miércoles

Aconcagua (1959)

Mauro llegó temprano, antes de que la portera siquiera hubiera bostezado y ya esta pareció quitarse el sopor del sueño en un instante. Abrió los ojos de forma tal que le recordó a las barajas que sus compañeros usaban a escondidas, evitando la vara que generalmente tenía como objetivo el lomo. Las orejas servían como agarraderas para llevar a los infractores al despacho del director y de ahí estaba la puerta lateral, por la que se desterraba a los que no encajaban. Precisamente para ahí lo enviaron pero por una paradoja no terminó siendo expulsado y encima se le permitió salir ileso de la escuela. De regreso a casa con cargo de volver lo más rápido posible, la otra que se sorprendería sería Giulia al verlo regresar pero esto duró unos instantes, necesitaba el traje habitual de presidiario para la ceremonia de fin de curso. Las manos se su madre se movieron superando el andar de las manecillas del reloj, las madres tienen bastante de eso sobre todo en situaciones extremas en las que el resto empieza con las protestas. Pronto estuvo de regreso para unirse al cortejo, alguna que otra broma y tras esto el silencio al paso de las autoridades, la celadora escondía la cachiporra como un puñal debajo de un pañuelo. Marcharon, para el lado de un viejo cine ahí en Lanús en el que habrían de culminar con el año calendario para soltarse finalmente por las calles soleadas. Entonces la voz sobre el U-47 anunció la entrada de la bandera de ceremonia, apenas el sonido de las personas levantándose de las butacas precedió a ese instante en el que los dos transpusieron el límite invisible entre las bambalinas y el escenario. Un tano caído por estos lares un lustro más atrás la portaba, el hijo de un japonés seguía sus pasos, entonces sonó el himno para ser sucedido por las palabras del director despidiendo el año así como la década y luego el desbande en tanto las partes se separaban. Moharra, corbata, asta, regatón, tahalí y cuja quedando la bandera resguardecida en el enorme estuche vidriado como si fuera el instrumento más importante de la orquesta. 

¡Oh Rey!

Te has ido pese a toda la opulencia, los trajes costosos y la comida siempre caliente en esos platos en los que se reflejan las sombras que cubren tu corona luminosa. Ropa cara recubre la mortaja, silencio absoluto en el salón excepto por los pasos lejanos del cortejo y un movimiento imperceptible de las llamas que coronan las velas. Candelabros más dorados que tus cabellos que han conocido el crudo invierno en el que la existencia se desgasta, pese a todo el poder en la punta de los dedos no hay manera de parar la marea que empuja el tiempo. Corres por esos jardines vuelto a pequeño una vez más, los raspones son atendidos con la mejor medicina del mundo que no pudo salvarte esta vuelta y la corona yace a punto de posarse sobre otra cabeza. La que se alza majestuosa por encima de los flashes, la opulencia y la acumulación de riquezas producto de las conquistas, de las armas o económicas, da lo mismo si se alcanza el resultado. Los ciudadanos que son súbditos inclinan la cabeza, agitan las banderas ante el nuevo soberano en tanto el cuerpo viejo se ha enfriado y pasa a ser una mera inscripción en ciertos libros de historia. De los que mueven los engranajes nadie se acuerda, sus manos se tornaron callosas pero la aspereza se suaviza en cuanto mueven esos cabellos que empiezan a aflorar en las vidas nuevas, luego el sol acaricia las marcas en la piel y ahí al frente de la casa te vas una estación cualquiera, lo único que podemos hacer es soltar las lágrimas como un tributo final. Qué diferencia hay después de todo entre la primera partida y esta, excepto las crónicas en los titulares debido al oro que recubría al anterior monarca.


Tiempo (palabras)

                                      

Escribir es simplemente apasionante, es como el trabajo de un herrero quitando las costras para revelar el brillo del metal y ahí radica la virtud principal. Pulir el método a través de un camino en el que puede haber errores, pero sabiendo que sin ellos uno no aprendería.

Las fotos ya no se tornan rosadas, ahora parecería que se vive en un presente infinito que no es más que una existencia finita así que mejor dejar algo que perdure. Unas líneas escritas a la orilla del mar pero plasmadas en su álter ego digital, en el que necesariamente quedan tantas marcas que alguna ha de sobrevivir a la marea de la renovación. 





sábado

Onírico

La niebla se levanta sobre la Ría anunciando el comienzo de la danza de los espíritus muchos de los cuales se escapan de las garras hídricas de regreso a enturbiar los sueños de los vivos, aunque otros tantos se dedican a dejarles mensajes que en la mañana olvidarán ocupados como están en situaciones que no tienen sentido alguno. En el movimiento por las capas de aire hacen sacudir los hilos de la araña que mora ahí en donde pared y techo se cruzan, entretejiendo sus trampas invisibles a las que los visitantes nocturnos burlan pero la vibración confunde a la hacedora. Corre presurosa al encuentro de la presa que no está sólo para darse de bruces contra su propia impotencia, sacada del sueño en la que sus hilos recubrían un mar de insectos que resplandecían en medio de las cuerdas brillando como las estrellas en la noche despejada. Ahí a la vuelta una de esas almas deja un recado al vivo que sigue durmiendo complacido, deseando, anhelando un sinfín de objetos que no se irán con él cuando deje la prisión de carne y regrese a transmitirle un mensaje igual al que recibió de sus ancestros a su descendencia que yace lejos, desconectada por completo de la realidad pero atada a redes más fuertes que la de la desconcertada moradora de las alturas que sigue sin saber a dónde se ha ido su cena. Pero la esperanza queda en ese susurro que sentiremos como otro sueño más, olvidándolo rápido con el correr de los minutos que anuncian el paso del colectivo que ha de llevarnos a nuestros claustros de casi todos los días dado que en los momentos que podemos correr libres nos detenemos a ver la manera en la que otros viven pero olvidamos nuestra propia existencia. Incluso bajo una lluvia poderosa, con los rayos cortando el unísono y  los tambores del quebranta cielos resonando, estas almas vienen una y otra vez a ver si en una de esas el curso de las cosas cambia para que no se les una otro más a esa danza infinita por las noches. De regreso a la vorágine que las ha dejado salir como una especie de maelstrom de ánimas que abre por momentos las puertas que llevan a la Estigia, aunque lejos del Orco, como una oportunidad más de finalmente poder cruzar al Elíseo si alguno acá las redime haciéndole caso al interpretar mientras mastica el primer alimento de la mañana, aún noche, intentando recordar todo lo que tendrá que hacer en las siguientes horas. La mayoría de las veces lo olvidamos todo al abrir los ojos, ignorando el momento en el que nuestros cuerpos yacieron conectados con el otro lado en esa especie de muerte que significa sumergirnos en el mundo de los sueños viendo imágenes de rostros que nos resultan familiares. Corriendo por escenas que se han vuelto rosadas, lugares a los que el tiempo reemplazó marcando las paredes de gruesas venas llevando la obra de alguno de los nuestros a la categoría de vetusto y en ocasiones puesta en comparación con las imperecederas imágenes de hoy en día que se tapan en una especie de cartelera pública veraniega hasta que finalmente todas las hojas de años tras años caen sobre la vereda. La baldosa vuelve a brillar en la oscuridad durante una de las incursiones de la noche nueva que supone un capítulo más en el que la posibilidad de lograr el objetivo se materializa, como una cruel ironía, recordando mientras vaga rumbo a su destino de esa jornada la época en la que la calle no presentaba grieta alguna estando las marcas blancas sobre el asfalto brillando con el farol allá arriba también sin mácula alguna. Ahora eso es lejano, pero el espíritu sabe que debe intentarlo nuevamente, abrirle los ojos en ese lapso onírico al que pernocta sin demasiadas preocupaciones más que llegar al final del mes en el que las cuentas aguardan. Dejar de lado esos pensamientos concentrándose en que quede una marca indicando más que meramente un individuo que se suma a la masa, pasando a las filas etéreas que aguardan el momento de poder volver a tener la ocasión de recordarle a otros que el camino es el equivocado. Regresando luego por sobre los campos en sombras en los que el ganado contempla con ojos perdidos a la lejana constelación en la que Aldebarán mora, anhelando los vacunos poder alcanzarla algún día sin tener que pasar por la procesadora de carne equivalente para los humanos a deambular sin sentido por paisajes en gris y blanco en los que las sombras son aquellos ya condenados. Uniéndose en un ritual sobre el agua dulce y salada de ese brazo del mar que se mete en el continente, despidiéndose con el primer rayo del sol cortando la sarrasón que se empieza a desvanecer igual que todas esas almas que en un último desafío gritan cual banshee en una tempestad para que el gallo empiece a cantar. Por eso este muchacho siempre suena a sujeto que se ha dormido despertando con la cabeza abombada para darse cuenta de que se ha hecho tarde, una vez más me he olvidado lo qué soñé aunque tal vez más tarde vuelva algo de ello como un hilo de la telaraña suelto que busca conectarse con el centro. A todo esto la creadora se ha mudado cansada de esperar.  

miércoles

Creta

Veo, a mi madre regresando tras la larga jornada de ausencia con una sonrisa cuya copia capto en el rostro de mi hermana la que en silencio viene a darme un abrazo y las transgresiones de ese enano que se ha sumado a asomarse al mundo oteando la calle que se volvió cálida bajo la tarde de noviembre. Del otro lado juegan a la pelota, uno de ellos lleva una camiseta azul con el número siete colgando en la espalda que gambetea a medio equipo contrario hasta ser interceptado y producirse la nube de polvo. Después los empujones, el tiro libre cobrado que culmina en un zapatazo a quemarropa haciendo que al del medio de la barrera le duelan las costillas una vez que se terminó el compromiso. Una botella de ese veneno traído del otro lado de la galaxia pasa de mano en mano, después es el éxodo dejando desierta la plaza que fue convertida en estadio cuando no en pista de despegue de sueños de pequeños que se unen en esos juegos interminables o eso parece desde este lado de la calle. La terminal duerme al lado de los árboles, hamacas y areneros que en las jornadas tórridas atrapan los rayos de la bestia, dejándole suficiente provisión de calor a los monstruos de cuatro patas que buscan un poco de abrigo de tanta patada diaria cruzando la calzada que no está invadida por tanto asesino al volante. Las luces se encienden al irse la principal, las personas se aprestan para las despedidas jugando uno como nosotros con los restos del recipiente de la ponzoña que el viento hace circular por entre las dársenas y que con suerte terminará en el canasto de los residuos si alguno se acuerda que esa es parte de su legado. Todo ello repetido día a día como una película sin sonido, excepto las muecas que pueblan los rostros de los personajes que descubro en completo silencio desde la llegada de mi nave a estas tierras extrañas en las que la mayoría habla otra lengua.

domingo

Horda

El capitán orco de la selección de lanzadores de rocas, deporte semejante al rugby excepto por carecer completamente de reglas, se dirigió hacia el altar en el centro de aquel asteroide desde el que a fuerza de cascotazos lograron dominar el cuadrante asignado de forma totalmente aleatoria ante la explosión de su mundo natal luego de que una disputa entre clanes no pudiera solucionarse de otra forma que no fuera a los golpes. Alguno le dio de lleno con el hacha al polvorín principal que venían almacenando con miras a darle impulso a su catapulta intentando llegar a esa estrella diminuta en la que creían estaba Grokk, el forjador del universo rojo y árido en él que lo único verde eran esos seres que ya habían conquistado cada palmo del planeta. Dejó la ofrenda al pie de la deforme escultura observando esos dos ojos que refulgían sobre el rostro tétrico, sintiendo una sensación de vacío total al tiempo que era engullido por la presencia que permanecía atrapada tras esa dimensión pétrea para devolver apenas los huesos petrificados que continuaron agrandando el osario. El grito de júbilo cundió entre las filas de los ejércitos vencedores, coronando a un nuevo jefe de guerra que zarpó enseguida con un puñado de elite en el primer asteroide que les pasó cerca, dirigiéndose a jugar el clásico en la mismísima Gimli que resplandecía en esa noche eterna aunque cada tanto la divinidad con nombre de martillo hacía sonar su mazo rasgando la bóveda en un fenómeno que los moradores de las montañas entendían como buena señal. Borrados ambos soles de un manotazo, la luna no daba la cara, la noche se cubría de refucilos que generaban los versos de los bardos acerca del día que no llegaba nunca, de los invasores de piel verde siendo mantenidos a raya a cuenta de unas cuantas descargas y de ese eterno héroe que desde la cima observa el horizonte buscando a algún mago perdido. Luego la bocanada, la respuesta de una chimenea allá abajo en el calor del hogar que duerme todavía en la estación del invierno aunque en la brisa nocturna se puede percibir a algún heraldo de aquella que viene despacio haciendo que el hielo se vuelva lágrima y con ello  florece el fresno en él que descansa sin saberlo un mundo demasiado confiado.

jueves

Fuegos fatuos

La oscuridad pintó el cuadro, la humedad se instaló sobre los muros y al viejo humano no le quedaron ni los huesos al tornarse polvo que el tiempo barrió de un plumazo notando que las pertenencias quedaban en esa dimensión que abandonaba. Ahora no era más que un fuego fatuo con el presuntuoso nombre de alma ascendiendo por entre las cuestas para encontrar que delante había otra subida empinada que llevaba a un escalón más. A veces escuchaba voces que aguardaban al doblar en uno de los recodos encontrando el vacío y la promesa incumplida que se renovaba instantes más tarde para darse de bruces con la realidad de ese mundo construido a su imagen. Pensaría en ello eones más adelante, podía percibir que en ciertos momentos se repetían los pleitos ante sus ojos no sirviendo que girara para otra parte como acostumbraba a hacer cuando se sentía superado por la situación. Una voz lo llamaba desde una casa que él mismo derribó, la pelota picaba en la tierra negra para pincharse como un globo ante un mar de alfileres acaparando su atención para dejar pasar el detalle del can que lo observaba desde una loma lejana. Aunque eso de cerca o lejos es relativo cuando de repente chocás contra la materialización de los pensamientos, temiendo que esas ideas se vuelvan algo terrible que se esconde en un sector de la memoria con el rotulo de inaccesible aparte del sistema antisaqueo. El frío recorre la espalda o el lugar en él que ella se encontraba, por más fogata que enciendas el único calor que recibirás será él de algún recuerdo propinado por aquellas que siguen al otro lado del espejo en un mundo de luces y sombras que acechan. Aguardan poder extender esas garras gélidas, acariciando sin que lo sepan las facciones de esa presencia que se aja bajo el faro eterno aunque también ese tiene fecha de vencimiento pese a que han creado uno que podría suplirlo con una duración de unos dos minutos. Misma fracción que se nos otorga para andar por entre los vivos y tanto vivo que piensa adueñarse del último lugar rumbo a ese paraíso de plástico, con paladines que portan la cura dentro de las vainas fulminando con un espectáculo de rayos cualquier intento de meterse sin tener la entrada. La loza es lustrada un instante antes, después vienen los tributos a la carne que no está, las fotografías arrojadas para que la correntada se las lleve directo al templo que no es tal dado que no hay divinidad posible excepto la ausencia. La monotonía del silencio ante la impuntualidad de aquel que solía vagar cerca de uno, avisando tarde que no vendrá y mejor acostumbrarse a la idea de no volver a verlo excepto tal vez por el rabillo cuando uno huye de esos demonios que ha creado pretendiendo que no ocupen el páramo que se extiende por todas partes.

martes

Huellas

Con los años comenzaron los temblores y la danza de fantasmas que se desvanecían como el humo del cigarrillo que acompañó su soledad, el mundo exterior únicamente podía ofrecerle una presa más que agregar al montón de recuerdos vueltos tormentos. De repente se hallaba hablándole a una pared blanqueada recientemente que volvía con el correr de los meses a traer de regreso las huellas, el yunque sobre el que las memorias eran martilladas quedando el rastro carmesí sobre las yemas. Los pañuelos descartables no contenían huella alguna apilándose uno atrás de otro en el cesto que borboteaba ese mar rojo cuando la noche opresora exprimía los recuerdos iniciando el juego de sombras y terrores que se terminaba al amanecer, cuando no el sueño conciliador que derivaba en pesadilla desatando el llanto, los gritos y la angustia. Vagaba por entre las sombras de la mañana evitando al sol que como una lupa gigante se dedicaba a escrutar sus pasos dejando marcada sobre la acera el rastro que el tiempo seguía, fiel sabueso de la persecución que no cesaba aunque se presentaba morigerada. Recordaba demasiado a menudo uno de sus encargos, el portón se deslizó despacio sobre el riel, el objetivo pintaba una ventana apoyada esta sobre dos caballetes cuyas patas eran irregulares. El viento jugaba a mover aquel objeto mientras el pincel se deslizaba sobre las vetas que renovaban su tono, la mancha roja quedó sobre las mismas seguida del cuerpo inerte dando de lleno con el piso no sin antes sonreírle a su victimario. Ni siquiera dejó a un lado el trabajo que desarrollaba en esa mañana cercana a la primavera, el can pequeño se quedó contemplando el hilo que se esparcía sobre el camino zigzagueante y en un acto alocado lo levantó llevándolo en el bolsillo contrario al silenciador. Creció eso sí, aunque de pequeño le movía la cola a las sombras que rodeaban siempre la existencia del segador contemplando las pesadillas a plena de luz de este que hallaba consuelo en las botellas vaciadas demasiado rápido. Un día ganó el pasillo superando la escasa resistencia de una puerta entreabierta y corrió por la calle de la marejada directo al verde campo al otro lado de ese océano de asfalto, consiguiendo cobijo en una casa pequeña cuyos moradores sobrevivían pescando ranas en los canales cubiertos de totoras. A su segundo amo le llegaría la hora no sin antes encontrarse nuevamente en la casa esa, con las ventanas reluciendo y el rostro conocido con la sonrisa a flor de piel esperando debajo del alero. Tocaba ponerse al día, esperando que un ladrido conocido anunciara el regreso de ese otro integrante de un rincón del cosmos. 

jueves

Escenas suprmidas, 6

Veía al mundo fragmentado, la marca en su anteojo izquierdo se le asemejaba a una grieta. Una suerte de calle que separaba las veredas, de un lado los que estaban de acuerdo, del otro los que estaban de acuerdo pero en otra cosa. El tema era determinar en qué estábamos de acuerdo, porque cualquier diferencia llevaba a ponerle una etiqueta al que era distinto. Una forma de intolerancia que se hacía viral con tanto dispositivo electrónico al alcance de la mano, nada de encontrar una forma de cruzar esa Estigia. Eres de la otra idea, sos un enemigo más al que abatir y así las horas juntos se volvieron silenciosas, era cuestión de no herir susceptibilidades. No hablar de fútbol, religión o política, no hablar de nada aunque con tanta intolerancia se hacía difícil. Unos piensan que tienen razón, otros concluyen que los demás están equivocados. La mañana previa a este descubrimiento se había levantado y por centésima primera vez los lentes fueron al piso. Notó más tarde que el lado izquierdo estaba cruzado por una línea. Así que empezó a ver las cosas divididas, eso le recordó a la sociedad en la que vivía. El otro cristal estaba entero, pero las posiciones intermedias eran tan mal vistas como las opuestas. Se cambió de equipo, se convirtió en Isca sin darse cuenta, ahora es un pagano, un hereje al que hay que erradicar como si de cucarachas se tratara. Ya no siquiera es un hermano, un amigo, tu vecino, un desconocido virtual al que injurio y violento. La fe ciega da la razón, todo uniforme, cero diversidad. Basta con decir buenos días, ese único gesto es suficiente para que el otro se irrite. A usted le parecerá que es un lindo día, obviando la formalidad del saludo, pero en la realidad en la que estamos veo medio difícil que sea un buen día. ¿Qué le hace pensar que es tal cosa? Seguro usted es uno de los que votó a la causa de todos nuestros males, dado que estos males son recientes como la fotografía de ese otro impresentable que acaba de salir sonriendo al lado de la parrilla. La culpa de todo lo que pasa, todo, un concepto tan absoluto como el mismo tiempo, es de ese sujeto y su séquito de acólitos del mal que se esfuerzan por hacer todo de la peor forma posible. Antes por lo menos nos daban una parte del botín, era un autosaqueo pero botín al fin. Cualquier justificativo es bueno con tal de no responder a ese buen día, ahora aquel que usó esa frase trillada yace en un rincón de la panadería esperando pedir unas migajas de ese producto y finalmente poder llevarse su vergüenza a otra parte. Dejo aquel lugar victorioso, le he dicho a ese individuo lo que pensaba y puedo sentirme satisfecho. Si los míos fueran los que manejaran éste pueblo otra sería la situación. Al momento de cerrar la puerta la sonrisa se me ha vuelto una mueca, el sindicado como el objeto de mi ira ha pronunciado otro improperio peor al primer buen día. Ha pedido un kilo de pan, como se ve que a este le sobra la guita. ¿Cómo hará para conseguirla sin trabajar? Que yo sepa ese no labura, seguro debe ser otro mantenido. Tengo que ir al cajero y ver si me depositaron el incentivo, algo es algo mientras sigo con esta licencia que se renueva periódicamente dado que con esta situación económica el estrés me ha mermado las fuerzas.

Escenas suprimidas, 5

Quedamos en vernos algún día pero ese mismo no figura en el calendario, sería una especie de treinta de febrero raro y esperanzador. Sería lo que no fuimos nunca, los besos que no nos dimos, las palabras que guardamos esperando que el tiempo las apacigüe, los gritos acallados en medio de la oscuridad del olvido. Basta ya de eso, basta de tener que sentirme así para saber cómo es lo contrario. Es una inmensa fortuna perdida en cosas que no tiene sentido, tal vez esto sea lo único bueno al fin de cuentas. Una madrugada eterna pudiendo deletrearle al mundo un pensamiento bien guardado, para qué dejarlo escondido si sólo significará una enorme pérdida. Para qué seguir encasillado en algo que no te gusta, déjalo todo de una buena vez y lánzate a ese océano que te aguarda mandando una nueva ola a cada segundo. Sumérgete nadando hacia el ocaso porque ahí está el sol iluminando la otra parte de tu mundo que quiere seguir brillando bajo él, bracea hasta que no puedas más para entonces continuar flotando, un poco más y estarás en la orilla iluminada. El viaje habrá valido la pena, de costa a costa, de la luz a la luz, la oscuridad es para los que tienen malos pensamientos, los buenos hay que sacarlos a la luz para ver si perduran o mutan en algo mejor. Mejor compartir una idea que dejarla muriendo en un tintero digital, mejor escribir empleando el tiempo que tenemos para ello, el capital invertido en la forma adecuada, nada de perder segundos, minutos, horas, pedazos de vida en un tonto rompecabezas. A inventar los nuestros dejando que los demás jueguen con él, a saborear esta pequeña victoria llena de luz y esperanza. El tiempo es eso, poner un poco de verde, naranja y blanco en el cielo, mezclar los colores, ensuciarnos de tinta, dejar las letras escritas y no escondidas en un rincón, arrojar el paraguas, caminar bajo la lluvia, mojarnos para resurgir, mojarnos de lágrimas y de risas. Un brindis a eso con el agua derramada, dos veces por si acaso. Dos veces.

El invierno no se va

Ocho grados hoy, otros tantos ayer, sumados al viento y la lluvia que se desataron sobre el pueblo de Juan Galo y dificultaron el tránsito h...