Cortado el boleto los tres se dirigieron al interior de aquel mundo viejo que le sabía nuevo al más pequeño, estando un poco inquieto hasta que las luces se apagaron y la música comenzó. Ahí pidió pasar de mamá a papá, aunque esto durase apenas un instante dado que la persona en la butaca de adelante le tapaba la visión. Fue así que se quedó observando las luces que heredaron a las sombras, viendo que su padre se comía los pochoclos ante el desinterés de mamá. El primero en salir fue un payaso que no tardaría en volver a saltar a escena, llevando a cabo un acto repetido pero que para él era nuevo como mucho de lo que aprendía sin saber, desde que dejó de gatear dándole un dolor de cabeza a más de uno en su camino. Lo siguientes fueron los malabaristas que hicieron danzar a los aros de colores recibiendo diversos aplausos, notando que algunas personas volvían con panchos y papas fritas que para Augusto no tenían nombre pero sí un olor particular. No hacía nada que le permitían probar la comida con sus propias manos, siendo que dejarle el plato de plástico derivaba siempre en aquel aterrizando de emergencia y tiñendo de naranja los azulejos. Su madre se tomaría la cabeza, gesto que aprendió a repetir igual que las rutinas de aquellos artistas itinerantes.
Blog del autor ítalo argentino, Piero Fiori. Esta obra está licenciada bajo la Licencia Creative Commons Atribución 2.5 Argentina conforme se describe en la página intitulada "Creative Commons".
lunes
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)
Notas a Galo (original)
Comencé armando ciertas notas entre viaje y viaje dado que las horas de espera me daban el tiempo necesario para ello, considerando los sese...
-
El arroyo atravesaba el bosque y los rayos del sol, que lograban filtrarse entre los ancestros de los árboles que poblaban la tierra, ac...
-
27/11/18, 15:13 hs., La Plata Nuevamente en la Ciudad de las Diagonales, el vuelo 30 de Aeroméxico aterrizó a eso de las 22:20 hs. de...
No hay comentarios.:
Publicar un comentario