viernes

Libros (Pedro)

Ocultos bajo una pila de conocimiento cada tanto asoman a la luz del presente y ven las cosas pasar, para regresar una vez más a esa guarida llena de algo a lo que llaman libros.
Los de afuera vinieron un día de excursión y terminaron pegándose con las tapas duras, hasta que alguno rompió un libro dando lugar a la huida general.
La culpa la tuvo Pedro, tal vez por estar sordo y casi ciego para este mundo, aunque cuando se refugia en la biblioteca vuelve a la luz de sus épocas de niño. 

miércoles

Yendo en el tiempo

Yendo en el tiempo, 25 años atrás la computadora más cercana estaba a treinta kilómetros por un camino de tosca. Camino que se inundaba, se cortaba, era intransitable.

Para ir a la Secundaria había que viajar en colectivo todos los días, de lunes a viernes durante cinco años. Colectivo que entre otras cosas filtraba agua, filtraba tierra y las ventanas se abrían producto del traqueteo del camino. Es decir, actualmente es sencillo viajar de Reta a Copetonas pero 25 años atrás no. 

No había teléfonos celulares, sí públicos y algunas casas particulares empezaban a tener teléfono propio. Internet no existía y obviamente este tipo de dispositivos, léase celulares, tampoco. 
Así que ahora lo que hay son más elementos para estar comunicados, no conectados. Tal vez esa es la diferencia con las generaciones más jóvenes, comunicados no conectados.


Reta ha crecido

Reta ha crecido, 25 años atrás había otros rostros, otras calles y otros lugares. Eventualmente algunos de esos rostros ya no están y en su caso, aquellos que  éramos pequeños ahora somos grandes. 
El tiempo.

Pero más allá de ello y de ciertos adelantos el espíritu del pueblo parece indomable, siempre está. Uno puede volver en cualquier momento del año y reencontrarse con la paz.

Es principalmente el recurso central de este lugar, paz y esto podría aplicarse a otros tantos lugares. Copetonas, Oriente, Marisol, Claromeco. 
Paz.



martes

Luigi (Fe)

Es una tarde noche húmeda en la ciudad, apenas un pequeño grupo de personas se agolpa alrededor de un escenario improvisado con tres oradores y un montón de esperanzas. Una de esas almas es la de un sacerdote, cosa extraña dado que nunca me he acercado demasiado y para colmo la fe es algo más que un monumento que se eleva hacia lo alto.
Pero no estamos ahí ninguno de los dos por eso o tal vez sí pero nunca se me ha dado por indagar demasiado en estas cuestiones, aparte parecemos unos locos mientras el resto del mundo nos pasa con cara de "otra vez una manifestación".
Es que lamentablemente el centro de esa ciudad balnearia refleja ciertas maravillas pero esconde ahí donde las luces son más tenues un montón de pobreza. Y en esa época nos íbamos en bicicleta tomando la continuación de la Avenida Independencia hasta un barrio sumamente humilde para hacer apoyo escolar (lo irónico es que en la parte alta había una cancha de golf, la miseria siempre abajo).
En fin, estábamos ahí unos cuantos mientras otros tantos nos veían indiferentes, el viejo cura empezó a hablar cuando le dieron la palabra y yo le creí algunas cosas, uno busca algo en que creer pero luego se termina desilusionando. Cosas de la historia y la vida cívica argentina, no soy ni seré el primero al que le hicieron el cuento.
El acto fue breve, había mucha niebla y la civilización trataba de esconderse para que no viéramos sus puntos flacos, ahí en donde las palabras se quedan en la nada y la miseria te aprieta la panza. 
Me quedé con la imagen de un anciano tratando de transmitir un poco de la fe que yo ya no tenía, a veces cuando arrancaba temprano a laburar me encontraba con él hablando temprano por la televisión. El mundo dormía afuera pero él se encontraba lucido y siempre manteniendo la misma cadencia. 
Y un día simplemente desperté con la noticia de que había partido, de que irremediablemente el tiempo nos pasa a todos yendo a ocupar el mismo lugar que supo ocupar antes esa persona, pero sin la misma fe. Tal vez un camino de desesperación esperando un milagro que requiere como fuente una inmensa fe, algo que no poseo.
  

viernes

Amándote (10 años en Blogger)

He aprendido otras formas intentando no mancillarte con cada trazo sobre el papel, trasladado luego a estos ámbitos y revisando demasiadas veces el camino recorrido.

Te amo desde el primer día antes de que siquiera supiera que esto es parte de mí, levantando éste enorme castillo frente a tantas violaciones a nuestro lenguaje e intentando ser fiel a las enseñanzas de los que estaban en el mismo camino.

No puedo definirme como un escritor, sería faltarle el respeto a tanto exponente del género pero la locura por las letra nos vuelve hermanos. Lejanos, pero hermanos al fin.

Y es por eso que en estos 10 años de estar aquí, aunque son más que sólo una década, he ido puliendo el método y dejándome llevar por la correntada buscando otras aguas, otras costas en las que nutrir un saber que se me antoja infinito.

Desde Julio y Jules hasta Angélica, pasando por el excelso Kraspo, Valerio, Louise Cooper, J.R.R. y tanto genio que ilumina el camino, el mismo que recorremos cada mañana de norte a sur para hacer esa puesta en escena de la otra "cosa" que amo tanto como escribir.

Salud.




      

martes

Roxette


En tu rostro pétreo es en donde traes la primavera, escondiendo detrás de los tintes las fatigas de cumplir dos roles juntos y aspirando el aire marino en tanto la sal te corta las comisuras, la lluvia no llega a esas zonas muy seguido o culmina en una nueva frustración.

Pero nada que todos esos cambios en la forma en la que te muestras al mundo no puedan esconder, si nada está bien mejor esconderlo detrás de una sonrisa en tanto empujas a tu tesoro hacia lo desconocido esperando en la costa el regreso de esa excursión.

Puede ser que un barco atraque en tu puerto pero enseguida se lanza a la mar una vez más, dejándote abandonada mientras ves al sol escurrirse atrás de los médanos.

Empero al otro día tendrás lista la armadura con la que salir a escena.

Océano


Ruge viejo trovador, que este mundo sigue sordo y ocupado vaya uno a 
saber en qué. Pero tú les recuerdas que aún sigues ahí pese a 
la negación de tu existencia entre tanta cosa material, 
a la larga todos te verán volver a reclamar la memoria de 
los tiempos perdidos y besar los pies de quien todavía 
se acerca a tus orillas.

Sonidos de Reta


Reta durante el verano, esa especie de metáfora que supone
asociar la paz a simplemente el hecho de no estar corriendo
detrás de la rutina como un fundamentalista.
Los momentos en los cuales el fuego limpia el metal,
la noche se siente fría pero en calma aunque a lo lejos
suene la guitarra anunciando lo inminente del concierto
y el día al despuntar termine lavando las heridas
de ese bodrio llamado hastío por andar repitiendo
durante el resto del año los mismos hábitos.

Onagros

Ay Flavio, ay, desearía que tu estancia en los Campos Elíseos sea interrumpida un momento para detener a la masa bárbara que hoy asola nuestro tiempo, pese a que cada tanto nuestros onagros arrojan un poco de luz sobre esa inmensa oscuridad que se llama ignorancia.

De este lado de la orilla aún encontramos algún alma que nos ayuda en la tarea de que esto llamado cultura no se pierda entre las deformaciones de las letras y los neologismos, pero muchas veces son más las frustraciones que los momentos de esperanza.

Una runa de los magiares traída a esta época, un poco de trabajo que muestra esfuerzo individual, oasis en el enorme desierto por el que vemos a los del interés superior mofarse de los intentos de aquellos que parecemos una distopía en su universo de instantes.

Pero aquí estamos mi buen Flavio, no todo está perdido.

sábado

La negociación (por HammerHand)


El embajador llegó en un carro blanco y dorado, tirado por finos corceles. Se bajó apurado, con aires de superioridad y la nariz fruncida. Quería irse rápido, no soportaba a estos bárbaros.

Su olor lo ofendía
amaba el perfume 
y la seda  fina.
También las intrigas.
Miró el campamento, 
allí improvisado 
para la reunión.
Había mucho cuero,
la verde hierva
(qué era tan vulgar)
y nardos salvajes,
por todo el lugar.

El taurino esperaba
sentado en el suelo
mascando una brizna
de trigo tierno.
Estaba distraído,
miraba hacia el cielo.

El embajador 
sólo pensó esto,
va a ser bien rápido, 
demandar, demandar. 
Que sólo estos brutos 
van a aceptar.

Después de todo 
él era tan magnífico, 
gran orador 
y nieto del hijo
del tercer sucesor
del emperador.

Llamó la atención,
habló y demandó,
pidió y exigió
agitando su índice.
Bla, bla, bla, bla
y por un momento
se emborrachó.
Embelesado
por su propia voz.
Tan maravilloso
exigió y pidió
a todos deslumbró.
Y satisfecho de sí
aún más se amó.

Pensó en la gloria
aplausos y faldas
qué tan alto ser,
una vez en su casa,
iba a merecer.
Sería famoso,
aclamado,
exitoso.
Le darían honor,
de nobles favor
y también carne
sin sujetador.

El taurino se levantó despacio, un poco fastidiado se rascó la cabeza y suspiró. Casi sin querer lo aplastó con su mazo. El embajador solo hizo un suave "plaf", entonces el taurino habló:

"La guerra es mejor".

Después despachurró a los escoltas del dignatario acartonado y se fue silbando.

El invierno no se va

Ocho grados hoy, otros tantos ayer, sumados al viento y la lluvia que se desataron sobre el pueblo de Juan Galo y dificultaron el tránsito h...