Esperando la partida, las piezas se ven pixeladas
en estos laberintos infinitos
que encierran más de una trampa
y un acertijo puerta tras puerta,
las llaves resplandecen en la oscuridad,
rojas, azules y doradas, esperando
llegar al final de esta pesadilla en la que nos vemos inmersos.
Un castigo por jugar demasiado,
otro por permanecer aquí,
al final no todos los secretos son revelados
y esas bestias me resultan tan familiares.
Viéndolo todo desde atrás de una mira,
la desesperación nos atrapa cuando el contador llega a cero
cual enjambre que se viene sobre nosotros
pero aún tenemos algo más bajo la manga
y ese as de picas se revelará al fin
mientras una atmosfera roja queda a nuestro paso.
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