martes

Esta canción

He escuchado esta canción hasta que se gastó 
y entonces necesité otro himno,
así es como me siento en éste momento. 
No me banco los abusos que se cometen
en nombre de algo que no existe, 
las personas parecen condenadas a pasar por
las garras de unos cuantos 
y a eso se lo llama administrar justicia.

Es un mal nombre que sólo esconde 
un montón de forreadas propinadas entre
cuervos y lacayos, intermediarios y perjudicados, 
un maldito mercado en el que
gana aquel que tiene el circo montado.

Saltan las marionetas, 
saltan al compás de esta vieja melodía 
que yo me niego a seguir escuchando 
y por ello me abro de esta decadencia, 
buscando otra cosa que sea más digna 
que sólo explotar la necesidad de los demás.

No puedo volver atrás, 
ni siquiera se me ocurriría intentarlo, 
así que el mañana es todo lo que queda 
y lo único que necesito mientras 
tenga dos pies y dos brazos.

lunes

Escollera

Filmar comenzó a desenredar la línea, al final optó por cortarla y volver a preparar el anzuelo.

A su lado Omar Valenciano  cortaba los calamares, siempre le había gustado acompañar al pescador aunque no le interesara tanto la pesca en sí misma.

Más atrás, Flores tomaba notas de lo que veía a su alrededor: la escollera de Punta Chiesa, las familias en la playa, el viejo muelle con una publicidad de cerveza que se apreciaba ni bien uno  comenzaba  a bajar por Luro, vendedores ambulantes, surfistas o algo que se parecía a eso, etc.

En eso Filmar comenzó a tirar de la caña, algo había picado, Valenciano corrió a su encuentro; Flores no quiso ser menos y se aproximó. 
Fue el único que notó que el mar crispado iba a lanzar una nueva andanada contra las rocas. 
Se agachó justo detrás de Omar, al tiempo que el mar los empapaba a Filmar y a su otro compañero. 
El pescador se limitó a desenredar la línea, volviendo a colocar la carnada en su lugar.

La tarde transcurrió sin prisa, por allá se escuchó el grito de gol a través de la radio que tenían en el puesto de venta de carnada. 

Luego, los hinchas de Racing comenzaron a desfilar en la niebla que los desdibujaba, 
haciéndolos parecer como salidos de una escena en blanco y negro.

Superhéroe

El superhéroe esconde algo, un ego de algunos, la justificación de otros tantos.

Si el personaje no es humano, cuenta con grandes poderes para enfrentar a enemigos proporcionales.
Si es de carne y hueso, con miles de recursos mientras vuela por el mundo llevando la infinita justicia.

El villano puede ser adaptado según la época histórica, llevándolo ante a un juicio entre las viñetas y portando los colores de la libertad en el traje con el que el héroe oculta su identidad.
Incluso se lo puede adaptar a través del tiempo, pasando de un mandarín a un fundamentalista y admitiendo el montaje escénico, con él que la última invasión se justifica.

El superhéroe es entonces un fraude, un invento de alguien que sabe que éste invierno no pasará frío pese a que los demás se congelen. 
Después de todo no necesitan el combustible, en el desierto hace calor.

Escenas

Vuelvo a estar frente a esas puertas, incluso el vidrio que rompí o mejor dicho su reemplazo sigue allí. El problema es que encuentro una pared en donde antes había una entrada, por suerte siempre hay una puerta lateral.

Suerte de panóptico éste, de la biblioteca a la administración para ver quién pasa y enfrente la dirección. Todo el pasillo está a oscuras, del salón de cuarto año surge un sonido; un estudiante solitario golpea con sus manos el pupitre.

A mi izquierda escuchó sonar una canción, los de quinto se despiden de ese lugar y entonan:

“Llega el cardumen de Ezequiel, 
llegó el cardumen.
Vengan todos y pongan la oreja
que llega el cardumen del loco Ezequiel.”

A la derecha se abre el gimnasio, ahí es donde los uniformes homogeneízan tanta diversidad. Aún la corbata me ha dejado la marca de tanto nudo improvisado.

Detrás yace la cocina, solo falta que Omar salga y nos pegué el grito sorprendiéndonos en plena fuga. La vieja tapa de madera que recubre la bomba de agua emite una vibración, mientras me introduzco en el pasillo que conduce a la sala de informática.

Carmen está presente, revoloteando entre viejos discos de cinco un cuarto y monitores de fósforo. Alguien ha cerrado la Madre y todos los trabajos de la red se han perdido, los insultos cubren el aire.

Un paso hacia afuera, el aire de la fría mañana invernal me llena los pulmones mientras me dirijo al patio trasero pasando junto a las escaleras y el viejo kiosco.

El círculo de piedra aguarda en el centro a que contemplé un paisaje que ya no conozco.

Te amo

Te amo,
nada más que eso.
Cuan simple es decirlo
y cuan complejo lo que 
rodea éste sentimiento.

Esperaba todos los viernes
para verte volver por esa ruta,
la que ahora nos separa cada mañana
y te trae de regreso por la tarde.

Amo tu calidez en las mañanas,
la forma en la que haces todo tan simple
y la manera en la que tus brazos
me contienen, a mí que soy una bestia
cuando me lo propongo.

Te amo
e incluso las palabras no alcanzan
para expresarlo,
yendo bajo el mismo sol
con la marea golpeando nuestros
pies y el mar guardando las huellas.

Te amo.

Escapando de la mazmorra

Mi celda se abrió tras el chasquido metálico que ya había sentido antes y nuevamente recuperé mi espada. 

Un blasón oxidado colgaba de una pared, la imagen del cuervo en la tempestad yacía borrosa.

El viejo guardia huyó ante mi presencia, cuesta arriba comencé mi lucha por la libertad y uno a uno mis enemigos fueron cayendo a los abismos que se encontraban debajo de las mazmorras.

Me encontré con un enorme oponente lento de movimientos, al que el yelmo le dificultaba la visión y de una zancadilla rodó cuesta abajo, arrastrando a los refuerzos.

Las trampas de fuego casi  me detienen esta vez, pero logré sortearlas y me dirigí presuroso a rescatar a mi amada.

Casi terminó siendo víctima de los conjuros del hechicero negro, pero recordé nuestro último encuentro y como la muerte me había alcanzado. Parecía como si despertara de un largo sueño, encontrándome nuevamente en mi celda.

Sin embargo ese era mi día, escrito por los dioses de aquel reino desértico y finalmente mi acero encontró el cuerpo del brujo. Todo se sacudió a nuestro alrededor, mi enemigo desapareció en una nube de humo y besé los labios de mi amor.

Luego coloqué el viejo escudo en el muro detrás del trono, marcando mi nombre con la punta de la espada y esperando que alguien cumpliera de nuevo con mi hazaña.

sábado

Tres

Cuelga el estandarte,
un lobo persiguiendo a la luna
o llamándola extraviado.
Es un choque de aceros,
la espada una luz en la noche
como la bestia dormida
despertando para defender su hogar.
Tu martillo está a mi lado,
el fuego de Carrara
cubriéndonos la espalda,
somos un ejército colosal.
No habrá obstáculo
que nos haga cesar,
yendo como la marea
hacia las costas de plata
y reventando contra ese muro
de piedras que comienza a ceder
ante nuestro incesante martilleo.
Truenos y relámpagos,
golpes y avanzamos,
siendo uno solo
cuando trabajamos al unísono,
rompiendo las ataduras 
que no pueden detener 
nuestro andar por la vida.

Para Renzo y Jesús, sin quienes no sería posible caminar en la lluvia.

Torre

Como una prisión
se quedó con los mejores 
años que él vivió.
El hombre que surgió
de la torre tenia nostalgia
de las horas que pasaron
sentados en las escaleras.
Un niño quedó atrapado
en una celda del tiempo,
demasiadas cerraduras
de años y de saqueos
vaciando la torre, hasta
que sólo quedo el armazón
relleno de hipocresías
y de bajezas.
Una mueca burlona cubrió
su cara mientras veía correr
a los pequeños que le
recordaban a alguien,
un rostro de mujer que se
perdió en el pasado.
La torre estaba vacía,
vacía estaba ella
aunque parecía no importarle
mientras resaltaba sus logros,
disimulaba sus errores
y se levantaba la falda una vez más.

Epitafio

Viernes lluvioso y gris,
al final de la tormenta
ya no queda nada de ti.
Atrincherada en ese rincón
maquinando venganzas
contra los que se han negado
a dejarse usar o aquellos
que son mejores que tú
por intentar algo cada día.
Así están las cosas, cuando 
nos separamos no imaginé
que te llevarías una parte de mí.
Tanto que alguna vez ansié tu vuelta
y ahora desearía que nunca hubieras
existido, sólo para darme cuenta de
que eres esto que al fin muestras.

Trepador, trepadora

Como una enredadera evitó quedarse
en la tierra, dejando atrás a los suyos
allá abajo y trepó alto buscando
aferrar el brillo del sol.
Así y todo no pudo evitar secarse,
convertida en cenizas que cubrieron
los campos dando lugar a nueva vida.

En ese momento

Es en ese momento aciago
cuando recuerdas que todo se paga,
sintiendo una voz resonar
desde las entrañas
y recordándote que anoche
bebiste demasiado.
Es por ello que ahora
has de saldar la cuenta,
tiene vencimiento
y sólo acepta efectivo.
Mal de nuestra época,
estar tirado con la resaca
nocturna y sin un centavo.
El único que se atreve
de nuevo es alguien
que naufragó
y se negó a adaptarse
a las reglas de eso
llamado sociedad.

Ellos necesitaban sólo un dios
con esto era más que suficiente,
pero siempre había una oveja que
se desviaba del rebaño
y deambulaba en las sombras.
Necesitaba algo más,
un dios para velar los sueños,
otro cantando en la lluvia,
uno iracundo entre truenos y relámpagos,
aquel de allí escondido en el vino
a la espera de liberar las cadenas
que contenían los deseos.
Y así es como todo parecía obedecer
a una fuerza exterior, el peor de todos
ellos es el que me hizo amarte
atándome a ti aunque quisiera con
mi barca echarme otra vez al mar.
Sólo eso bastó.

En el cosmos

Es por eso que siempre me ha parecido 
como si formáramos parte de algo mucho
más grande que nuestras existencias,
de ahí que la idea de simplemente dejar de existir
no me parezca algo aterrador y aciago.
Todo forma parte del mismo conjunto,
la energía ha de volver a su lugar de origen
dejando el recipiente vacío que simplemente
desaparecerá, mientras ocupamos nuestro
lugar en el cosmos.

Un juego

¿Qué son diez años, qué son?
No más que un suspiro, un pestañeo
y unas cuantas canas.
Pero tú te las arreglaste para unirnos
de a poco, cuando viniste a éste mundo
una mañana nublada de noviembre.
Y aquí estamos
yendo tras ese balón que pica
entre las hojas del calendario,
perdiéndose en medio del parque
hasta que lo recoges y lo pones en juego.
Pues ha sido eso,
un juego pequeña Morena.

Emociones

Pensaba que la primavera duraba para siempre,
como todos esos encuentros casuales y besos
entre copas, pero un día se terminó.
Recuerdo el principio y el final,
la última vez que mis manos recorrieron tu cuerpo,
tus gestos moviéndote frenética sobre mí.
Todo lo demás lo he borrado,
tan solo quedan las emociones 
y la estela que se pierde en el mar del tiempo
confundida con el humo de tu cigarrillo.

Desde la costa

I) Mar.

Algunos ven realizadas
sus ansias de poder,
colocándose por encima
de los demás.
El océano sigue corriendo
aún por debajo de los pilotes
en los que ellos levantan
su egoísmo y vanidad.
Abajo, los sueños más humildes
son castillos frente a
la marea que amenaza
con derrumbarlos.
Pero aun así sólo representa
el paso por esta vida,
los poderosos no están conscientes
encumbrándose sobre deseos
de más, pero desatentos 
que al final el mar
barrera con ellos.

II) El viento y el mar.

Sur, ráfagas heladas vienen desde Reta 
llevándose la tormenta hacia otra parte.
El viento y el mar, heraldos del oasis atlante,
traen la canción de la nostalgia 
del pago que yace aguardando
a que sus hijos vuelvan.
Anoche matamos las penas con José,
el las del lejano México y yo las de mi alma
que estaba en la distancia, allá en Océano.
Y al final en éste anochecer dorado,
pura tequila, limón y sal para ahogar
el dolor que sentimos  de estar lejos de casa.
Ahora el viento trae de nuevo la tormenta
mientras el mar le ruge al mundo,
los dos nos unen con el lugar del que venimos
y que ha quedado guardado como una
canción en el corazón.

III) Más allá.

Se detuvo en la playa
depositándola suavemente
sobre la arena seca
justo al mediodía de esa mañana.
Ella dormía serenamente
acariciada por el viento,
mientras él se sentó
contemplado la inmensidad
del océano rompiendo una
ola tras otra sobre esa costa.
El cielo prolongaba esa inmensidad
ni una sola nube alteraba
la continuidad celeste,
debía existir algo más allá
o todo sería en vano.
Recordó la primera vez que la vio,
cuando ella sonrió solo para él
quemándolo en el alma
sabiendo que estaban destinados.
Ella se había ido esa mañana
pero parecía dormir,
él le dio un último beso,
la cargó suavemente
y se dirigió hacia el mar.

IV) Marea.

Como un océano 
la vida absorbe todo
lo que le arrojan 
y lo devuelve moldeado,
piedras por guijarros,
años de existencia.
Al llegar a la orilla produce
su marca, no importando cuan
grande el ser humano se crea.
Así es como cada uno de nuestros
actos se ve reflejado, alcanzándonos
tarde o temprano esa marea
llamada consecuencias.

V) Mar II.

Y me voy,
huyendo de todo
hasta que la costa se termina.
Entonces sólo queda el mar
atesorando los recuerdos,
no hay donde esconderse.
Él, que guarda todas las historias
de antaño, guardián de las cenizas
de los que se han ido,
le trae la calma a mi 
alma atormentada.

VI) Desde la costa.

He visto los retoños de las personas a las que amo
crecer bajo la luz del sol, que de un manotazo
borra la niebla que oculta aquella ciudad.
Incluso la más lejana parece disiparse
en la costa de aguas claras, más al oeste
pero no menos presente por ello.
Su calidez ha sido el fuego con el que me he
mantenido tibio todos estos años,
esperando a que la marea cambié
para poder iniciar mi peregrinación
hacia el lugar que nos unió por siempre.

Los días pasan,
el asedio continúa.
Parece ser que la señora
no se da por aludida,
invocando a sus fantoches
para que hablen por ella.
Ya la realidad no aguanta
ser manoseada por tanta corrupción,
el amanecer viene en un día de diciembre
en el que finalmente han de irse.
¿O será más de lo mismo?

Barajo,
todo empieza de nuevo.
Parece que en esta mano
tampoco tendré la suerte
que merezco.
Siento como que estoy en la
parte baja del reloj de arena,
a mi alrededor la escena cambia
pero yo sigo teniendo la misma sensación.
Caminando bajo la lluvia,
con el viento frío del este
golpeándome el rostro
y buscando que el sol salga finalmente.

Una pirueta, el grito de gol
surge de las gargantas como
si una horda de demonios fuera liberada.
Los abrazos, las camisetas que se funden,
vencedores y derrotados completan
el paisaje que la lluvia desdibuja.
Tanto festejo
por ese circo montado
desde que el dinero fue inventado.

Viajero

Ni aquí,
ni allá,
nunca dos veces
en el mismo lugar.
La nave deja una estela,
marcando el paso por cada puerto
de la costa que recorre.
No pertenecer a ningún sitio,
páramos, pantanos, pinos y viento
lo reciben mientras siente
la incertidumbre crecer,
no hay lugar al que llamar hogar.
Sólo la nave de una vela
cortando el mar,
avanzando de un extremo al otro
sin nada que lo retenga ahora.

De paso

Es una noche fría, observo el andén de la estación de ómnibus de San Bernardo del Tuyú. Es increíble como las personas tienden a ir y a venir en nuestras vidas. Recuerdo varios detalles de la adolescencia allá al sur de los Tres Arroyos.

Sin embargo hay rostros que no veo hace tiempo, los que espero actualizar algún día. Es como una foto que pasa de color a blanco y negro, tal vez por eso la memoria se vuelve selectiva conservando sólo ciertos momentos.

Una tarde del otoño, una sonrisa, una despedida, el baile de egresados, las terminales que pasan deprisa y henos aquí. Justo en donde la costa se curva hacia el interior de la provincia.

Un poco más de soga

Soto vino del otro lado del océano y ya no se fue de ese lugar en el que creció,
llegó en el cincuenta y cuatro en un viejo barco que tenía nombre de mujer.

El mismo nombre de la persona a la que amó y con la que tuvo a su única hija.

Con unos ahorros comenzaron un pequeño corralón de materiales, que luego tuvo una enorme ferretería delante de la antigua estructura.

Proveyó a su comercio de todo lo necesario, en la medida que los años pasaban y él se hacía más conocedor de eso que lo mantenía ocupado.

Cuando su esposa partió, el siguió al frente de ese local ocupándose de cada pequeño detalle
y manteniendo el musculo más importante constantemente ejercitado.

Una tarde su hija lo sorprendió  con la noticia de que iba a ser abuelo, así que ahí descubrió cuánta verdad había en lo que le dijo una vez a un cliente: “uno siempre necesita un poco más de soga”.

De nuevo en camino

Mañana será el día en el que dejemos
la paz de éste lugar para ir de nuevo
hacia esa costa crispada.
El tiempo se ha ido,
lento e implacable,
ya siento la vela hincharse
al recibir el aire del oeste
que nos empuja lejos de Océano.
Y de tus brazos,
el calor de tus caricias
en la mañana cuando sabíamos
que no había otra cosa que 
la burbuja en la que morábamos
lejos de todas esas cuestiones mundanas.