sábado

Entrada 8

El pelo negro se cubrió de polvo, de canas que registraron las correrías del can por los límites de aquel cerco en donde los teros se agrupan protegiendo a los recién nacidos que visten de blanco. El gris será para el momento de poner el grito en el cielo, notando que su cría fue secuestrada y duerme en las entrañas de un carancho, que resultaba hasta ese momento un vecino cordial. Ni señales de él para reclamarle por la atrocidad cometida, sólo las plumas que adornan el patio en donde un viejo gaucho corta el pasto a cambio de unas monedas.


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