La madrugada me desaloja sin contemplaciones, antes ha sido el movimiento de las otras dos vidas con la que comparto este mundo maravilloso. La luz de la pantalla del ordenador me da la bienvenida, sólo la oscuridad se filtra por las celosías de la ventana blanca descascarada. Tras correr las pruebas de rigor llega el turno de los verdes entre las penumbras y la luz de la cocina que quedó encendida para facilitarnos el viaje al escusado sin despertar a medio mundo. Luego, serán otros que se han despertado antes de que el sol salga los que enviaran las señales de vida antes de largarse a la calle.
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