La ciudad empieza a despertar, me refugió en el primer brebaje de la mañana antes de los verdes que exhalan un suspiro esperando el siseo del agua sobre el mar verde que por océano está seco hasta ese momento. El durmiente del piso superior intenta una vez más encender el artefacto que emitirá un desafío al frío de la mañana, acción que mecánicamente realiza entrando así él en calor también. Un sonido de llaves que abren y cierran con el coro de las puertas moviéndose, conteniendo a la mañana que arriba llamándolos una vez más pese a la reticencia de las sábanas en las que el calor se va como el deseo consumado.
sábado
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