El patio se quedó vacío denotando esa partida que no será definitiva, siempre existe un momento de reencuentros aunque sea en los sueños que albergan esas partes del alma que vamos perdiendo entre las risas y el dolor. Se ha ido a contemplar la fábrica de rayos y truenos cuyo vigía le resulta familiar sólo que esta vez no caerá en el truco de dejarse llevar lejos, seguirá sus pasos hasta el borde del cielo en él que se despeñan las lágrimas formando al océano de abajo que moja los pies del viejo Antonio.
Blog del autor ítalo argentino, Piero Fiori. Esta obra está licenciada bajo la Licencia Creative Commons Atribución 2.5 Argentina conforme se describe en la página intitulada "Creative Commons".
lunes
sábado
Dios opera en un cajero
La presencia de la estación de
servicio rompe la inmensidad de la noche pese a que no he extrañado en nada la
compañía de los otros que duermen ahí afuera, el sujeto de la playa viene con
un rostro conocido invadido por un sueño que enturbia sus sentidos. Los
movimientos son automáticos, qué carga, completo, el golpe seco al detenerse el
chorro que se bombea desde las entrañas (las mismas que lo tuvieron
prisionero), importe, cobro y a la nave otra vez. Lo que viene es el café, agua
y uno de esos sánguches sellados hasta el descarte o su consumo aunque nunca se
sabe en el borrón de las fechas equivalente al desgaste que llevamos con
nosotros. No está el lucero cerca al recibir la segunda bocanada de esa
madrugada, a unos pasos en la oscuridad yace otro punto luminoso cuyas
pantallas se encuentran encendidas esperando que vengan a vaciarlo o recargarlo
según el caso. La sed también afecta a esa expendedora de pasajes a la
felicidad según los hedonistas, no más que un boleto que enseguida se desvanece
con el correr del viaje hasta dar de nuevo con la necesidad no obstante
idéntico resultado. La segunda presencia apenas la noto al introducir la
tarjeta, corriendo un sudor frío sobre la sien que se congela antes de reventar
contra el piso que ha desaparecido pese a seguir estando ahí abajo. El papel
calentado por esa tinta que no se ve romperá el hechizo, los billetes yacen en
alguno de los bolsillos, el plástico es cargado igual que las deudas del pasado
pero no iremos demasiado lejos.
—Aún hay crédito por lo visto
dirá él.
—¿Perdón?
—Todavía no se ha terminado el
recorrido hombre, venga y mire en este monitor moderno. En la oficina no tenía
uno así de manera que he copiado el diseño con unos cuantos ajustes.
En efecto, miles de cuentas
aparecían ante la vista de ese extraño usuario al que la helada no lo hacía
tiritar a juzgar por la manta liviana de tono rojo que colgaba sobre sus
espaldas.
—Como verá algunos de estos
registros ya tienen mucho tiempo así que será mejor moverlos a otra sección.
Acto seguido desapareció la
numeración en cuestión aunque enseguida otra surgió.
—Y ahí está de nuevo,
languidece, mengua y crece llenando el vacío de la anterior.
Entre la jungla de números en
blanco alcance a vislumbrar algo que me aterró, no eran nada más que cuentos de
trasnochados sino fechas que encabezaban esa base de datos cuyo operario me
sonreía benevolente.
Incluso una que conocía bastante
bien, viendo en retrospectiva cada momento lo que resultó en agotamiento de mi
memoria que se retiraría a darse una larga siesta después de aquello.
Me encontré alejándome hacia el
vehículo que me llamaba igual al casco de la barca desde la que creo haber
caído en otra vida, una sirena inversa permitiendo que me aleje de las fauces
que no existieron.
—Aún hay crédito
repitió en forma de susurro. Pero la humanidad no lo sabe, sigue avanzando
apresurada temiendo que el tiempo la atrape y es su pasajero constante con cada
hálito.
domingo
Mangia
Harold Fondue nació en el patriótico barrio de Boedo en el seno de una familia de fabricantes de chocolates, lo que le valió varios dolores de cabeza en relación su nombre al punto tal que a los dieciséis años durante un viaje a Uruguay, en tareas de reparto de los productos comercializados, optó por no regresar su casa al otro lado del charco. Se empleó como ayudante en un pequeño diario de Canelones manifestando que era mayor de edad, los pormenores de la maquinación han quedado perdidos en las sombras de esos años. En su periplo por tierras charrúas tuvo la posibilidad de asistir a Don José Omar Valenciano Varela en la cobertura del clásico entre tricolores y manyas, en un estadio Centenario que tenía el privilegio supremo de poseer la primera final del mundo con las consecuencias ya conocidas. El sitio estaba a reventar, la cacofonía se extendía de un extremo a otro de la capital escuchándose para envidia de algunos en la ribera opuesta dado que no había fútbol debido a una huelga de fabricantes de pelotas. El ya veterano periodista cubrió otros encuentros famosos, aun muchos contaban que se quedaba dormido antes del inicio despertando con el alarido gutural que sabe casi a la primera palabra pronunciada. Recolectaba entonces información de los asistentes al encuentro con testimonios de ambas parcialidades, lo que le llevaba un tiempo precioso dejando pasar los momentos más relevantes del encuentro como eso tiro libre que se va alto desparramado al portero aparte del que recibe el impacto en la tribuna. Sin mencionar la pelea en el mediocampo que culmina con varios lesionados que se toman alguno de sus miembros heridos de muerte no obstante apenas ser rozados, generando el amontonamiento de los rivales en pos de cobrar venganza. Se sentaron en uno de los peldaños del campo de batalla con la salida de los dos equipos en un enfrentamiento que se prolongaría por las décadas siguientes haciendo que un hervidero sea un espacio polar. Las almas allí congregadas le rezaban al mismo dios pero éste parecía tener colores diferentes el día de hoy dependiendo de la versión que se contara, el joven aprendiz guardaba en la retina de sus ojos un cuadro de epopeya que se le adhería a la piel ante tamaño espectáculo. Ni siquiera sintió algo así en esos cruces entre santos y quemeros que acallaban las tardes del domingo hasta ese alarido en el que el victimario metía la primera puñalada no obstante a lo que la víctima podría bien cobrar la ofensa, con la herida borbotando ira pura. Arrancó el match, el cronista registró la hora del comienzo en aquel domingo de agosto que el otro testigo recordaría a colores pese a la idea errónea de que todo ha sido en blanco y negro en una suerte de acromatismo. El primer tiempo se iría sin nada reduciéndose el griterío para el final de la primera mitad, Harold registraba lo ocurrido en unas series de notas aunque el lápiz en varias ocasiones encontraba la explosión de las minas de trazo en trazo hallándolo ocupado en ello hasta sentir el pitido iniciando el segundo tiempo. Aquel que no se dio por enterado fue su compañero que continuó roncando apoyado de vez en cuando sobre la pierna del boedense que ya no escribiría nada a excepción del instante cumbre de destrucción del cero con un remate bajo, produciéndose la detonación en la garganta además de los abrazos. Ahí Valenciano Varela se incorporó mirando anonadado la escena, hasta que bajó la ola desde lo alto de la tribuna apaciguando todas esas voces vueltas susurros. Minuto veintinueve anotó sobre el papel garabateado siendo observado por el aún somnoliento Javier Omar que inició la búsqueda de sus apuntes, notando que estos yacían un puñado de escalones más abajo empezando con el rescate. Recibió un par de pisotones aparte de la ignorancia general descubriendo que el mundo estallaba a su alrededor yendo a parar su nota muy lejos ante los festejos del segundo gol. El pibe, mientras tanto, observaba momentos antes el arranque descomunal del perpetrador de la primera gloria quedando los oponentes atrás viendo la llegada de lo inevitable ante tantas paredes que se caían hasta encontrar el objetivo cuyo guardametas perdería incluso la boina. Sin embargo no coronaría la hazaña cediendo la estocada a alguien más que sellaría el marcador en un 2 a 0, con las consecuentes imágenes de júbilo de la hinchada carbonera para dar paso al silencio del epílogo en plena retirada de los concurrentes. Pudo rescatar al jornalero después de unos instantes, lo halló cabizbajo con pedazos de pequeñas hojas sumadas a la desorientación en los sucesos recibiendo la mano solidaria del otro que lo invitaba a levantarse para dejar ese lugar ya vacío. Se bebieron una copa juntos antes de emprender al viaje de vuelta al pago, aprovechando el veterano escritor dicho momento para armar el rompecabezas con la colaboración de su compinche de viaje que finalmente dormía apacible. La mañana siguiente repartieron la publicación intitulada El Heraldo, una única página plegada en cuya portada se veía como destacada la partida dominical firmada por J. O. V. Valencia y un tal Lorenzo Fernández adoptando un seudónimo glorioso.
lunes
Vasco
De un lado la estación de servicios que sirve también como refugio ante varias inclemencias, la peor de todas es la de ir de aquí para allá sin detenerse siquiera a tomar un respiro sabiendo que se han terminado las licencias para los esclavos que deben pagar la boleta al principio del mes aunque no exista fondo alguno acreditado. El sujeto que ha logrado apartarse en un rincón contempla al mundo desde una mesa blanca cuyas sillas son incomodas de forma tal que nadie se quede demasiado en ese recinto, cruzando la avenida que es una postal más de la locura, se alza el puesto del Vasco que junta feligreses sin distinciones de ninguna clase. Diversos trajes para seguir con la faena forman la fila bajo el sol abrasador cuando no las llamas, Febo y Hefesto descargan su ira sobre los que quieren un pedazo de la última cena de Baco, el obsequio de Prometeo recalienta los hierros forjados en otros lares. Las salsas están listas, conservadas en frascos que alguna vez guardaron tesoros verdes y negros hasta que quedaron tan vacías como los bolsillos de la mayoría ante los constantes desmanes, aunque enseguida vino la idea para recuperar algo que permita subsistir. Una bolsa de pan que cambiaba cada cierto tiempo, la materia prima que se renovaba al final de la semana quedando preparada para ir a parar sobre la parrilla tirada por la montura solitaria que lo seguía hasta esa esquina mágica. Uno podía venir apurado esperando alcanzar esa embarcación a la bahía sabiendo que allí esta cargaba a sus huestes por última vez, antes de pasar frente al sito que ya abandonó el viajero cruzando un rato a llevarse un poco más de lo qué pidió dada la generosidad del cocinero que aprendió el oficio de evitar que las llamas consuman su fuente de ingresos. Alguno caerá a último momento para llevarse las disculpas del caso dado que ya es hora de retirarse, demasiado calor soportado sin que una brisa venga a quitarle ese infierno de encima cargando su roca cuesta arriba para regresar a buscarla al día siguiente. La última imagen será la de él regresando una vez que nos devolvieron un pedazo de nuestra libertad, después la noticia será un reguero sabiendo que ha partido dejando el recuerdo en tanto se consumen las brasas sin que alguien más avive ese fuego que se apaga igual que la existencia misma.
domingo
Kael
Yo conocí a un sujeto llamado Kael,
los días de frío venía a darnos una mano
dejándonos chamuscados mientras las chispas
se elevaban igual que mariposas incandescentes.
Sí, yo lo conocía, muy metódico en sus labores
poniendo trampas en medio de los caminos
para que los desprevenidos se encontraran
con un problema más que resolver.
Experto en colocar defensas gastando sumas siderales
a costa de los hombros de sus huestes que apenas
atinaban a decir ¡Me encantaría!,
aunque alguna poción extraña debían ingerir.
En caso de que alguien necesitara ayuda él se presentaba
dejando todo ardiendo ante las turbas enardecidas
que le arrojaban una lluvia de improperios
y de piedras, pese a estar muy lejos para saberlo.
Ardía en deseos de venganza pero en otras facetas
hurgaba pedazos de bienestar para los que aguardaban
en la casa ahí al fondo, más allá de las rejas que llevan
a un pasillo repleto de historias que resuenan.
Apaciguando la sed de llamas con un brebaje verde,
siempre preparado para la ocasión de que cierto visitante
venga sin aviso alguno tocando el timbre para hallar
el refugio que bastante bien conoce.
jueves
01/05/2021, en Océano
Cada vez que volvemos ellos están ahí aunque en ciertos casos son sus recuerdos dado el episodio de partida por tiempo indeterminado. Las casas al costado del camino contienen historias de esos que le hicieron frente a las inclemencias cuando los pastores aún no juntaban el rebaño y el sonido quedó lejos en la noche, aunque basta con esperar a que caiga la helada para sentir esa interpretación una y otra vez con más o menos público. La obra ha de reiterarse pese a que los concurrentes sean cada vez menos, los álamos detectan el llamado sacudiéndose el frío al agitar sus ramas cuyos mensajes fueron enviados y forman una capa debajo.
Robótica
VSH 009, unidad
ensamblada en Sudamérica, componentes diseñados en Bloemfontein, introducir
órdenes.
El
viejo director técnico, antes ingeniero y mucho más atrás jugador de fútbol,
procedió a insertar la enorme tarjeta en la parte baja de la columna de esa
bestia de metal la cual reaccionó al contacto de la misma procesando las
instrucciones para luego ocupar su sitio en el hangar. Sus pares ya estaban en
sus sitios a la espera de la batalla de la noche siguiente aunque siempre era
la oscuridad la que cubría al mundo, el sol había sido privatizado así que esos
que vivían en el espacio colonizado podían disfrutar del mismo. Bebería un café
en el cuarto convertido en su cuartel general dado que la federación no podía
costear más gastos que el traslado al enorme campo de juego, alguna vez ahí
hubo una ciudad así como millones de personas que ahora disfrutarían en sus
pantallas neuronales del cotejo en cuestión. Antes habían sido los gladiadores
modernos armados con un balón parecido al de ese encuentro próximo, con
publicidades en cada esquina del barrio de manera que los ojos del mundo
estuvieran pendientes de estos hechos históricos. Pero al final el fútbol
conocido por los seres humanos fue abolido, en su lugar alguien pensó que era
una buena idea poner autómatas a realizar la tarea con una precisión de
cualquier habilidoso. Miles de estrategia se concentraban en los bancos de
datos haciendo que los actores principales las desarrollaran hasta alcanzar la
victoria, con la demolición de la escuadra contraria dado que necesariamente
había bajas y un montón de chatarra que vender a precio exorbitante. Sacó los
viejos naipes españoles tan desgastados como la gorra que portaba salvo al irse
a dormir, encendió uno de sus últimos lujos en ese momento de cavilaciones
repasando los instantes de gloria lejana allá en la zona del Quequén Salado.
Sus días de mediocampista de contención se habían terminado justo diez meses
antes de que esa pasión fuera dada de baja, ya no servía para entretener a las
nuevas generaciones que practicaban a bajo costo la destrucción de asteroides
empleando las armas en desuso dado que nadie osaría quitarles la posición de
privilegio que lograron entre las estrellas. Pero en la luna y la Tierra
quedaban esos que siempre andan colgados del sistema, corriendo de atrás a un
tren que raudo se manda a mudar en la siguiente curva no habiendo zorra que
permita alcanzarlo, así que mejor conformarse con lo que ha tocado. Alguien podría cumplir el rol de
entretener a los bienaventurados, conquistadores del cosmos que deseaban
momentos de distracción ante lo difícil que es mantener el estatus alcanzado
sin esfuerzo alguno. Miles de naves partieron en la loca carrera por alcanzar
Ganimedes, apenas una logró hacerse con la copa de la victoria cuya crónica se
perdió en el vacío hasta que las conexiones entre la civilización nueva y la
que quedó atrás se restablecieron. Los libros de historia, todos digitalizados
por supuesto, darían cuenta de la hazaña que significó llevar la luz a ese
mundo alejado de la misma aunque si había otras presencias nunca salieron en
los créditos del documental vendido hasta agotarse.
T21542, unidad de construcción a distancia, descenso de maquinaria a la zona del encuentro a los fines de ultimar detalles, tiempo restante: dos horas y cuarenta minutos.
Los
técnicos del rival monitoreaban el partido desde la seguridad de las alturas,
él apenas consiguió una vieja patrulla que le permitía estar sobre el estadio
levantado para la ocasión. Con la precisión tecnológica se habían hecho llegar
los muros gruesos que conformaban el perímetro de la cancha, dibujadas con un
láser las líneas que delimitarían la zona de juego. Los gigantescos arcos
fueron colocados al final de la preparación, sin red de contención dado que el
balón no iría a ninguna parte considerando la altura del recinto además de los
dispositivos de seguridad que permitían saber la ubicación exacta de aquel
objeto. Aparte de los recursos que disponía el equipo campeón existía una
diferencia en los materiales empleados en la construcción de las bestias que
pronto saltarían al campo de juego, sin mencionar la existencia de repuestos
cuestión que el retador no poseía. Las celdas de combustible eran otra
diferencia, aún los habitantes de ese viejo mundo se servían de los fósiles
refinados en tanto que los del cosmos habían logrado almacenar cierta energía
nueva lo que les daba una autonomía de miles de días. Varios partidos
concluyeron antes por la explosión registrada en alguna de las unidades
terrestres, sin que el resultado fuera ya relevante al quedar dañada más de una
como consecuencia de la onda expansiva. Los de azul profundo eran visitantes en
su propio mundo, de rojo el campeón que jugaría con el 1 en el arco, el 2 como
único defensor, el 3 y el 4 en el mediocampo en tanto que el 5 era el solitario
delantero. El retador tenía al 12 en la portería, el 2 y el 6 en la defensa, el
10 asistiendo al 9. El árbitro del cotejo era un holograma que se asemejaba a
cierto juez del pasado, siempre atento a cualquier circunstancia que pudiera
producirse y el sobreviviente de esos eventos dado que no poseía forma física.
Sonó el silbato en un desierto absoluto, los ojos de la civilización se posaron
en ese punto del espacio a eso de las 13:00 hs. del domingo igual que antaño.
Los guerreros llevaban sus publicidades en cada movimiento del balón, siendo
estas proyectadas directo al cerebro de los usuarios que un poco más tarde
habrían adquirido algo que no necesitaban. El 3 quedó apilado junto al 10
desafiante haciendo que el referí detuviera la disputa, tiro libre directo para
los invictos que fueron a buscar al área rival en tanto el 9 terráqueo bajaba a
defender ese balón que como un meteoro caería buscando una víctima. Nadie sabía
exactamente qué velocidad podía tomar la esfera ante la potencia de disparo de los
miembros metálicos, alguno contaría por aquí que se habían visto impactar a un
balón extraviado en la luna dibujándole un nuevo lunar. Incomprobable. El
esférico terminó en manos del 12 que inmediatamente lo envío a la zona de
disputa, ya el mediocampo era un yermo con las líneas borradas de tanta pasar
sobre ellas las máquinas. El remate desde afuera del área fue contenido por el
portero visitante, intentando un nuevo contraataque que moriría sin pena
soportando una lluvia de proyectiles sobre el arco azul. El 6 empezó a soltar
una serie de gases que pronto impregnaron la de por sí contaminada atmosfera,
indicando que podría haber una detonación en cualquier momento. En el siguiente
tiro libre ocurrió lo anunciado, todos los jugadores de campo quedaron
esparcidos en lo que parecía un depósito de chatarra.
Lanzó
el balón fuera de su área yendo detrás de él pasando esa divisoria que era una
vía perdiéndose en la noche, nada más que dos jugadores frente a frente.
Cargará entonces aquel que sabe deja la meta al descubierto intentando hacerse
con el objeto más preciado que le ponga fin al cotejo, el reloj corre sin
misericordia hasta que ya no hay tiempo. Sabe que viene a toda velocidad viendo
ese marco lejano totalmente solo, ha calculado su rival con exactitud la
maniobra de recupero pero se topará con esa gambeta que hizo chirriar los
viejos engranajes pasando de largo con los propulsores a pleno. No obstante el
esfuerzo habrá podido hacer un giro para derribar al 12 justo un segundo
después que este le dé de zurda, quedando los dos enroscados en el barro de ese
escenario. El árbitro aparecerá para señalar la mitad de la cancha en tanto por
primera y única vez el uno es azul en el tablero que indica el final del
encuentro.
Podrá
el experimentado entrenador retirar a su último guerrero contemplando el
desarme del recinto, la salida del 1 que ha sido desactivado y cargado con sus
compañeros de equipo para ser vendidos de inmediato. No obstante el balón yace
allí, el golero lo toma viendo la sombra de la nave gigante sobre esa niebla
eterna pegándole con toda la fuerza que le queda entre los hierros y escapando
raudo con el humano que lo trajo a la vida. La detonación ilumina el cielo, la
explosión al precipitarse el navío se ve desde la otra punta de la galaxia, el
velo semejante a un crespón ha desaparecido y el sol finalmente vuelto a la
tierra de los libres.
Mientras bebe la única copa tras el almuerzo contempla a la vieja máquina marcar las líneas blancas que brillan en el domingo, ha regresado el fútbol en su formato antiguo al mundo de los locos así que en un rato se sentará en la grada en compañía del canchero que aún tiene el 12 estampado en su dorsal.
lunes
Aldea
Al dios en cuestión le han construido un monumento en
cada hogar del planeta, algo que hasta ahora no había sido logrado por ninguno
de sus competidores a través de los siglos pese a las batallas tomando su
nombre que llevarían a la hoguera a millones. Se dejó de derramar sangre, con
ciertas excepciones, los estandartes se pasearon victoriosos por debajo de las
narices de los ignorantes globalizados que aceptaron sin chistar cada uno de
los términos en una suerte de pandemia. Los efectos pese a la ausencia de
intención fueron bastante nocivos, pronto todos los involucrados hablarían un
lenguaje que llegaría con sus publicidades más allá de las fronteras de esta
galaxia haciendo que los cronistas de otros lares observaran el fenómeno bien
de lejos, cosa de no contagiarse. Por las dudas, para no generarle adicciones a
los que resultan beneficiarios de sus fabricaciones (y por ende condenados) se
les ha ido suministrando la mercancía acorde a sus posibilidades de manera de
rascar el cobre de cada rincón del planisferio. Abandonó las escrituras
sagradas cambiando no obstante las mismas por charlatanes que distribuyeron a
cambio de una suma la palabra divina con el eslogan de lo último de lo último,
con actualizaciones que se incluyen en ocasiones en la tarifa y en otras se
cobran como contenido descargable. Los residuos por su parte se acumularon sin
que se les haya dado demasiada importancia, en el momento de reconocer la
necesidad de no tratar al océano como un basurero elevaron una oración al
altísimo que seguro este no escuchó pero disimularon creando declaraciones que
nadie cumpliría. El cañón apunta a tu mesa así que nada de andar
arrepintiéndose de esa adquisición del presente que será la negación para los
que deben acarrear aquello que uno desperdicia, esperando que simplemente el
grifo nos dé lo que hemos venido a buscar. Satisfacción inmediata, viendo al
mundo desde un anuncio para después unirse a la procesión de los que le rinden
tributo al iluminado que nos ha puesto en la ropa y en la mesa la marca del
ganado. Un usuario con nombre de fantasía aparte de la clave que guarda la
privacidad que hemos regalado, la fotografía tomada mostrando lo mejor de
nosotros y el código de verificación que también nos relaciona con el aparato
de control permanente. Los extremos están cifrados pero al ser una invención
humana seguro se puede hacer trampa, escuchando los silencios de la noche
aunque el mensaje de la canilla les dará nuevas ideas que se aparecerán en el
desayuno haciendo que nos venga la necesidad de tenerlo. Quedarán a un costado
del lecho todos esos trofeos que conseguimos a fuerza de empeñar nuestro futuro
trabajando para cubrir los agujeros que el plástico dej,a sostenido en la banda
magnética una tras otra pasada siendo un embargo camuflado. Sin embargo tales
actos están asociados a la dicha de las imágenes, reiterados los recursos
publicitarios con adaptaciones acorde a determinados cambios sociales pero de
fondo siguen siendo lo mismo. El guión que se vende para que demasiados lo
compren, asegurando la realización de secuelas infinitas dado que siempre habrá
nuevos consumidores que pidan eso que no necesitan pero que los demás tienen,
así que ahí inicia la demanda sin fin. Se adaptan a las costumbres regionales
cada uno de los espejos de colores que se les otorgan a las nuevas generaciones
de incautos, esos que verán extrañados a los más ancianos por ya no ser lo
suficientemente jóvenes para poder entenderlos pero para estos también hay un
pedazo artificial de cielo que se les puede vender. La inculturación hace su
entrada triunfal blandiendo en esos territorios sin límites sus banderas de
triunfo, con personajes de otros lares vistiendo los ropajes autóctonos cuando
no los escudos de ese idioma universal cuyo himno es una palabra breve llamada
gol. Aquí también la felicidad viene acompañada de un sinnúmero de propagandas
desde las cuales conocemos el manifiesto de ese credo del que formamos parte
aunque seamos ateos, las viejas estructuras incluso han adaptado los mensajes
que transmiten a medios modernos que llevan un símbolo del creador de dicha
tecnología viéndose su presencia en los monitores que nunca se apagan así como
en el desfile celestial que opaca a las estrellas. Los santos de esta fe
moderna aparecen en los envases usados en los rituales diarios, portando la
malla que vale vender el sol para tenerla y recibiendo en pago el trato
brindado a los gladiadores ocupados en entretener a una multitud que busca
héroes renovando a los mismos cada cierto número de temporadas. Pero aun así podrán
volver a verlos en las ediciones clásicas que cuestan un mes de renta, aunque
ellos lo ignoran estando en el primer mundo todavía pese a las buenas
intenciones de hacer desaparecer las diferencias en el papel mojado y amarillo
de las décadas transcurridas.
viernes
Ñ
Las demás letras sufren de calvicie por exceso de uso
aunque en la época actual sería más bien por haberlas olvidado sustituyéndolas
con otras que no suenan igual, el problema es que las pronunciamos mal
generando una confusión enorme en la que el orden del abecedario se ve
alterado. Sin embargo ella mantiene su cabellera flotando en el viento como
nave insignia de esto que se llama lengua, dejando a un lado las abominaciones
que son las sombras apenas en torno a un fuego agitándose en la tempestad. Las
formas oscuras tienen como lienzo a la pared de esa caverna desde la cual los petroglifos
se han rebelado mutando a palabras, la revelación es tal que las personas
empiezan a darle nombres a su realidad la que cambia por completo. Dejan
entonces de ser extraños cubriendo el sitio que habitan una atmosfera hogareña
en la que los niños crecen sin sonidos guturales, pasado cierto tiempo el reloj
corre semejante a una cuerda que se va cubriendo de ñudos alcanzando un tamaño
considerable antes de cortarse. La hermana mayor hace las veces de ñaña cuando
no de madre aunque no llegue a alumbrar nunca descendencia, viendo sus días
languidecer hasta volverse polvo de ese mecanismo que es finito. En el mañana
los ya adultos, con la niñez en un cofre abandonado, se han esparcido por el
mundo que deja de ser desconocido aunque el llamado de la casa sigue sonando en
la noche invernal metiéndose con la invasión del agua en esa zona ribereña para
luego retroceder con la manada de pinzas. El actor principal es un tacaño
consumado, le destina poco y nada a las cuestiones afectivas intentando
resolver los problemas de otros que confían en su sapiencia aunque muchas veces
sabe menos de lo que muestra. Sin embargo a su orilla llegan los restos del
naufragio, los pedazos de historias con almas aún aferradas a la carne
solicitando una y otra vez asistencia al igual que un pedigüeño que no tiene un
hábito mejor arraigado. Por ello esta pausa entre tanto papelerío que esconde
posibilidades de salvarnos de ser los siguientes en zozobrar, aunque nos hemos
vuelto isleños que miran con pavor al océano que supone la vida.
jueves
Adieu
El espejo no refleja nada excepto la imagen de siempre con los agregados de los años, el recinto está vació pese a que caras nuevas lo pueblan aunque la ausencia es notoria considerando las vivencias entre esas paredes. Trasladadas afuera al abandonar el sitio retornando a casa con la sensación de pesar aunque no se trate de una partida definitiva, ese rostro que ya no veremos quedando el desafío dormido en el recuerdo. Una tilde que voluntariamente se ha ido a colocarse en otra parte genera la llamada de atención del único testigo, los demás por las dudas no se han salido del molde ni del rol asignado. El primer lugar en la fila de adelante con los riesgos que existen por volar demasiado cerca del sol, el faro que no advertirá de los filos de las rocas aguardando a la presa totalmente confiada. Aunque la supuesta víctima esconde el acero debajo de la capa devolviendo las estocadas a esos que no están suficientemente alertas, algún que otro comentario recibe una respuesta en sorna pese a no mostrar emoción alguna. Después los años se quedan atrás hasta percatarse de la llegada del otoño, de ese adiós escrito en hojas marrones en una calle desierta con nombre de santo ausente. Tras esto el hueco interno, la sensación de vacío que se mete en las arterías bombeando hasta tornarse un nudo en el estómago que se deshará con los eones. Las palabras escritas en rojo y azul en una especie de juego para dos se quedan estampadas en una entrada antigua, maneras diferentes de ver este inmenso lago por donde navegamos quitando las distancias del nacimiento. Una inscripción en la tapa interna suprimiendo a la anterior en un acto equivalente a un manifiesto, las demás páginas quedan de adorno igual que el libro alejado del salón durante más de un año. El temple viene de lejos a la hora de dar el paso hasta que se convierta en una historia que se arma según se mueve hacia adelante, todo lo anterior queda atrás volviéndose una anécdota. Las imágenes escondidas en un pizarrón con trazas de repeticiones previas, incluso el sitio del impacto de otra fuerza ausente con aviso más allá de no ser un recuadro de esta historia. El pupitre vacío con un aviso dando cuenta de la búsqueda de un piloto ya que ella se ha ido dejándolo abandonado, el mundo de este átomo no se ha percatado siguiendo con la misión de ponerle laureles a las piedras.
El invierno no se va
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