testo 1
Sventola, senza paura,
è buio e tu tremi
nel vento della mezzanotte.
Il cielo dorme in te,
celeste e bianca la notte non arriva
perché nel cuore è il sole.
Trentadue raggi aspettano
il ritorno della memoria persa,
quando Apollo aprirà gli occhi
del Popolo che dorme alla sponda
del rio di sangue.
Gli anni passano senza cambi,
la signora cieca non ascolta
le voci mortali,
inni di tutti quelli che
hanno catene mentali.
martes
En la torre ilimitada
Por supuesto que no lo esperaba, encontrarse nuevamente recorriendo los interminables pasillos sin más defensa que el presente para salir al encuentro de los recuerdos que asaltan los caminos directo al salón de Acuario que yace sellado. A cal y a canto pero todos los días de estos dieciséis años se han vuelto apenas arena que algún maestranza avezado se ocupará de hacer desaparecer, echándola a la calle. El final del mes no se encuentra visible todavía, el carro con el equipaje ha sido enviado a un depósito desde donde no se lo trajo de regreso comprendiendo que la última carga era él mismo. Los rulos debieron ser sacrificados para afrontar las tormentas de altamar que alejaron la nave a costas desconocidas, lejos obviamente del calor de ese fuego tan conocido que sólo puede asemejarse al hogar primigenio. Con un rollo de pergaminos que daban cuenta de historias creadas entre esas paredes cuyo símbolo es el fuego del conocimiento así como la melancolía de tener que dejarlo todo para ingresar en la jungla azul. Volvió varias veces pasando cerca, observando los resplandores que despedía la cima comunicando un mensaje ininteligible para la mayoría excepto por esa parte que le gritaba desde lo profundo. Los cabellos se le agitaron una última vez antes de desaparecer por completo sin detenerse a considerar el asunto, a veces ni siquiera le prestaba atención a la maraña negra que le poblaba el rostro en una señal de rebeldía y seguro de descuido también. Mutaron sus versos a cuestiones un poco más profundas, el encierro hace reconsiderar aquello de lo que uno se ha visto privado sin que se pusiera a hacer promesas dado que la libertad fue encarcelada además de todo atisbo de originalidad. Únicamente el tiempo tenía la fórmula para derribar la bruma, sarrasón que crece devenida en niebla de guerra para así ignorar los peligros conjuntamente con las maravillas no reuniendo el coraje que se necesita para emprender la expedición. Así fue que se encontró caminando una noche de domingo rumbo a la fortaleza cuyo portal estaba de par en par esperándolo, dentro el clima conocido con los acólitos en torno al altar de piedras emitiendo un movimiento de reconocimiento al ver al extraño que se acercaba. Volverían a la mente los nombres de ellos antes de que estos se presentaran, con el sonido de una taza de café que quitaría el resfrío producto de la intemperie notando que hasta el almidón traería los recuadros de esa historieta borroneada. Las calles de alrededor mostraban los impactos de la década y media aunque en el corazón de la mazmorra el asunto era bien diferente, seguía la escultura de madera en su sitio riéndose de las paredes que exhibían pintura renovada aunque para Luigi junto a la barra no sea más que un cambio en los manteles. Solitario jinete has vuelto a casa para escapar de la lluvia, habiendo caminado en ella, hallando la fuente de todas estas letras justo en cada mácula, mota y píxel hasta formar la imagen que te muestra sonriendo.
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