Arcadia es una civilización llena de buenos momentos y frustraciones para los que buscamos poner nuestro ego al tope del ranking. Ahí gastamos diez pesos que valían como mil de ahora y pusimos a cuatro tortugas con nombres de pintores a combatir villanos. Hicimos equipo con mi hermano y mi primo para contener una tormenta alienígena, pero nos quedamos sin llegar al final de Double Dragon. Ahí viven los clásicos de SNK peleando contra luchadores callejeros para definir quién es el Rey de los Luchadores. En ella el cancerbero te deja expuesto a menos que tu capacidad goleadora sea demoledora y tu defensa raspe al rival. Ahí Arturo llega a levantar la espada en la piedra, los jinetes cabalgan al atardecer y Pesina encarna a Cage, Sub Zero, Scorpion y Reptile. Ahí la bruja vuela sobre un puente para llevarte a pelear al foso si logras una victoria perfecta. Un valiente guerrero corre sobre una patineta sorteando obstáculo y rescatando a su amada, Mario y Luigi derriban tortugas. Ahí me quedo en la siguiente vida esperando un crédito de un desconocido para jugar una partida más. Ahí soy feliz, jugador y funciona como válvula de escape a mis miserias. Ahí la señora Pac Man huye de sus fantasmas, metáfora de eso de querer escapar a la rutina.
Blog del autor ítalo argentino, Piero Fiori. Esta obra está licenciada bajo la Licencia Creative Commons Atribución 2.5 Argentina conforme se describe en la página intitulada "Creative Commons".
miércoles
Kraspo
Arrastra los pies cuando llega al primer piso, se sienta
atrás dejándole el papel principal a otros pero no duda en salir a escena
cuando el naufragio es evidente. Y a veces no basta con capear la tormenta allá
arriba en el palo principal, a veces hace falta algo más y ella lo sabe.
Por
eso tal vez por lo bajo refunfuña porque por más que existan cosas que superan
lo que pueda hacer en el aula, le sigue doliendo ver como se pierden
oportunidades. Pero la batalla siempre vale la pena así que esperando la vuelta
de Odiseo ella deshace y revisa lo hecho, conformarse implica fracasar por lo
que no duda en borrarlo todo para empezar de cero.
Aunque lo único que motiva
esto es saber que existen pequeños oasis en los que refugiarse de la tormenta,
igual a esos rayos de sol que surgen por detrás de un telón tormentoso. Alguien
en quien depositar el futuro, una utopía en medio de esta generación de
instantáneas y touch screen.
Vale la pena entonces.
Malos hábitos
Las cosas que deje para otro momento nunca las terminaré, la
ira de una tarde calurosa tira por la borda todo lo que predico con tanto
énfasis y lastima al que me pone el hombro en los días difíciles.
Tanto aguante tiene que terminar en algún punto dando paso a
la soledad y al olvido, la misma que nos rodea cada mañana que el can comparte
conmigo cuando nos quedamos sin vos.
sábado
Paisaje
El viento agita las sombras que la luna refleja sobre la pared,
me vuelve parte del paisaje cuando me dirijo al refugio detrás de la casa
una noche de verano que se parece más al otoño.
Me he vuelto parte del paisaje con el correr del tiempo
sintiendo eso que es crecer para volverme un adulto,
enterrando la inocencia de un niño al que no conozco.
El viento silba y el humo de la pipa baila entre sus brazos,
silba como siempre lo ha hecho dándole un aviso a este mundo
de que el aún sigue aquí pese a que lo ignoran.
Aún seguimos aquí pese a esos intentos de contarnos
que sólo somos mercancía electoral
a la que desangrar en forma bienal.
Aunque preferimos esto a la aguja impositiva
que nos clavan mensualmente
para mantener a los gusanos con vida.
Lo curioso es que estos se alimentarán
de los despojos de todos aquellos que se consideran
demasiados poderosos, pero que a la larga forman parte
de las sombra del tiempo.
Lo nuestro es más poético mi querido viento.
me vuelve parte del paisaje cuando me dirijo al refugio detrás de la casa
una noche de verano que se parece más al otoño.
Me he vuelto parte del paisaje con el correr del tiempo
sintiendo eso que es crecer para volverme un adulto,
enterrando la inocencia de un niño al que no conozco.
El viento silba y el humo de la pipa baila entre sus brazos,
silba como siempre lo ha hecho dándole un aviso a este mundo
de que el aún sigue aquí pese a que lo ignoran.
Aún seguimos aquí pese a esos intentos de contarnos
que sólo somos mercancía electoral
a la que desangrar en forma bienal.
Aunque preferimos esto a la aguja impositiva
que nos clavan mensualmente
para mantener a los gusanos con vida.
Lo curioso es que estos se alimentarán
de los despojos de todos aquellos que se consideran
demasiados poderosos, pero que a la larga forman parte
de las sombra del tiempo.
Lo nuestro es más poético mi querido viento.
Pierluigi
La casa está en silencio, la familia se ha ido a pescar al Médano Blanco y aprovecha la ocasión para encender su pipa una vez más. De pronto el altillo empieza a desvanecerse igual que el humo que se escurría por uno de los ventiluces.
El paisaje a su alrededor cambió por completo, se sentó sobre una nube viendo a una tormenta alejarse hacia el oeste como un río debajo de sus pies. Escuchó los ladridos de un can que corría a su encuentro cual Peritas al ver a Alejandro pisando los Campos Elíseos y el llanto de un pequeño que llegaba un diez de septiembre.
Así que dejó la pipa atrás mientras se dirigía al encuentro de su viejo amigo en un paisaje semejante al de la Italia de su infancia, incluso el bardo estaba ahí esperándolo para mostrarle su última obra cumbre.
Y ahora aquí en el páramo he de encender la vieja flama, viendo al humo irse hacia lo alto.
Diez segundos bastan
Volvíamos de General Lavalle a Santa Teresita, la serpiente azul zigzagueaba buscando la sal del mar y lucía realmente desierta. La Ruta 11 era en ese momento la némesis de su versión estival, desierta pero con la compañía del sol. Al viento lo habían visto dirigirse hacia Pavón hacía ya un rato, dicen los curiosos que se escapó hasta Mar del Plata cambiando una costa por otra.
Encendí la radio, el programa "Tirando paredes" recién comenzaba, pero en lugar de hablar de los partidos de esa tarde a Román se le ocurrió leer un cuento. ¿Un cuento? Usted que tiene nombre de romántico y apilador de oponentes en Palestra Italia ¿cómo se le ocurre empezar con eso? Seguro que si esto venía luego de las noticias del siguiente encuentro de Boca no le hubiera dado ni cinco de pelota.
Pero bueno, me quedé enganchado a esa parte de programa igual que un pedazo de nilón que viajaba colgado de la antena del auto. El personaje central de la historia pasaba desapercibido, vivía a través de las vidas de los otros personajes pero al final de cuentas los reunía a todos.
Desde el Negro Enrique que le daba un pase para su pierna menos hábil hasta el golero británico llamado Pedro quien quedaría ridiculizado por toda la eternidad. Una rara forma de contar una historia dejando de lado al actor principal para centrarse en los demás personajes.
Casi al final del relato en la parte en la que describe cómo dos personas llevan un bidón con kerosén por una calle embarrada, no contuve más el llanto y vino la catarata. Mi señora no entendía nada, pensó que alguno se había ido de este mundo.
No logré explicarle con palabras lo que las lágrimas justificaban, es que recién ahora encuentro las frases para poder decir todo esto. El Diego pasa como el viento entre oponentes y compañeros, dejando congelado el Estadio Azteca, la imagen es una poesía sin letras, la optimización del uso del tiempo para hacer de diez segundos una obra homérica.
Pero el sólo aparece al final igual que el llanto. Tal vez ahora sí pueda explicar "quién es, quién ha sido y quién será hasta el fin de los tiempos".
Nota: 10,6 segundos es una obra de Hernán Casciari, el enlace lleva a su blog.
Arcadia II
Yo era el nueve del equipo pero jugaba en posición de extremo izquierdo, pese a ser diestro. El que llevaba la diez era el centro delantero y el once nuestro wing derecho. Eramos un equipo que se fue puliendo con los años que parecían no querer pasar, excepto para los de afuera.
El primer juego era contra la escuadra nipona, los organizadores del torneo y eso se notaba bastante. Aunque es fácil hablar con el resultado puesto, enseguida el diez había recibido un pase del número seis y con una soberbia media chilena la mandó a guardar.
Sin embargo tratamos de anotar el tercer gol antes del segundo, parecía que estábamos cerca pero no lográbamos acertar el tiro de gracia. Hasta que el once mandó un centro y me tocó anotar con el arco a mí merced.
Una cosa que siempre noté en todos estos años como jugador de la Celeste es la forma en la que los arqueros cometían varios errores, sin importar el equipo en el que jugaran, como quedarse en el primer palo cuando venía un centro desde el borde de la línea de córner o dar un salto al mejor estilo bloqueo de voley en el momento en el que un delantero ejecutaba una media chilena o una tijera.
Pero bueno, de los goles vivimos así que no importa la forma en la que lleguemos a ello.
No tuvimos demasiada oposición, los del norte eran buenos en otros deportes, la escuadra orange prometía más de lo que cumplía, nuestros eternos rivales (los cariocas) estaban pasando una etapa de transición e incluso los sajones no fueron rivales de fuste.
En las semifinales nos aguardaban los tanos, siempre difíciles y en esta ocasión ultra ofensivos. A nuestro técnico se le quemaron los papeles, esperaba a un equipo más retrasado en el campo y no un oponente tan agresivo.
El medio campo tuvo mucho trabajo, el seis y el siete pelearon mano a mano contra jugadores que tenían aprendido el manual del mediocampista rasposo escrito por Gennaro.
Pero así y todo salimos victoriosos, el diez recibió un pase del once tras una asistencia del seis que por única vez pudo pasar al ataque y con una soberbia media tijera la mandó a la ratonera. El arquero tano quedó pagando.
Llegamos a la final contra los germanos, el partido más complicado por el roce físico y las protestas al árbitro que siempre estaba lejos de la jugada. Por alguna cuestión azarosa nos tocaba el mismo tipo siempre, vivía lejos de la jugada y generalmente en el piso al ser arrollado por un jugador o por el balón.
El juez era miembro de una asociación internacional llamada G.O.D., quienes organizaban partidos contra los campeones de los torneos. Un nombre demasiado pretencioso para lo que este tipo podía dar a la hora de impartir justicia.
La final fue muy disputada, logramos acertar el gol de entrada pero el medio sufría los embates de los teutones y la zona era una autopista.
La defensa quedó expuesta por primera vez, los esfuerzos de nuestro líbero y capitán no fueron suficientes, el cancerbero recibió en una jugada su primer gol.
Esto nos desmoralizó un poco, estábamos 1 a 1 y cometimos el error de no frenar la pelota para pensar las jugadas. Fue un frenesí que nos invadió optando por devolver golpe por golpe, hacha y más hacha, el director técnico gritaba desaforado, no le prestamos atención hasta que los tres pitazos sonaron ominosos.
Los de verde miraban al juez, este a nosotros, mis compañeros y yo a nuestro capitán, al final el árbitro sacudió la cabeza. No había más tiempo, ni penales, ni créditos.
El jugador había dejado el arcade y volvía a la escuela, esperaríamos durante años hasta que volviera con un crédito y un pequeño igual a él para así dar la vuelta olímpica.
Ese día le ganamos a Germania 6 a 0. Ni la vieron.
Nota: este es mi homenaje a todos los juegos de fútbol de arcade (máquina a fichas) que he terminado. Y la regla para ello es usar sólo un crédito, no vale continuar. Eso es ser un jugador hardcore.
Un poco la historia está influenciada por "Memorias de un wing derecho" del Negro Fontanarrosa, el cual he leído el año anterior en una recopilación llamada "Los mejores cuentos de fútbol". La selección de cuentos estuvo a cargo de Eduardo Sacheri.
En ese cuento basó la película "Metegol" Juan José Campanella.
No tuvimos demasiada oposición, los del norte eran buenos en otros deportes, la escuadra orange prometía más de lo que cumplía, nuestros eternos rivales (los cariocas) estaban pasando una etapa de transición e incluso los sajones no fueron rivales de fuste.
En las semifinales nos aguardaban los tanos, siempre difíciles y en esta ocasión ultra ofensivos. A nuestro técnico se le quemaron los papeles, esperaba a un equipo más retrasado en el campo y no un oponente tan agresivo.
El medio campo tuvo mucho trabajo, el seis y el siete pelearon mano a mano contra jugadores que tenían aprendido el manual del mediocampista rasposo escrito por Gennaro.
Pero así y todo salimos victoriosos, el diez recibió un pase del once tras una asistencia del seis que por única vez pudo pasar al ataque y con una soberbia media tijera la mandó a la ratonera. El arquero tano quedó pagando.
Llegamos a la final contra los germanos, el partido más complicado por el roce físico y las protestas al árbitro que siempre estaba lejos de la jugada. Por alguna cuestión azarosa nos tocaba el mismo tipo siempre, vivía lejos de la jugada y generalmente en el piso al ser arrollado por un jugador o por el balón.
El juez era miembro de una asociación internacional llamada G.O.D., quienes organizaban partidos contra los campeones de los torneos. Un nombre demasiado pretencioso para lo que este tipo podía dar a la hora de impartir justicia.
La final fue muy disputada, logramos acertar el gol de entrada pero el medio sufría los embates de los teutones y la zona era una autopista.
La defensa quedó expuesta por primera vez, los esfuerzos de nuestro líbero y capitán no fueron suficientes, el cancerbero recibió en una jugada su primer gol.
Esto nos desmoralizó un poco, estábamos 1 a 1 y cometimos el error de no frenar la pelota para pensar las jugadas. Fue un frenesí que nos invadió optando por devolver golpe por golpe, hacha y más hacha, el director técnico gritaba desaforado, no le prestamos atención hasta que los tres pitazos sonaron ominosos.
Los de verde miraban al juez, este a nosotros, mis compañeros y yo a nuestro capitán, al final el árbitro sacudió la cabeza. No había más tiempo, ni penales, ni créditos.
El jugador había dejado el arcade y volvía a la escuela, esperaríamos durante años hasta que volviera con un crédito y un pequeño igual a él para así dar la vuelta olímpica.
Ese día le ganamos a Germania 6 a 0. Ni la vieron.
Nota: este es mi homenaje a todos los juegos de fútbol de arcade (máquina a fichas) que he terminado. Y la regla para ello es usar sólo un crédito, no vale continuar. Eso es ser un jugador hardcore.
Un poco la historia está influenciada por "Memorias de un wing derecho" del Negro Fontanarrosa, el cual he leído el año anterior en una recopilación llamada "Los mejores cuentos de fútbol". La selección de cuentos estuvo a cargo de Eduardo Sacheri.
En ese cuento basó la película "Metegol" Juan José Campanella.
lunes
Sobre las sesiones de un naufragio
La idea surge tras una visita a mi hermano allá en Tigre, el paisaje, los muros, las mascotas (los dos huargos), la historia de la familia, etc., todo marca un punto de partida para poder crear esto.
Simplemente he tomado el celular y usado la función de grabar para poder generar una idea en forma espontánea, una especie de borrador virtual si se quiere. Recuerdo haber visto un programa en el canal Encuentro en el que se reproducía una grabación de Julio Cortázar.
Al menos la forma de instrumentar la idea proviene de ahí, posteriormente comencé con esto de ponerle los subtítulos que implican también una forma de pulir la idea original (de ahí las diferencias entre audios y textos).
Esto último también es una excusa para poder permitirles leer a quienes no oyen.
Las imágenes han sido tomadas por Patricia Candia.
domingo
Un vaquero en la lluvia
Ya escribía en esa época pero todo eso se ha perdido en los dominios de Prometeo, sin embargo de las cenizas surge la vida y así la inspiración vuelve.
Con este blog pasó lo mismo en numerosas ocasiones, lo único que una vez que nos ubicamos aquí ya no nos fuimos.
Cowboy Bebop, el anime dirigido por Shin'ichiro Watanabe, influyó en el nombre "camina en la lluvia", el resto es empirismo (experiencia pura) es decir el hecho de vivir y transitar esa vida.
Camazote
Sobre las ruinas de nuestras ciudades levantaron sus monumentos y desde ellos nos adoctrinaron para que sirvamos a otra esfinge, debiendo tributarles con metal dorado para que nos mantuvieran vivos en el yugo de nuestras miserias.
Perdimos la memoria de lo que eramos reemplazándola por constantes sufrimientos, tan solo la calzada de piedra conservaba algo de los recuerdos de la época en la que le rendíamos culto a la Madre Tierra.
Pero una noche el nuevo gobernador fue degollado, sus hombres buscaron en vano hasta el amanecer. Allí se les reveló que un campesino había visto al posible perpetrador dirigirse hacia la casa de la víctima y luego huir de regreso a la selva.
Las huellas los llevaron hacia los restos de las afueras de la vieja ciudad, allí se alzaba el templo del Dios Murciélago. Ninguno de ellos volvió con vida, cada vez que algún invasor se acercaba demasiado a ese lugar corría la misma suerte.
Cada vez que la injusticia se tornaba imposible de soportar, aparecían los cuerpos mutilados de quienes eran un mal enquistado en esta tierra. O simplemente desaparecían en el fondo de un cenote.
El Camazote se ocupaba de todos ellos.
Si Bruno Diáz fuera latino, sería el Camazote.
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