Eneas ha llegado
Eneas ha desembarcado en una tierra
extraña, con la añoranza de la vieja Ilión y sus muros derrumbándose entre las
llamas, la sangre de sus hermanos y los invasores devastando hasta los
recuerdos.
Carga con el peso de los propios y
a su padre ya anciano que murmura sobre tiempos de felicidad en tanto las naves
pasaban sin detenerse a tratar de derrumbar las murallas eternas.
Las barcas se destruyen ya que no
hay vuelta atrás, sólo el camino nuevo al que el sol aún no ilumina.
Rómulo y Remo no han nacido
todavía, hace falta el descenso a los infiernos en busca de consejo viendo los
fantasmas del pasado así como a Teseo que aún sigue con vida, brindando con el
taciturno Hades.
La ciudad se alza, no sin batallas,
convirtiéndose en el faro eterno de la humanidad cuyas ruinas le hablarán del
pasado al presente que es futuro en ese momento.
La guerra regresa, las vejaciones y
es la hora de partir nuevamente ya que aquí sólo quedan restos de vida y
recuerdos rotos.
Cruzando el océano aguarda la patria nueva, portando en el corazón a aquella tricolor y allí, en un lugar lejano, Eneas desembarcará una vez más con el padre Gualterio portándolo de la mano.
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