El pelo negro se cubrió de polvo, de canas que
registraron las correrías del can por los límites de aquel cerco en donde los
teros se agrupan protegiendo a los recién nacidos que visten de blanco. El gris
será para el momento de poner el grito en el cielo, notando que su cría fue
secuestrada y duerme en las entrañas de un carancho, que resultaba hasta ese
momento un vecino cordial. Ni señales de él para reclamarle por la atrocidad
cometida, sólo las plumas que adornan el patio en donde un viejo gaucho corta
el pasto a cambio de unas monedas.
sábado
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